REDACCIÓN
Comité cientíco Argentina: Lila Almirón (Universidad Nacional de Corrientes); Marce-
lo Cetkovich Bakmas (Universidad Favaloro); Jorge Nazar (Universidad
Nacional de Cuyo); Jorge Pellegrini (Universidad de La Punta); Lía Ricón
(Universidad de Buenos Aires); Sergio Rojtenberg (Instituto Universita-
rio de Salud Mental); Analía Ravenna (Universidad Nacional de Rosario);
Eduardo Rodríguez Echandía (Universidad Nacional de Cuyo); Alberto
Sassatelli (Universidad Nacional de Córdoba); Carlos Solomonoff (Con-
sultor independiente); Manuel Suárez Richards (Universidad Nacional de
La Plata); Miguel Ángel Vera (Universidad Nacional del Comahue); Hugo
Vezzetti (Universidad de Buenos Aires).Bélgica: Julien Mendlewicz
(Universidad Libre de Bruselas). Brasil: Joao Mari (Consultor indepen-
diente); Colombia: Rodrigo Noel Córdoba (Universidad del Rosario).
Chile: Andrés Heerlein (Universidad del Desarrollo); Fernando Lolas
Stepke (Universidad de Chile). España: Rafael Huertas (Consejo Supe-
rior de Investigaciones Cientícas); Valentín Baremblit (Centre d’aten-
ció, docència i investigació en Salut Mental). Francia: Thierry Tremine
(Consultor independiente); Bernard Odier (Fédération Francaise de
Psychiatrie). Italia: Franco Rotelli (Centro de Estudios e Investigación
sobre Salud Mental). México: Sergio Villaseñor Bayardo (Universidad
de Guadalajara). Perú: Renato Alarcón (Universidad Cayetano Heredia).
Reino Unido: Germán Berrios (Universidad de Cambridge). Suecia:
Lenal Jacobsson (Umeå University). Suiza: Nelson Feldman (Hospital
Juan Carlos Stagnaro (Universidad de Buenos Aires).
Santiago Levín (Universidad de Buenos Aires).
Martín Nemirovsky (Proyecto Suma).
Daniel Matusevich (Hospital Italiano de Bs. As.).
América Latina: Cora Luguercho (Asociación de Psiquiatras Argentinos,
Argentina).
Europa: Dominique Wintrebert (Asociación Mundial de Psicoanálisis,
Francia), Martín Reca (Association Psychanalitique de France, Francia),
Eduardo Mahieu (Cercle d’etudes psychiatriques Henri Ey, Francia),
Federico Ossola (Hôpital Psychiatrique Paul Guiraud, Francia).
EE. UU. y Canadá: Daniel Vigo. (University of British Columbia, Canadá).
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Vertex Revista Argentina de Psiquiatría. (2024). 35(165): 6-97. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, es una publicación de Polemos SA. Los artículos
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REDACCIÓN
Martín Agrest (Proyecto Suma), Norberto Aldo Conti (Hospital “José T.
Borda”), Juan Costa (Hospital de Niños "R. Gutiérrez"), Natalia Fuertes
(Hospital Italiano de Buenos Aires), Gabriela S. Jufe (Consultor indepen-
diente), Eduardo Leiderman (Universidad de Palermo), Alexis Mussa
(Consultor independiente), Esteban Toro Martínez (Cuerpo Médico
Forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación), Fabián Triskier
(PAMI e INECO), Ernesto Walhberg (Consultor independiente), Silvia
Wikinski (CONICET, Universidad de Buenos Aires).
Consejo de redacción
Comité de redacción Secretario: Martín Nemirovsky (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina).
Daniel Abadi (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina); Adriana Bula-
cia (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Julián Bustin (Universidad
Favaloro, Argentina); José Capece (Consultor independiente, Argentina);
Pablo Coronel (Cuerpo Médico Forense, Argentina); Sebastián Cukier
(Consultor independiente, Argentina); Irene Elenitza (Consultora in-
dependiente, Argentina); Laura Fainstein (Hospital “C. G. Durand”, Ar-
gentina); Aníbal Goldchluk (Consultor independiente, Argentina); Ser-
gio Halsband (Asociación de Psiquiatras Argentinos, Argentina); Luis
Herbst (Consultor independiente, Argentina); Edith Labos (Universidad
de Buenos Aires, Argentina); Elena Levy Yeyati (Asociación Mundial de
Psicoanálisis, Francia); Silvina Mazaira (Hospital “T. de Alvear, Argentina);
Mariana Moreno (Consultor independiente, Argentina); Mariano Motu-
ca (Universidad Nacional de Cuyo, Argentina); Nicolás Oliva (Cuerpo
Médico Forense, Argentina); Federico Pavlovsky (Dispositivo Pavlovsky,
Argentina); Ramiro Pérez Martín (Fuero de Responsabilidad Penal Ju-
venil, Argentina); Eduardo Ruffa (Consultor independiente, Argentina);
Diana Zalzman (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Judith Szulik
(Universidad de Tres de Febrero, Argentina); Juan Tenconi (Universidad
de Buenos Aires, Argentina).
México: María Dolores Ruelas Rangel (Grupo Latinoamericano de
Estudios Transculturales). Colombia: Jairo González (School of Medicine
and Health Sciences, Universidad del Rosario). Venezuela: Miguel Ángel
De Lima Salas (Universidad Central de Venezuela). Francia: Eduardo
Mahieu (Cercle Henri Ey). Reino Unido: Catalina Bronstein (British
Psychoanalytic Association).
Corresponsales
Universitario de Ginebra). Uruguay: Humberto Casarotti (Universidad
Católica); Álvaro Lista (MacGill University). Venezuela: Carlos Rojas
Malpica (Universidad de Carabobo).
Comité cientíco
EDITORIAL
En los relevamientos sobre personas en situación de calle del Gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires, según los informes ociales publicados por la
Dirección General de Estadísticas y Censos del Ministerio de Hacienda y
Finanzas, y, en el último periodo, por el Ministerio de Desarrollo Humano
y Hábitat, las cifras vienen creciendo sostenidamente a través del tiempo.
En mayo de 2021 se contaron 2.573 personas en esa condición; en abril de
2022, 2.611; en abril de 2023, 3.511 y, en el mismo mes de 2024, 4.009. Es
decir, un aumento del 14 % sin computar los últimos seis meses en los que
las cifras de pobreza e indigencia han crecido sensiblemente.
Por su parte, más de cincuenta organizaciones de la sociedad civil –entre
las que se encuentran el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la
Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y Proyecto 7 (organi-
zación integrada por personas en situación de calle)– y el Ministerio Pú-
blico de la Defensa de la Ciudad, practicaron, en diversas oportunidades,
estudios denominados Relevamiento Nacional de Personas en Situación
de Calle (ReNaCalle), y estos censos populares arrojaron cifras mucho
mayores debido a la metodología del relevamiento censal realizado por el
Gobierno porteño que ellos critican fundadamente.
En dichos censos populares se parte de la base de que la gente que vive en
la calle no está en un punto jo sino que se va moviendo porque a veces
los expulsan del lugar o consiguen un lugar más seguro o abrigado. Los
trabajadores sociales del ReNaCalle calculan el número de personas en
situación de calle mediante encuesta personal con presentación del DNI y,
a ello, le adicionan las personas que no presentan su documento personal
o están durmiendo en el momento del conteo y a los alojados en Centros
de Inclusión Social. Los censistas realizan un día de sensibilización de la
zona y el relevamiento se hace en varios días, teniendo en cuenta diversas
variables para que los datos no se dupliquen. Por ello sostienen que sus
cifras son más acordes con la realidad social considerada, llegando a regis-
trar más del doble de personas en situación de calle que la obtenida por
el conteo ocular del gobierno de la CABA. Como ejemplo: en diciembre
de 2023 (último dato disponible) había, según el ReNaPer, 8.028 personas
en situación de calle en el distrito porteño.
En un artículo recientemente publicado en nuestras páginas que exploró la
relación entre “Salud mental y vulnerabilidad social: el caso de las mujeres
que viven en la calle en Buenos Aires”, (Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024).
35(163):18-31), su autor, Andrés Rousseaux, concluye que los avatares de
dicha vivencia y los fracasos que, por diversos obstáculos culturales y so-
ciales, enfrentan estas personas para encontrar trabajo, proveer así a su
sustento y conseguir un alojamiento adecuado, “generan situaciones de
frustración que dado el contexto de vulnerabilidad en el que se encuen-
tran pueden llevar a las consultas en salud mental”. Es decir, que la pobreza
extrema y la exclusión social que esta provoca, son causas precipitantes
de descompensaciones psiquiátricas, particularmente cuadros de ansiedad
y depresión, por la suma de factores estresógenos psicofísicos que las
mismas comportan.
Estas situaciones vitales extremas, en sí mismas inaceptables, son la “punta
del iceberg” de la dramática situación que atraviesan miles de otros ciuda-
danos sumidos en la indigencia y la pobreza como lo ponen en evidencia
otras estadísticas, como la recientemente conocida de UNICEF y de otros
organismos, ya sean ociales o privados.
A esa demanda de sufrimiento psíquico provocado por el contexto social
y económico se le suman las carencias en la asistencia sanitaria –servicios
de salud mental desbordados, profesionales agotados y presupuestos in-
sucientes, etc.– en un contexto de falta de respuesta e insensibilidad de
los estamentos políticos para atenderlos y resolverlos.
Como en otros momentos de crisis, no podemos como profesionales de
la salud dejar de denunciar esa desastrosa situación de injusticia y recla-
mar con el mayor énfasis las soluciones inmediatas que las remedien.
EDITORIAL
Juan Carlos Stagnaro
ÍNDICE
6
16
Editorial
Artículos
Causas de abandono de un tratamiento ambulatorio intensivo por trastorno por
uso de sustancias. Perspectiva hacia el diseño de programas. Gustavo Irazoqui, Rafael
Groisman, Isis Gruccos, Juana Brady, Carola Cassinelli, Ximena Cerviño, Luciana García,
Federico Pavlovsky
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo basado en
terapia dialéctico conductual. Camila Cremades, Micaela Melone, Melina Bellotti, Martina
Boscolo, Andrés Luciano Rivas, Julián Neumann, Luis Lublinsky, Demián Rodante
Alta frecuencia de vulnerabilidad psicológica de población transgénero consultante a un
hospital público de la Ciudad de Buenos Aires. Cecilia Calvar, Florencia Kuspiel, Julieta
Arbitman, Adriana Kouos, Silvina González, Marcelo Karasik
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes. Guillermo Aizcorbe,
Mario Nicolás Gallo
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia
animales. Nicolás Álvarez-Merlano, Rocío González-Navarro, José Tapia-Arroyo
Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos
actuales. Juan Ollari, Waleska Berrios, Romina Blanco, Natalia Ciua, Liliana Patricia
Colli, Florencia Deschle, María Cecilia Fernández, Valeria Rubiño, Edith Labos
Trastorno por décit de atención/hiperactividad: persistencia en la adultez. Salvador
Pérez-Hernández, Ignacio Uriel Macias-Paz, Alejandro Cruz-Rosas
Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la encefalopatía traumática
crónica: una revisión narrativa. María Julieta Russo, Fernando Salvat, Ricardo F. Allegri,
Gustavo E. Sevlever
El rescate y la memoria
La indagación de Constantino von Economo sobre las bases neuroanatómicas de la
inteligencia humana. Lazaros C. Triarhou
Lecturas
Lectura de los primeros escritos de Lacan sobre psicosis. Elena Levy Yeyati. Juan Carlos
Stagnaro
25
33
42
51
67
74
96
85
3
Investigación original
6
Resumen
Introducción: Las razones por las cuales los pacientes abandonan un tratamiento para adicciones son poco estu-
diadas. Materiales y métodos: Mediante un análisis cuanti-cualitativo se evaluaron los datos de 55 pacientes que
interrumpieron una propuesta ambulatoria intensiva entre junio del 2019 y noviembre del 2021 y sus respuestas
a un cuestionario. Resultados: La tasa de abandono fue del 29,2%, con una mediana [IC del 95%] de 113 días [47-
255]. Del total, 40 respondieron el cuestionario, el 12,5% informó un aumento en el consumo y el 75% estaba
bajo tratamiento de salud mental. El principal motivo de abandono fue personal, relacionado a ambivalencias y la
percepción de no tener un problema. Las razones asociadas al enfoque del programa incluyeron la abstinencia
global y la terapia grupal. Conclusiones: Las estrategias en la admisión, la diversicación de propuestas y la inclusión
de terapia vincular podrían mejorar la ecacia de los programas ambulatorios para adicciones.
Palabras clave: interrupción del tratamiento, adicción, dispositivos ambulatorios, motivos, estrategias de
intervención, atención centrada en el paciente
Abstract
Introduction: There are scarce studies about why patients dropout addiction treatments. Methods: A mixed analysis
about data from 55 patients who discontinued an intensive outpatient approach between June 2019 and November
2021 and their responses to a questionnaire were evaluated. Results: The dropout rate was 29.2%, with a median
[95% CI] of 113 days [47-255]. Of the total, 40/55 responded to the questionnaire, 12.5% reported an increase in
use and 75% were under mental health treatment. The main reason for dropout was personal, related to ambivalence
and the perception of not having a problem. Reasons associated with the program approach included global abstinence
and group therapy. Conclusions: Admission strategies, diversication of proposals and inclusion of bond therapy could
improve the effectiveness of outpatient addiction programs.
Keywords: dropout, addiction, outpatient treatments, treatment strategies, patient centered care
Causas de abandono de un tratamiento ambulatorio intensivo por
trastorno por uso de sustancias. Perspectiva hacia el diseño de
programas
Dropout Reasons in an Intensive Outpatient Treatment for Substance Use Disorders. Reec-
tions on New Treatment Designs
Gustavo Irazoqui1, Rafael Groisman2, Isis Gruccos3, Juana Brady3, Carola Cassinelli3,
Ximena Cerviño3, Luciana García4, Federico Pavlovsky5
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 6-15. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.655
RECIBIDO 29/1/2024 - ACEPTADO 10/5/2024
1.Magíster en terapia cognitivo conductual de las adicciones, Psicoterapeuta del Dispositivo Pavlovsky, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina,
ORCID 0000-0002-5519-2842
2.Magíster en Psiconeurofarmacología, Psiquiatra del Dispositivo Pavlovsky, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, ORCID 0000-0002-5840-2358
3.Licenciada en Psicología, Psicoterapeuta del Dispositivo Pavlovsky, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, ORCID 0009-0007-4292-0584
4.Doctora en Medicina, Asesora cientíca, Instituto Multidisciplinario de Investigaciones en Patologías Pediátricas (IMIPP)-Consejo Nacional de Inves-
tigaciones Cientícas y Técnicas, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, ORCID 0000-0001-9837-2934
5.Magister en Prevención y Tratamiento de conductas adictivas, Médico Psiquiatra y Legista, director del Dispositivo Pavlovsky, Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, Argentina, ORCID 0000-0003-1928-2581.
Autor correspondiente:
Gustavo Irazoqui
irazoquigustavo@gmail.com
Institución en la que se realizó la investigación: Dispositivo Pavlovsky, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.655
7
Causas de abandono de un tratamiento ambulatorio intensivo por trastorno por uso de sustancias...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 6-15.
Introducción
Los trastornos por uso de sustancias (TUS) confor-
man entidades con alta morbimortalidad y en aumen-
to. Su prevalencia a nivel global es del 2% de acuerdo
a la Ocina de Naciones Unidas contra la Droga y el
Delito (UNODC) y en Argentina representa el tercer
motivo de consulta en salud mental, con una tasa de
mortalidad de 280,4 por cien mil habitantes en el 2019
(United Nations Oce on Drugs and Crime [UNO-
DC], 2020; Cia et al., 2018; Observatorio Argentino de
Drogas [OAD], 2019). Al igual que otras condiciones
crónicas, afectan a quienes padecen estos trastornos y
su entorno (familiares, ámbitos laborales y académi-
cos, etc.); generando pérdida de productividad y daño
a terceros (Peacock et al., 2018). Parte del crecimiento
de los TUS se debe a los obstáculos en la accesibilidad
y sustentabilidad de los tratamientos, por ende, los in-
dividuos no logran obtener o sostener su sobriedad, y
muchos pierden herramientas terapéuticas adquiridas
(Cia et al., 2018; Melemis, 2023).
En las últimas décadas, han aumentado las pro-
puestas ambulatorias menos disruptivas (Tran et al.,
2021). Particularmente, la modalidad de tratamientos
ambulatorios intensivos (TAI) emerge como un pro-
grama de abordaje intermedio entre la hospitalización
y el tratamiento ambulatorio clásico, incluyendo se-
siones de régimen semanal de, al menos, tres horas
de duración de acuerdo a la Administración de Salud
Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA) (Substan-
ce Abuse and Mental Health Services Administration
[SAMHSA], 2006). En estos ámbitos la adherencia es
uno de los parámetros que traduce la efectividad del
programa (Veach et al., 2000; Chan et al., 2020; Barber
et al., 2006). Sin embargo, las decisiones del abando-
no del tratamiento no suelen ser comunicadas por los
pacientes y por lo tanto son escasamente exploradas
(Yang et al., 2018).
Las investigaciones de adherencia a los TAI se han
centrado en la búsqueda de características del pacien-
te como posible hipótesis explicativa, sin mucho éxito
(Lappan et al., 2019; Gottlieb et al., 2022). Sin embar-
go, la escasa evidencia sobre diseños de programas in-
dicaría que las características de los mismos y las acti-
tudes de los proveedores son claves en la implicación
y motivación del paciente con TUS para la aceptación
de los tratamientos psicoterapéuticos y para mante-
nerse en ellos (Sanchez et al., 2011; Roos y Werbart,
2013). Además, si bien los TAI son recomendables al
ser menos disruptivos y menos costosos para el sis-
tema de salud, deben adecuarse a la severidad de la
adicción y a las necesidades del paciente. Esto implica
el diseño de tratamientos que asuman el reto constan-
te de, no sólo nanciar los programas, sino también
los progresos tendientes a mejorar la adherencia y
efectividad de la propuesta, la calidad de atención y
satisfacción de los pacientes, así como la capacitación
y autoecacia en la tarea de los profesionales involu-
crados (Samartzis y Talias, 2019; van der Stel, 2015).
Las características mencionadas en los TAI jus-
tican la importancia de estudiar los motivos de los
abandonos y posibles estrategias que permitan dismi-
nuirlos desde una perspectiva de salud pública. En el
presente estudio nos propusimos, mediante la reali-
zación de un cuestionario semi-abierto y la revisión
de datos de historias clínicas, estudiar la población de
pacientes que interrumpen el tratamiento en una pro-
puesta de TAI con el objetivo de identicar si existen
motivos relacionados al programa o motivos persona-
les del abandono. Además, se analizaron característi-
cas particulares, estado de consumo y la continuación
de la atención de los pacientes luego de la interrup-
ción del tratamiento.
Métodos
Participantes
Este estudio se valió de una metodología mixta en el
marco de un estudio de tipo exploratorio-descriptivo
en el que se realizó un relevamiento mediante un cues-
tionario a una población de 55 pacientes que formaron
parte en forma presencial u on-line del TAI de un dis-
positivo ambulatorio privado en la Ciudad de Buenos
Aires, Argentina e interrumpieron el tratamiento.
El análisis de los datos del estudio se realizó con-
forme a las buenas prácticas clínicas y las regulaciones
locales. Todos los participantes dieron su consenti-
miento escrito para el uso de datos y la publicación de
información para este artículo.
Instrumentos
Los datos corresponden a la información de la historia
clínica de pacientes que cursaron tratamiento dentro
del programa TAI entre junio de 2019 a noviembre de
2021 y luego interrumpieron. En base a esta población
se consignaron datos demográcos, y antecedentes per-
sonales o familiares relevantes para el tratamiento del
consumo.
Dichos pacientes fueron invitados, luego de cum-
plido un mes de la interrupción del tratamiento, a res-
ponder un cuestionario auto administrado on-line, el
cual incluía preguntas abiertas donde podían relatar
su percepción del hecho.
8
Causas de abandono de un tratamiento ambulatorio intensivo por trastorno por uso de sustancias...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 6-15.
La encuesta tuvo formato semiestructurado con las
siguientes preguntas:
1. ¿Cuál fue la causa de interrupción de tratamiento
en el dispositivo terapéutico ambulatorio e intensi-
vo?
2. ¿En el caso de abandono, cuál fue la causa predo-
minante del mismo?
A. Decisión del equipo (derivación, expulsión).
B. Decisión personal (no tener un problema de
adicción/ambivalencia sobre detener el consumo
de sustancias, excesiva carga horaria, sintió haber
cumplido su objetivo, autoderivación, conictos
con el equipo, condiciones del tratamiento, proble-
mas económicos).
C. Enfermedad/fallecimiento.
D. No contesta
3. ¿Podrías explicar con tus palabras la razón de tu
abandono y cómo transcurrieron los meses poste-
riores en relación a tu consumo de sustancias y tu
vida en general?
4. ¿Cómo calicarías el efecto del abandono del trata-
miento con tu consumo de sustancias?
5. ¿Actualmente estás realizando un tratamiento de
salud mental?
6. ¿En el caso que continúes en un tratamiento, de
qué tipo es este tratamiento?
Debido a que el periodo de estudio involucró los inicios
de la pandemia por COVID-19 los datos para el cálculo
de tasa de abandono fueron tomados luego de la mi-
gración de historias clínicas al formato digital, en los
periodos de agosto del 2020 e inicios de enero del 2021.
Procedimientos
La propuesta terapéutica consistió en un TAI imple-
mentado mediante un equipo de terapeutas y psiquia-
tras con especialización en TUS, dentro de un marco
preestablecido de sesiones individuales y grupales y
con una duración mínima de 12 meses (Berrio Cuar-
tas et al., 2021). Durante el transcurso del tratamiento
se implementaron evaluaciones periódicas del cum-
plimiento de objetivos terapéuticos (ver Tabla 1) para
evaluar su progreso. Algunos pacientes continúan por
períodos más largos en función de alcanzar el cumpli-
miento de objetivos.
La interrupción de tratamiento fue denida como
la discontinuidad de la asistencia a los espacios tera-
péuticos del TAI y cierre de la historia clínica, ya sea
luego de la comunicación expresa del deseo del pa-
ciente o por la comunicación de los familiares del mis-
mo. En un subgrupo de pacientes la discontinuidad
fue seguida de una derivación a prestadores externos
o a otros espacios terapéuticos dentro del dispositivo.
Tabla 1. Listado de objetivos del tratamiento según el
período de evaluación
A los 30 días
Asistencia a espacios terapéuticos.
Entrevista con toxicología.
Cumplir interconsultas clínicas o especialidades médicas
indicadas.
Desarrollar aspectos motivacionales.
Elaborar una lista de razones para no consumir.
Armar una agenda de actividades diarias.
Inicio en el uso de herramientas del protocolo de crisis.
A los 90 días
Asistencia a espacios terapéuticos.
Conformación de red.
Cumplimiento de esquema terapéutico.
Abstinencia/reducción del consumo.
Utilización del protocolo de crisis.
Identicación de situaciones de riesgo.
Diagnosticar la situación laboral/académica; proyectos
personales.
Necesidad de asistencia crítica, conocer su puntaje de
adherencia.
A los 180 días
Mostrar una buena adherencia a la propuesta.
Lectura activa de material psicoeducativo.
Estado de las relaciones familiares, derivación a terapia
familiar.
Abstinencia global de 90 días.
Interconsultas o estudios de comorbilidades completas.
Etapa de estado del cambio: contemplación, preparación
para la acción.
Situación laboral/académica; proyectos personales activa.
Relevamiento y tratamiento ante antecedentes de situacio-
nes traumáticas.
A los 360 días
Abstinencia.
Problemas médicos resueltos o tratados.
Reinserción laboral/académica.
Mejoría de problemática psicológica/psiquiátrica global.
Cambios personales positivos registrados por el equipo de
profesionales.
Cumplimiento de una agenda y armado de una rutina diaria.
Establecimiento de una opción de terapia para el manteni-
miento de paciente. (terapia individual, grupal no especica,
programa de 12 pasos, etc...).
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Causas de abandono de un tratamiento ambulatorio intensivo por trastorno por uso de sustancias...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 6-15.
Análisis de datos
Se utilizó estadística descriptiva para las característi-
cas de los individuos, y las respuestas a la encuesta.
Para examinar la distribución de las interrupciones en
el periodo se aplicó el método de Kaplan-Meier mien-
tras que para evaluar la signicación estadística de las
medianas de días de permanencia de los pacientes y
su respuesta de su estado actual del consumo se aplicó
la prueba de Kruskal-Wallis mediante el paquete esta-
dístico R (Versión 4.2.1,R Core Team, 2022) conside-
rando signicativa una p=0.05. Una segunda estrate-
gia metodológica consistió en un análisis cualitativo
de las respuestas, recurriendo a unidades de análisis y
agrupaciones temáticas emergentes.
Resultados
Características de la población
En el periodo evaluado 55 pacientes interrumpieron
prematuramente el tratamiento, las principales carac-
terísticas demográcas de los mismos se encuentran
especicadas en la Tabla 2.
La mayoría de los pacientes fueron hombres jóve-
nes, empleados, solteros, de alto nivel educativo y con
policonsumo de sustancias. La permanencia prome-
dio fue mayor a 3 meses en la propuesta. En cuanto
a otros datos, se consignaron variables como el ante-
cedente de algún familiar cercano con adicciones, el
haber realizado tratamiento de salud mental previa-
mente y la especicidad del mismo (ver Tabla 2).
En más de un tercio de los pacientes algún fami-
liar cercano (madre/padre, hermano/a y/o hijo/a)
presentaba antecedente de TUS, ya sea en un familiar
(n=12), en dos (n=4) o incluso tres o más (n=4). Cerca
de la mitad de pacientes había tenido al menos una
internación previa por adicciones (ver Tabla 2).
Distribución de frecuencias de la interrup-
ción del tratamiento
La tasa de abandono, tomada en los periodos de agosto
de 2020 e inicios de enero de 2021, donde hubo 42 aban-
donos y 144 pacientes que ingresaron, fue del 29.2%.
Cuando se evaluó la frecuencia de los abandonos,
el análisis mostró que el riesgo de abandono a los 112
días fue de un 51%, el tiempo al evento (abandono) en
días muestra el porcentaje de los abandonos en dife-
rentes periodos (ver Figura 1).
La agrupación de abandonos fue similar a las fases
de evaluación de objetivos terapéuticos (ver Tabla 1).
En los primeros 30 días un 28% abandonó la propuesta.
En ese periodo se solicitó a los pacientes que desarrolla-
ran aspectos motivacionales, una rutina, y la asistencia
a espacios terapéuticos. Para el periodo de los 90 días el
Tabla 2. Características demográcas de la población y
antecedentes de relevancia
Características demográcas
Edad en años, Mdn (IC del 95%) 37 (25-48)
Días de permanencia en el tratamiento,
Mdn (IC del 95%) 113 (47-255)
n %
Sexo
Hombre 44 80%
Mujer 11 20%
Consumo problemático
Alcohol 12 22%
Cocaína 7 13%
Cannabis 3 5%
Policonsumo 29 53%
Otros 4 7%
En relación de pareja
19 34.5%
No 36 65.5%
Actividad laboral en curso
43 78%
No 12 22%
Nivel de educación alcanzado
Secundario 23 42%
Terciario 4 7%
Universitario 28 51%
Antecedente familiar de adicciones
20 36.5%
No 35 63.5%
Antecedente de tratamientos de salud mental
Ningún tratamiento 8 14.5%
Tratamiento ambulatorio no especí-
co de adicciones 15 27%
Tratamiento ambulatorio especíco
de adicciones 7 13%
Internación previa por adicciones 25 45.5%
Las variables de edad y días en el tratamiento se presentan con su
mediana (Mdn) e intercuartilo (IC) 95% , mientras que el resto de ante-
cedentes se presentan en número absoluto (N) y relativo (%)
porcentaje de permanencia fue del 58% y los objetivos
atentaron al inicio de la abstinencia y/o la reducción de
consumo y a la identicación de situaciones de riesgo.
En forma similar cerca de los 180 días y a los 360 días
se visualiza una permanencia del 32% y del 9% respec-
tivamente. En estos periodos los objetivos fueron la
abstinencia global, el avance a otros estadios de cam-
bio (como el contemplativo), el armado de una red y de
planes de contingencia con efectividad.
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Causas de abandono de un tratamiento ambulatorio intensivo por trastorno por uso de sustancias...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 6-15.
Descripción de los datos relevados en el cues-
tionario
Del total de pacientes que interrumpieron la propues-
ta (n=55), 73% (n=40) completó el cuestionario vo-
luntariamente. El tiempo promedio transcurrido en-
tre la interrupción del tratamiento y la respuesta de la
encuesta tuvo una mediana de 2 meses, IC del 95%: [1
-4 meses]. La causa más frecuente reportada del cese
del tratamiento fue el abandono (ver Tabla 3).
Siete pacientes recibieron derivaciones a otras op-
ciones terapéuticas u otro programa dentro del mismo
dispositivo. Tres de estas derivaciones fueron parte de
la continuidad de cuidados de pacientes que manifes-
taban la necesidad de interrumpir la propuesta y no
por decisión del equipo; mientras que dos pacientes
Figura 1. Representación de la distribución de las inte-
rrupciones en el tratamiento a lo largo de los días en el
período relevado por método de Kaplan-Meier.
La línea continua representa el porcentaje de pacientes que permanecen
en la propuesta y las líneas punteadas los IC del 95%.
fueron derivados a un programa de bajo umbral den-
tro del dispositivo. La decisión de la interrupción, fue
de carácter personal en 35/40 (87,5%), sólo 3/40 (7,5%)
por decisión del equipo y 2 pacientes decidieron no
responder este punto. Un paciente discontinuó debido
a complicaciones gástricas severas de su enfermedad
(hepatopatía alcohólica) que requirió intervención qui-
rúrgica y larga recuperación postoperatoria.
Al indagar sobre las causas predominantes que
llevaron al paciente a la interrupción, se destacaron
la percepción del paciente de no tener un problema
de adicción y la ambivalencia con respecto a detener
el consumo, seguido por la percepción de haber ya
cumplido con su objetivo para el tratamiento, y el no
adherir a las características del tratamiento, solo 2/40
(5%) pacientes mencionaron dicultades económicas
(ver Figura 2).
Luego, se indagó sobre el patrón de consumo ac-
tual y la continuidad del paciente en algún ámbito de
tratamiento de salud mental luego de la interrupción
del tratamiento. Mientras que la mayoría reportó inte-
rrumpir o disminuir el consumo, un tercio no notó un
cambio en su conducta de consumo y un porcentaje
bajo (5/40 pacientes) reportó un aumento de consu-
N. B.: Reporte de causas de interrupción del tratamiento en pacientes que
respondieron el cuestionario (n=40) en frecuencia absoluta y relativa (%).
Tabla 3. Causas de interrupción del tratamiento
Causas de la interrupción Totales
Abandono 30 (75%)
Derivación 8 (20%)
Expulsión 1 (2.5%)
Enfermedad 1 (2.5%)
Figura 2. Reporte de causas predominantes en la decisión de abandono por parte del paciente
N. B.: Se representa el número de respuestas por opción (n=37).
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mo. No hubo diferencias signicativas en el tiempo de
permanencia en el tratamiento y el estado de consumo
tras el abandono (p = 0.09).
Análisis cualitativo de los relatos expresados
por los pacientes
Los motivos personales fueron las causas predomi-
nantes en la decisión del paciente de interrumpir su
tratamiento (ver Tabla 3). En el análisis cualitativo de
los relatos de los pacientes emergieron dos categorías:
A. Ambivalencia y falta de adhesión a una abstinen-
cia global
Un paciente comentó en sus respuestas al cuestiona-
rio: “No estaba preparado para dejar de consumir y los
meses posteriores fueron bastante complicados en todo
sentido”, otro respondió: “Abandoné el tratamiento
porque no acepté el encuadre (vivir dos meses en casa
de mi familia). Finalmente: terminé viviendo dos meses
en casa de mi familia. En ese lapso, consumí cocaína
una vez cada 15 días. Notablemente, un paciente que
había comentado: “En mi caso me fue de 10. Realmente
mi vida dio un giro y hoy estoy contento con mi trabajo,
terminé mis estudios, estoy haciendo deporte varias ve-
ces por semana y me levanto temprano para aprovechar
mis días. Mi consumo de cannabis aumentó desde que
deje de ir, no lo voy a negar, pero el resto de las sustan-
cias las sigo manteniendo alejadas”, forma parte de los
pacientes que reportaron aumentar su consumo luego
del abandono. Antes de la interrupción del tratamien-
to este paciente fue advertido por los terapeutas que
su consumo de cannabis era problemático. Luego de
8 meses, reanudó la propuesta expresando conciencia
de enfermedad con respecto a la sustancia y con diag-
nóstico clínico de dependencia a cannabis.
B. Disconformidad con la carga horaria y el trabajo
grupal
Las principales observaciones fueron sobre el nú-
mero de integrantes y heterogeneidad de los mismos:
“No me gustó pasar a los grupos de tratamiento que te-
nían muchas personas y un coordinador” comentó un
paciente. Otro observó: “Los grupos eran muy nume-
rosos y sus integrantes tenían muy diferente tiempo de
tratamiento transcurrido y por lo tanto su cuadro de
consumo era diferente.
El estudio de estos relatos marca las distintas ca-
racterísticas de los pacientes, grado de conciencia y
motivación en los que debe trabajar el equipo tratante.
La llegada de los mismos a incorporar hábitos, pero
también la falta de conciencia de la cronicidad del
trastorno hace que al mejorar algunos interrumpan.
Dentro de los pacientes que estaban disconformes con
la carga horaria o las condiciones de la propuesta, el
análisis muestra la importancia de evaluar temprana-
mente la asistencia a la propuesta y detectar resisten-
cia al trabajo grupal.
Análisis de antecedentes en los pacientes que
reportaron un aumento en el consumo
Cinco pacientes (4 hombres, 1 mujer) aumentaron el
consumo luego del abandono. Un sub-análisis mos-
tró cuatro factores comunes y constantes en ellos: a)
el consumo de cocaína, b) la presencia de un familiar
con TUS (madre o hermana), c) el haber realizado
tratamientos especícos previos y d) alta conictiva
familiar que no fue resuelta durante la participación
en el tratamiento. En cuanto a los relatos de estos pa-
cientes, destacamos la respuesta de uno de ellos que
dijo: “Tenía que poner el tratamiento en primer lugar
y lo puse en el tercero. Nunca fue mi prioridad. Esto
reeja la contradicción de contratar una propuesta in-
tensiva como tratamiento y luego la no disponibilidad
a la realización del mismo.
Continuidad en la atención terapéutica post
abandono
La mayoría de los pacientes (30/40, 75%) se encontra-
ban en otras ofertas de tratamientos de salud mental
al momento de la encuesta y luego de la interrupción.
En particular, se analizaron cambios en la modalidad
del tratamiento con la que continuaron los pacientes
que habían tenido internaciones previas (n=25) y los
que nunca habían realizado tratamiento previamente
(n=8). En este último grupo, sólo 4 pacientes siguie-
ron con una modalidad terapéutica no especíca para
adicciones. Respecto de los pacientes que habían teni-
do una internación, 4 pacientes no continuaron con
ninguna propuesta y 2 pacientes fueron derivados a
internación, el resto (76%) continuó con modalidades
ambulatorias, sólo un paciente cambió a otro disposi-
tivo dentro de la institución.
Discusión
Los resultados del presente estudio señalan que el pro-
medio de los pacientes interrumpe cerca de los 110
días de iniciado el tratamiento, y el 87% lo hace por
motivos personales. Dentro de las razones reportadas
se señala como principal la ambivalencia y la percep-
ción de no tener un problema, y dentro de las carac-
terísticas del tratamiento se destaca el enmarque en
abstinencia global y terapia grupal. En un periodo
promedio de dos meses luego de la interrupción de
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la propuesta, sólo un 12% de los pacientes reportaron
haber aumentado el consumo y un 75% se encontra-
ban en otras ofertas de tratamientos de salud mental.
Las variables demográcas han sido clásicamente
incluidas en las investigaciones de abandono del tra-
tamiento en paciente que sufren TUS (Lappan et al.,
2019). Al igual que otros autores en regímenes de TAI,
de nuestro análisis podemos rescatar el predominio
de varones (Bascuñan, 2017; Sanchez-Hervas et al.,
2010; Abeyesinhe, 2013). Particularmente, un artículo
que incluye una población de pacientes muy similar a
la nuestra con adicción a cocaína, realizó un análisis
de predictores de abandono mediante el uso de esca-
las y sólo fue signicativa la puntuación de severidad
del consumo (Sanchez-Hervas et al., 2010). En forma
similar, otros autores no encontraron un predictor de-
mográco válido (Gottlieb et al., 2022).
Clásicamente, un factor importante para el éxito del
programa es la retención de los individuos inscriptos
(Chan et al., 2020; Krentzman et al., 2011). En nues-
tro análisis, el porcentaje de abandono (29,2%) fue si-
milar a lo reportado por otros grupos y en revisiones
sistemáticas (Lappan et al., 2019; Sanchez-Hervas et
al., 2010; Mckowen et al., 2017). En cuanto a la con-
vergencia con variables de la propuesta, reportamos
una tendencia al abandono en los primeros meses de
tratamiento (51% a los 120 días) y su cronología con el
diagrama de objetivos alcanzables para la progresión
del paciente en la terapia diseñada. Esto es similar a
lo hallado por un modelo de análisis de aprendizaje
automático en bases de datos de más de 700 pacientes
en tratamiento ambulatorios por adicción a opioides,
donde un porcentaje sustancial de abandono ocurre a
los 90 y 120 días (Gottlieb et al., 2022).
Una publicación reciente, identica algunas mo-
dalidades que se replican en nuestro programa aso-
ciadas a mayores porcentajes de abandonos (Lappan
et al., 2019). Estas características son las actividades
grupales, un número de sesiones de psicoterapia in-
dividual mayor a 14 y de una duración de 45 minutos
cada una. En nuestros pacientes, las condiciones y la
carga horaria se encuentran entre los motivos secun-
darios luego de los motivos personales y la tasa de
abandono (29,2%) es similar a la reportada en progra-
mas TAI (Mckowen et al., 2017). Sin embargo, estas
observaciones pueden marcar fallas en la exibilidad
del diseño terapéutico, y en identicar pacientes que
requieren de tratamientos de bajo umbral (Samartzis
y Talias, 2019). En nuestra propuesta se inició, en julio
del 2021, una oferta de bajo umbral denominada “Dis-
po de noche, al que fueron derivados dos pacientes de
este estudio, aunque en ese momento estaban ya en
222 y 328 días de tratamiento.
Al evaluar los relatos de los pacientes, las causas
principales de interrupción temprana en el tratamien-
to se agrupan en los que no perciben tener un problema
de consumo, los que sienten ambivalencia en cuanto a
detener el consumo, y los que dicen haber cumplido
su objetivo; demostrando lo complejo del abordaje te-
rapéutico en programas de 12 meses y la importancia
del refuerzo motivacional por el terapeuta. Un estudio
en el que fueron analizados los relatos de los pacientes
y de sus terapeutas en ambientes ambulatorios, desta-
ca en forma similar a lo dicho por nuestros pacientes,
que muchos individuos no se sienten preparados para
participar en un tratamiento (Palmer et al., 2009).
Otro estudio en 292 pacientes con TUS identicó la
intención conductual de cumplir el tratamiento, ob-
jetivado a través de una escala, como un predictor de
no adherencia (de Weert-van Oene et al., 2007). Estas
evidencias refuerzan a nuestro entender la importan-
cia de instaurar la admisión como un proceso, donde
las explicaciones de las condiciones del proceso sean
trabajadas en reiteradas entrevistas y haya un registro
claro de la etapa del cambio en que se encuentra el pa-
ciente a n de proveer una mejor oferta para el mismo.
Existen indicios de que la duración del tratamiento
se asocia con mejores resultados positivos (Bascuñan,
2017; Hubbard et al., 2003; Marsden, 2004; Zhang et
al., 2003). En estrategias de 12 meses, como la nuestra,
muchos pacientes que inician su tratamiento con una
motivación externa logran trascender a una interna
genuina, reportes recientes nuestros y de otros grupos
describen como los efectos del tratamiento son polifa-
céticos y las dimensiones mejoran en diferentes etapas
(Arias et al., 2021; Pavlovsky et al., 2022). Igualmente,
análisis retrospectivos señalan que las recaídas desde
el inicio del programa y una mejora temprana en la
calidad de vida son factores predictores de abandono
(Gottlieb et al., 2022). Los autores plantean que los pa-
cientes que no podían detener su consumo se hubieran
beneciado de una derivación temprana, mientras que
la variable de mejora de vida la detectan al principio del
tratamiento (con respecto a la línea de base), pero luego
en esos pacientes se reduce tras el cese del tratamiento
(Gottlieb et al., 2022). Un efecto similar llamado “nube
rosa” se verica en los síntomas depresivos de pacientes
alcohólicos al principio de su asistencia a Alcohólicos
Anónimos (Wilcox y Tonigan, 2016). Mientras que en
una cohorte prospectiva con adicción severa al alcohol
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determinó recaídas en un subgrupo de pacientes a los 4
años de tratamiento, en los que se evidenció una ralen-
tización de la mejoría en diversas dimensiones con res-
pecto al grupo que pudo mantener la sobriedad (Arias
et al., 2021). En resumen, estas evidencias sugieren la
detección rápida y activa no solo de pacientes que de-
ben derivarse tempranamente, sino también de los que
realizan una rápida mejoría y puedan abandonar pre-
maturamente antes de alcanzar una recuperación con-
solidada en las distintas dimensiones.
En nuestro análisis de relatos no emergió la culpa
o vergüenza como un factor, aunque clásicamente se
ha denido un patrón de pensamiento con estas ca-
racterísticas bajo el concepto de efecto de violación
de la abstinencia en pacientes con recaídas (Arias et
al., 2021; Marlatt y Donovan, 2007). En forma similar,
creemos que las cuestiones económicas podrían tener
una mayor injerencia en el abandono de pacientes que
la mencionada en los relatos en el presente estudio,
por ejemplo la percepción de haber alcanzado su ob-
jetivo o la ambivalencia sobre detener su consumo
podría hacer que el paciente considere no querer se-
guir aportando el pago de su tratamiento y esto último
estar asociado a su decisión, aunque no lo mencione
espontáneamente. Esto puede deberse a la caracte-
rística exploratoria de nuestro estudio; un análisis en
profundidad por medio de entrevistas o grupos de
enfoque, podría propiciar una mayor apertura a men-
cionar estas temáticas y aportar mayores datos para la
comprensión e interpretación del fenómeno de la in-
terrupción del tratamiento por parte de los pacientes.
Actualmente se conceptualizan los TUS como
condiciones crónicas recidivantes (Arria y McLellan),
por lo cual los efectos del tratamiento suelen dismi-
nuir tras la conclusión de los mismos (Benishek et al.,
2014; Magill et al., 2019). Sin embargo, hay eviden-
cias de benecios y efectos a largo plazo (Hubbard et
al., 2003; Marsden, 2004). Al indagar a los pacientes
sobre su consumo luego de un periodo promedio de
dos meses posterior a la interrupción de la propuesta,
sólo una minoría (12.5%) aumentó el mismo. Aunque
otros autores (Bell y Strang, 2020) han señalado que a
mayor duración del tratamiento mayor es el tiempo de
mantenimiento de los resultados, en nuestra cohorte
no se evidenciaron diferencias en el tiempo de per-
manencia entre los que mantuvieron o no su nivel de
consumo. Sin embargo, el sub-análisis de los 5 indivi-
duos que aumentaron consumo evidenciaron factores
ya descritos en la literatura, relacionados a peor pro-
nóstico como el consumo de cocaína (Sanchez et al.,
2011; Roos et al, 2019), o que son beneciados cuan-
do se realizan abordajes adicionales, como los orien-
tados a abordar las conictivas vinculares (Hogue et
al., 2021). Esto destaca lo importante de considerar las
características del funcionamiento familiar: incluir fa-
miliares en la terapéutica semanal y realizar trabajos
grupales dedicados a los hijos y hermanos de pacien-
tes, puede aumentar la adhesión al programa.
Los programas ambulatorios de tratamiento para
TUS son una parte de un proceso continuo de aten-
ción que se ajusta a las necesidades terapéuticas de ese
momento del paciente para luego continuar con niveles
de mayor o menor intensidad (Melemis, 2023). En el
presente estudio un 50% de los pacientes que no ha-
bían realizado tratamiento previo, luego de la propuesta
continuaron con tratamientos de salud mental; mien-
tras que un 76% de los pacientes que habían recurrido a
internaciones continuaron con opciones ambulatorias.
Particularmente, ciertos análisis cualitativos indican
que la coordinación de sectores de salud y el mante-
ner un contacto posterior, entre otros, funcionan como
facilitadores en las transiciones (Timko et al., 2016).
Esto se reeja en el desarrollo de este trabajo, ya que
el seguimiento posterior mostró una gran cooperación
de parte de los ex pacientes (73% respondieron la en-
cuesta), la permanencia en estrategias ambulatorias de
los participantes, los efectos iniciales del tratamiento en
cuanto a concientización de enfermedad en quienes no
habían realizado tratamiento previo y la valoración en
los relatos de herramientas adquiridas.
Limitaciones del estudio
El bajo número de pacientes analizados puede afectar la
generalización de los resultados; sin embargo, algunos
parámetros como la tasa de abandono y la temporalidad
de los mismos es similar a las obtenidas por estudios
con mayor cohorte de pacientes, así como las caracte-
rísticas demográcas (Lappan et al., 2019; Gottlieb et
al., 2022). El diseño transversal como el llevado a cabo
en el estudio no permite realizar inferencias causales.
Estudios adicionales que atiendan estas limitaciones,
así como una profundización de las variables de culpa
o vergüenza y cuestiones económicas, podrían comple-
mentar los hallazgos y fomentar nuevas colaboraciones
en esta importante área de estudio en los TUS.
Por último, el presente estudio aporta información
pocas veces relevadas, mientras que el análisis sobre
posibles barreras del programa aporta información
directa para la aplicación en nuevas estrategias de pro-
gramas. El análisis realizado apunta a posibles estrate-
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gias para aumentar el funcionamiento de la atención
en TAI, tales como: plantear la admisión como un
proceso seriado de entrevistas, la inmersión de tera-
pia vincular y familiar en los programas y diversicar
la oferta con espacios terapéuticos individuales o de
bajo umbral de exigencia como una estrategia de sos-
tén para pacientes pre contemplativos.
Fuentes de nanciamiento: la presente investigación
no ha recibido ayudas especícas provenientes de agen-
cias del sector público, sector comercial o entidades sin
ánimo de lucro.
Conicto de intereses: Luciana García no tiene con-
ictos de intereses que declarar. Los demás autores desa-
rrollan sus tareas en el Dispositivo Pavlovsky, sitio en el
que se llevó a cabo el estudio.
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Investigación original
16
Resumen
Introducción: El enojo es frecuente en los trastornos emocionales y se asocia a mayor severidad y peor res-
puesta al tratamiento. Las intervenciones realizadas desde la terapia dialéctico comportamental (DBT) pueden
ser ecaces para lograr un manejo efectivo del enojo. El objetivo del trabajo fue determinar la efectividad
de participar de un grupo de entrenamiento en habilidades para el manejo efectivo del enojo. Método: Se
incluyeron 15 participantes y se evaluaron relaciones interpersonales (IIP-32), regulación emocional (DERS),
estado, rasgo, expresión y control de la ira (STAXI-2), índice de calidad de vida (QLI-Sp) y autoecacia. Las
evaluaciones fueron antes y después de 12 encuentros semanales de 2 horas de duración. Resultados: Se ob-
serun aumento en la percepción de autoecacia para regular el enojo (p < .01), y una disminución de los
niveles de desregulación emocional (p < .01) y de temperamento rasgo (p < .05). Se observaron aumentos en
los niveles de expresión externa e interna del enojo (p < .05; p < .01), y en el índice de expresión de la ira (p
< .001). No se observaron diferencias respecto a problemas interpersonales, temperamento-estado, control
externo e interno del enojo, ni calidad de vida. Conclusiones: El taller de habilidades para el manejo efectivo
del enojo demostró resultados favorables para algunas características asociadas al enojo. El aumento de otras
estaría relacionado con el marco conceptual de la ira desde las diferentes herramientas psicométricas y el
modelo de DBT. Este estudio muestra resultados preliminares prometedores para un grupo de entrenamiento
en habilidades basado en DBT para el manejo efectivo del enojo.
Palabras clave: regulación del enojo, terapia dialéctico conductual, grupo de entrenamiento en habilidades,
terapia grupal
Abstract
Introduction: Anger is frequent in emotional disorders and is associated with greater severity and worse response
to treatment. Dialectical Behavioral Therapy (DBT) interventions can be effective in achieving effective anger ma-
nagement. The aim of this study was to determine the effectiveness of participating in an anger management skills
training group. Methods: Fifteen participants were assessed regarding interpersonal relationships (IIP-32), emotional
regulation (DERS), state, trait, expression and control of anger (STAXI-2), quality of life index (QLI-Sp) and self-efcacy
were measured. They were evaluated before and after 12 weekly meetings of 2 hours duration. Results: An increase in
perceived self-efcacy to regulate anger (p < .01), and a decrease in levels of emotional dysregulation (p < .01) and
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo
del enojo basado en terapia dialéctico conductual
Pilot study on the effect of an effective anger management group based on Dialectical Beha-
vior Therapy (DBT)
Camila Cremades1, Micaela Melone1, Melina Bellotti1, Martina Boscolo2, Andrés Luciano
Rivas1, Julián Neumann1, Luis Lublinsky1, Demián Rodante3
RECIBIDO 15/11/2023 - ACEPTADO 16/2/2024
1.Licenciada/o en Psicología. Fundación Foro para la Salud Mental, Buenos Aires, Argentina.
2.Licenciada en Psicología. Fundación Foro para la Salud Mental, Buenos Aires, Argentina. Universidad Torcuato Di Tella. Escuela de Negocios. Centro
de Inteligencia Articial y Neurociencia (CIAN). Laboratorio de Neurociencia. CONICET.
3.Médico especialista en Psiquiatría. Coordinador Clínico de Psiquiatría y del Área de investigación de la Fundación Foro para la Salud Mental. Buenos
Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-8888-8547
Autor correspondiente:
Demián Rodante
dr.demianrodante@gmail.com
Lugar de realización del estudio: Fundación Foro para la Salud Mental, Buenos Aires, Argentina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.656
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.656
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Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
Introducción
Diversos estudios han concluido que la regulación e-
caz de las emociones es vital para la salud mental y que
las dicultades en dicha función están asociadas con
una variedad de conductas problemáticas y trastornos
mentales que incluyen el abuso de sustancias (Kun &
Demetrovics, 2010), las autolesiones (Buckholdt et al.,
2009; Mikolajczak et al., 2009), la depresión (Gross
& John, 2003; John & Gross, 2004), los trastornos de
ansiedad (Cisler et al., 2010), el trastorno límite de la
personalidad (TLP; Gratz et al., 2006) y el trastorno por
estrés postraumático (Tull et al., 2007). El enojo, enten-
dido como una emoción básica que se caracteriza por
el impulso a defender los intereses propios, a menudo
mediante conductas agresivas, es frecuente en los tras-
tornos emocionales y su desregulación (dicultad para
su gestión e imposibilidad de involucrarse en conductas
dirigidas a metas independientemente del estado emo-
cional) se asocia a mayor severidad y peor respuesta al
tratamiento. La desregulación del enojo (DE) puede de-
nirse como experiencias intensas de enojo, que pue-
den llevar a esfuerzos activos para suprimir o no permi-
tir que la experiencia emocional se desarrolle (es decir,
sobrerregulación), o por el contrario, a experiencias
que se expresan externamente de manera poco efectiva
debido a la falta de estrategias de regulación emocio-
nal (desregulación) (Roberton et al., 2012). La DE se ha
asociado con mayores tasas de violencia (Deenbacher
et al., 1996), mayor riesgo de enfermedad coronaria
(Siegman, 1993), y de condiciones de dolor (Quartana
& Burns, 2007), representando costos sustanciales para
la salud pública.
La DE es una característica distintiva de los pa-
cientes con trastorno límite de la personalidad (TLP).
Un programa de tratamiento que aborda sistemáti-
camente la intensidad de los problemas relacionados
con la DE es el entrenamiento grupal de habilidades,
uno de los componentes de tratamiento de la terapia
dialéctica conductual (DBT) (Linehan, 1993; Korman,
2005). La DBT fue desarrollada por Marsha Linehan
para tratar personas con TLP y conductas suicidas
(Linehan, 1993), combinando técnicas de la terapia
cognitivo conductual (TCC) con elementos de la -
losofía dialéctica y la práctica zen (Linehan, 1993). Su
losofía dialéctica radica en la necesidad de desarro-
llar un balance entre la aceptación y el cambio, es de-
cir, que el cambio terapéutico solo va a ocurrir en un
ambiente de aceptación y validación. Es por esta razón
que se busca un balance entre aceptar la desregulación
emocional y las dicultades que conlleva y al mismo
tiempo trabajar para cambiar y aprender habilidades
que puedan ayudar a regular las emociones para cons-
truir en tratamiento una vida que valga la pena ser vi-
vida (Astrachan-Fletcher & Maslar, 2009; Chapman &
Gratz, 2015).
La DBT estándar es una terapia ambulatoria que
incluye cuatro modos de tratamiento: 1) psicotera-
pia individual semanal, 2) grupos de entrenamiento
de habilidades semanal, 3) reuniones semanales del
equipo de consultoría (para prevenir el agotamiento
del terapeuta) y 4) coaching telefónico. En los grupos
de entrenamiento en habilidades los consultantes tra-
bajan sobre cuatro módulos: mindfulness, regulación
emocional, efectividad interpersonal y aceptación ra-
dical (Linehan, 1993).
Aunque la DBT se desarrolló originalmente para
tratar a mujeres diagnosticadas con TLP (Linehan,
1993), el enfoque de tratamiento ha crecido y se ha
adaptado para una variedad de conductas problemáti-
cas y trastornos. Su similitud con la TCC la convierte
en un tratamiento prometedor para reducir la ira y el
comportamiento violento. En una revisión realizada
por Frazier y Vela (2014), los hallazgos sugieren que
los tratamientos basados en DBT, incluso cuando se
modican para su uso con poblaciones especícas,
muestran un impacto positivo en la reducción del
enojo y las conductas agresivas. La mayoa de los es-
trait temperament (p < .05) were observed. Signicant increases were observed in the levels of external and internal
expression of anger (p < .05; p < .01), and in the anger expression index (p < .001). No differences were observed with
respect to interpersonal problems, temperament-state, external and internal control of anger, or quality of life. Results
and conclusions: The effective anger management skills training group demonstrated favourable results for some
characteristics associated with anger. The increase in others would be related to the conceptual framework of anger of
the different psychometric tools and the DBT model. This study shows promising preliminary results for a DBT-based
skills training group for effective anger management.
Keywords: anger regulation, dialectical behavior therapy, skills training group, group therapy
18
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
tudios encontraron que los tratamientos basados en
DBT redujeron signicativamente la ira y la hostilidad
autoinformadas y/o los comportamientos agresivos o
violentos al nal del tratamiento y durante el segui-
miento (Frazier & Vela, 2014).
Si bien la DBT es un tratamiento integral con va-
rios componentes, existen estudios que muestran que
el grupo de entrenamiento en habilidades por sí solo
muestra una efectividad especíca en la regulación del
enojo (Rizvi et al., 2013; Soler et al., 2009).
Mediante un estudio piloto exploratorio de diseño
longitudinal, el objetivo de este trabajo es determinar
la efectividad de participar de un grupo de entrena-
miento en habilidades para el manejo efectivo del
enojo. Evaluando a los participantes antes y después
del grupo se espera determinar el efecto de la inter-
vención sobre aspectos como autoecacia para regular
el enojo, problemas interpersonales, calidad de vida,
desregulación emocional, temperamento rasgo y es-
tado, expresión y control externo e interno del enojo.
Para ello, se analizaron las diferencias pretest y postest
de estas variables.
Materiales y métodos
Participantes
La muestra estuvo conformada por 15 consultantes
que asistieron a un grupo terapéutico para regular el
enojo en una clínica privada de la Ciudad de Buenos
Aires. La media de edad fue de 46,40 (DE = 13,15).
El 46,7% de los participantes reportó identicarse con
el género femenino y el 53,3% con el género masculi-
no. El 80% reportó estar casado/a o en concubinato, el
13,3% estar soltero/a y el 6,7% divorciado o separado.
El 66,7% tenía hijos y el 86,7% estaba conviviendo con
alguien. El 6,7% de los participantes contaban con se-
cundario completo, el 13,3% con terciario o universi-
tario incompleto y el 80% con un nivel de escolaridad
terciario o universitario completo. El 13,3% reportó
ser jubilado o retirado, el 6,7% ser amo/a de casa y el
80% tener un trabajo.
Mediciones
Cuestionario sociodemográco ad-hoc
Para describir las características de la muestra se in-
dagó la edad, género, estado civil, si tienen hijos, si
conviven, nivel de escolaridad, situación laboral, si
realizaron tratamiento psiquiátrico, si realizaron tra-
tamiento DBT y consumo de sustancias.
Cuestionario ad-hoc sobre experiencias pasadas con
el enojo
Para explorar el impacto que tuvo la falta de regulación
del enojo en diferentes esferas de la vida, se diseñaron
nueve preguntas. Las mismas indagaron si los partici-
pantes tuvieron problemas con guras de autoridad en
los últimos tres meses y a lo largo de su vida, si fueron
denunciados por violencia en algún momento de su
vida, si perdieron alguna relación signicativa debido
al enojo en los últimos tres meses y en algún momen-
to de su vida, si tuvieron problemas laborales debido al
enojo en los últimos 3 meses y en algún momento de
su vida, y si tuvieron problemas o fueron expulsados de
instituciones académicas debido al enojo en los últimos
3 meses y en algún momento de su vida.
Inventario de problemas interpersonales 32 (IIP-32)
El IPP-32 (Horowitz, 2000) evalúa las dicultades in-
terpersonales a través de 32 ítems que presentan pro-
blemas que las personas pueden tener al interactuar
con otros. El participante debe puntuar en una escala
de tipo Likert de 0 (nunca) a 4 (mucho) que tan a me-
nudo se les presentan dichos problemas. En un estu-
dio local se observó que la escala presenta una consis-
tencia interna adecuada con un alfa de Cronbach de
.88 (Gómez-Penedo et al., 2022)
Escala de pensamientos y conductas autolesivas
(EPCA)
La EPCA (Nock et al., 2007), adaptada al español por
García-Nieto et al. (2013), consiste en una entrevista
estructurada de 169 ítems divididos en seis módulos
que evalúan la presencia, frecuencia y características
de seis tipos de conductas autolesivas: a) ideación sui-
cida; b) planes de suicidio; c) gestos suicidas; d) inten-
tos de suicidio; e) pensamientos relacionados con las
autolesiones y f) autolesiones. Al evaluar el acuerdo
entre jueces se obtuvo un índice Kappa que osciló en-
tre .9 y 1 para los diferentes ítems.
Escala de dicultades en la regulación emocional
(DERS)
La escala DERS (Gratz & Roemer, 2004), adaptada a
población argentina por Cremades et al. (2023), eva-
lúa el grado en que las personas utilizan diversas es-
trategias de regulación emocional. La escala original
cuenta con 36 ítems autoadministrados con un for-
mato de respuesta Likert de 5 opciones (de 1 = casi
nunca, a 5 = casi siempre) y una estructura de seis
factores: 1) Dicultades en el control de impulsos (6
ítems), 2)Acceso limitado a estrategias de regulación
emocional (8 ítems), 3) Falta de aceptación emocio-
19
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
nal (6 ítems), 4) Interferencia en conductas dirigidas
a metas (5 ítems), 5) Falta de conciencia emocional (6
ítems) y 6) Falta de claridad emocional (5 ítems). La
escala presenta buena consistencia interna (α = .93), y
cada subescala tiene una consistencia interna con co-
ecientes alfa de Cronbach mayores a .80.
Inventario de expresión de ira estado-rasgo (STA-
XI-2)
El inventario de expresión de ira estado-rasgo, STA-
XI-2, es la adaptación al español del State-Trait Anger
Expression Inventory-2, STAXI-2 (Spielberger, 1999).
Fue adaptado a la población argentina por De Figueroa
et al. (2001). Está compuesto por 57 ítems divididos en
6 escalas que miden la intensidad de la ira como esta-
do emocional (estado) y la disposición a experimentar
sentimientos de ira como un rasgo de personalidad
(rasgo). Los ítems constan de escalas de 4 puntos que
evalúan la intensidad de la ira en un momento particu-
lar y la frecuencia de la experiencia, expresión y control
de la ira. La consistencia interna de la escala presenta
una alfa de Cronbach de .91 para enojo estado, .88 para
enojo rasgo, .66 para expresión interna del enojo, .75
para expresión externa del enojo, .83 para control inter-
no del enojo y .79 para control externo del enojo.
Índice de calidad de vida (QLI-Sp)
El QLI (Ferrans y Powers, 1985) fue adaptado en Ar-
gentina por Bulacio et al. (2004). Es un instrumento
conciso para una evaluación integral, basada en la cul-
tura y autoevaluación de la calidad de vida calicada
como saludable. Está compuesto por 10 dimensiones
recopiladas de la literatura internacional, incluyendo
aspectos que van desde el bienestar físico hasta la rea-
lización espiritual, así como una percepción global de
la calidad de vida. Presenta adecuadas propiedades
psicométricas en español, con una adecuada consis-
tencia interna (α = 0.66).
Autoecacia
Para evaluar la autoecacia percibida se les pregun
qué tan capaces se creían para regular el enojo en una
escala de 0 a 10. Siendo 0 nada capaz y 10 completa-
mente capaz.
Procedimientos
Los participantes fueron evaluados mediante una entre-
vista clínica una semana previa al inicio del tratamiento
por tres psicólogos entrenados en DBT. Los criterios de
inclusión fueron: a) presentar dicultades en el manejo
del enojo, siendo la principal dicultad la falta de inhi-
bición en la expresión de la ira, b) ser mayor de 18 años,
c) estar en tratamiento psicoterapéutico o psiquiátrico
individual, y d) rmar un consentimiento informado.
Basándonos en la idea de que la desregulación emocio-
nal es un concepto que aplica de forma transdiagnósti-
ca, es decir, independiente del diagnóstico psiquiátrico
o psicológico, concepto extensamente aceptado en la
comunidad cientíca (Faustino, 2021; Cludius et al.,
2020), la elegibilidad de los participantes no contó con
la realización de un diagnóstico especico.
Como criterios de exclusión se consideraron: a)
estar involucrado en conductas delictivas, y b) estar
involucrado en conductas que representen un riesgo
para sí o para terceros.
Intervención
Los encuentros se realizaron de forma virtual sincró-
nica con una frecuencia semanal y una duración de
dos horas por encuentro. Cada encuentro fue coordi-
nado por tres terapeutas entrenados en DBT (JN, LL,
ALR) y estuvieron conformados por 3 a 16 participan-
tes. La estructura del taller fue circular, es decir, una
vez nalizados los módulos el taller vuelve a comen-
zar. Esto permite a los participantes ingresar en dife-
rentes momentos y ajustar el número de encuentros
necesarios a los criterios clínicos de cada consultante.
La permanencia de los participantes en el taller es de
aproximadamente tres meses (el promedio de sesiones
de taller en este estudio fue de 12.9).
El objetivo general del entrenamiento consiste en
aprender habilidades que le permitan a los participan-
tes regular el enojo de manera efectiva y así actuar en
función de sus metas y valores. Utilizando investiga-
ciones sobre la aplicación de DBT para el manejo efec-
tivo del enojo (e.g. Donahue et al., 2017; Neacsiu et
al., 2018; Peters et al., 2014), se diseñó un manual para
aplicar en formato grupal. El mismo consta de cinco
temas principales: 1) Orientación y compromiso, 2)
Conocer nuestra experiencia del enojo, 3) Contar con
un plan ante las crisis, 4) Abordar los problemas en
forma efectiva y 5) Reducir vulnerabilidades.
En las sesiones destinadas a la orientación y com-
promiso se comienza trabajando con los participantes
en psicoeducación sobre el enojo como emoción. Se
los ayuda a tomar conciencia de cómo el enojo inter-
ere en sus diferentes áreas vitales, y se trabaja en la
identicación de factores que sostienen el enojo y los
reforzadores de las conductas agresivas. Por último, se
busca una forma para compartir el compromiso con
otros y anticipar dicultades.
El módulo de conocer nuestra experiencia del eno-
jo se centra en que cada participante pueda identicar
20
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
sus propios patrones de enojo. Para eso, se los entre-
na en registrar los episodios especícos que disparan
su enojo, se los ayuda a identicar vulnerabilidades,
eventos desencadenantes, malestar asociado, lo im-
portante del problema, pensamientos e interpretacio-
nes, sensaciones físicas, impulso de acción, acciones y
consecuencias a corto y largo plazo.
El módulo destinado a crear un plan frente a las
crisis se enfoca en tres habilidades principales: (1)
cambiar las sensaciones físicas, (2) conciencia plena
y (3) habilidad de acción opuesta. La primera busca
la disminución del malestar emocional a través de
habilidades de cambio de la activación siológica. La
segunda, busca que el consultante aprenda a tomar
conciencia de los diferentes componentes de la emo-
ción para poder tomar distancia y no necesariamente
reaccionar en consecuencia. Por último, la habilidad
de la acción opuesta tiene como objetivo identicar e
involucrarse en conductas más efectivas ante el enojo.
En las sesiones destinadas a abordar los problemas
en forma efectiva se trabajan tres habilidades princi-
pales: 1) identicar el problema, 2) tolerar el malestar
y 3) actuar en forma efectiva. Primero se trabaja para
que los consultantes puedan identicar problemas
concretos y objetivos a alcanzar en una situación que
tiende a generar enojo. Para la tolerancia al malestar se
busca que puedan identicar el malestar emocional y
exponerse a situaciones que generen esas sensaciones
sin tratar de cambiar la experiencia. Para actuar de for-
ma efectiva, se busca aumentar el compromiso con lo
que es importante para uno, formas de expresar el eno-
jo que estén alineados con sus valores y objetivos, tener
un plan alternativo y el desarrollo de la aceptación.
Finalmente, para reducir la vulnerabilidad se bus-
ca prevenir situaciones difíciles que tienden a generar
intenso malestar emocional, así como también se re-
fuerza el uso de acción opuesta ante otras emociones
asociadas al enojo, como lo es la vergüenza, y se utilizan
habilidades de tolerancia al malestar como autocalmar-
se con los 5 sentidos.
Evaluación
La recolección de datos se realizó en dos momentos
diferentes. La primera (pretest) se realizó posterior a
la entrevista de admisión al taller y previo al inicio del
mismo. Se le envió a los participantes un formulario
de Google en el que completaron ocho escalas: cues-
tionario sociodemográco ad-hoc, cuestionario ad-
hoc sobre experiencias pasadas con el enojo, IIP-32,
EPCA, DERS, STAXI-2, QLI-Sp y preguntas ad-hoc
de autoecacia. Al nalizar el tratamiento (medida
postest) se les envió otro link con los mismos cues-
tionarios, a excepción del sociodemográco y el de
experiencias pasadas.
Implicaciones éticas
Todos los participantes aceptaron y rmaron el
consentimiento informado, enmarcado en los princi-
pios de la Declaración de Helsinki, con sus respectivas
modicaciones, y la Ley 26529 de Derechos del Pa-
ciente, Historia Clínica y Consentimiento informado.
Análisis estadísticos
Los datos sociodemográcos fueron analizados con
estadísticos descriptivos (media, desvío estándar y
frecuencia). Para las preguntas en las que se indagó
sobre la experiencia pasada con el enojo se calcularon
frecuencias para las variables medidas en nivel nomi-
nal y medias y desvíos para las variables cuantitativas.
Para evaluar una diferencia en las puntuaciones de
las escalas entre el pretest y el postest, se realizaron
pruebas de t de Student para muestras pareadas. En
los casos donde no se cumpan los supuestos de nor-
malidad se realizó su equivalente no paramétrico (test
de Wilcoxon). Todos los análisis fueron realizados con
programa para análisis de datos RStudio, versión 4.2.3.
Resultados
Experiencias previas con el enojo
Antes de iniciar el tratamiento se evaluaron las expe-
riencias negativas que habían tenido los participantes
como consecuencia de su forma de relacionarse con el
enojo. El 13,3% había tenido problemas con guras de
autoridad en algún momento de su vida, pero ningu-
no de esos episodios habían sucedido en los tres meses
previos a la evaluación. En esta línea, el 6,7% había
recibido por lo menos una denuncia de violencia a lo
largo de su vida.
Al considerar las relaciones interpersonales, el 40%
había perdido una relación signicativa debido a no
poder manejar el enojo. El 6,7% de los mismos había
atravesado esa situación en los últimos 3 meses.
Finalmente, al evaluar la esfera laboral y educacio-
nal, se observó que el 20% había tenido problemas en
el trabajo debido al enojo, de los cuales el 6,7% de los
casos había sucedido en los últimos 3 meses. Por otro
lado, ninguno había tenido problemas o expulsiones
de instituciones académicas.
Efectos de la intervención
Al nalizar el tratamiento se observó que los pacientes
percibían una mayor autoecacia para regular el enojo
21
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
(t(14)= -3.78; p < .01). Por otro lado, no se obser
una diferencia signicativa en los problemas interper-
sonales (p =.17) ni en la calidad de vida (p = .55).
En relación a indicadores clínicos, se observó una
disminución estadísticamente signicativa en los ni-
veles de desregulación emocional (t(14)= 3.47; p <
.01). A su vez, los participantes presentaron una dis-
minución signicativa en los niveles de temperamen-
to rasgo (t(14)= 2.34; p < .05). Por otro lado, no se
observó una diferencia signicativa en los niveles de
temperamento estado (p = .13).
Finalmente, al explorar la relación con el enojo se
observó un aumento signicativo en los niveles de
expresión externa del enojo (W = 12.5; p < .05) y de
expresión interna del enojo (t(14)= -3.12; p < .01). Por
otro lado, no se observaron diferencias en el control
externo del enojo (p = .19) ni de control interno del
enojo (p = .16).
Los resultados de la comparación de las variables
incluidas en el estudio en los dos tiempos de evalua-
ción se muestran en la Tabla 1.
Discusión
Este estudio piloto se llevó a cabo para analizar la
efectividad de una intervención, que consistió en un
grupo de entrenamiento en habilidades para el ma-
nejo efectivo del enojo basado en DBT. Se evaluaron
las variables de relaciones interpersonales, regulación
emocional, estado, rasgo, expresión y control de la ira,
calidad de vida y autoecacia, antes y después de 12
semanas de recibir la intervención. Se encontraron
resultados favorables en cuanto a la percepción de au-
toecacia para regular el enojo, y menores niveles de
desregulación emocional y de temperamento rasgo. Por
otro lado, se observó que luego de la intervención hubo
mayor expresión externa e interna del enojo y en la ex-
presión de la ira, pero no se vieron efectos en problemas
interpersonales, temperamento-estado, control externo
e interno del enojo, ni en la calidad de vida.
En primer lugar, es necesario destacar por qué re-
sulta relevante y necesario llevar a cabo este tipo de
investigaciones. La desregulación emocional está aso-
ciada a diversas problemáticas en salud mental (e.g.
Buckholdt et al., 2009; Cisler et al., 2010; Gratz et al.,
2006; Gross & John, 2003; John & Gross, 2004; Kun &
Demetrovics, 2010; Mikolajczak et al., 2009; Tull et al.,
2007). En este estudio nos enfocamos en la desregu-
lación del enojo, cuyas consecuencias negativas tam-
bién han sido reportadas (Deenbacher et al., 1996;
Quartana & Burns, 2007; Siegman,1993). Por lo tanto,
el desarrollo de intervenciones para aumentar habili-
dades para la regulación del enojo es esencial para el
campo de la psicoterapia.
Otro aspecto esencial de este estudio radica en la ne-
cesidad de evaluar la ecacia de las intervenciones en
salud mental. Sin mediciones efectivas de las variables
que puedan verse afectadas por la participación del gru-
po de habilidades, no es posible conocer si efectivamen-
te se observa un cambio después de la intervención.
Los resultados aquí obtenidos no coinciden del
todo con la literatura. Por ejemplo, en una revisión de
la literatura sobre intervenciones basadas en DBT para
la regulación del enojo encontraron que muchos de los
estudios reportaron una reducción en la ira y hostilidad
autoinformadas, así como una disminución en compor-
Tabla1. Medias, desviaciones estándar y comparación
VARIABLE Pre y post comparación
M(SD) M(SD) Z / W P
Autoecacia 4.87(1.68) 6.47(1.3) -3.78 <.01
Problemas interpersonales 45.2(18.96) 40.07(16.18) 1.43 .17
Calidad de vida 68.6(10.84) 66.93(14.43) 0.61 .55
Desregulación emocional 92.6(23.41) 74.8(18.17) 3.47 <.01
Temperamento
Rasgo 26.67(6.3) 22.93(5.9) 2.34 <.05
Estado 22.6(12.88) 17.73(5.42) 1.62 .13
Enojo
Expresión externa 13.07(2.76) 14.93(3.13) 12.5 <.05
Expresión interna 13.07(2.49) 15.33(2.5) -3.12 <.01
Control externo 13.6(2.26) 14.67(2.64) -1.38 .19
Control interno 12.93(3.33) 11.8(3.51) 1.48 .16
22
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
tamientos agresivos o violentos (Frazier & Vela, 2014).
Además, Ciesinski et al. (2022) realizaron una revisión
y metanálisis sobre tratamientos basados en DBT para
enojo y conductas agresivas, y encontraron reducciones
signicativas en el enojo pero no en la agresión.
En el presente estudio se obtuvieron resultados po-
sitivos en la percepción de autoecacia para regular
el enojo e incluso en la frecuencia con la que el par-
ticipante experimenta sentimientos de ira a lo largo
del tiempo (temperamento rasgo). Por otro lado, se
reportaron aumentos de expresión externa e interna
del enojo luego de la intervención, así como ausen-
cia de cambios en cuanto a problemas interpersonales
y control externo e interno del enojo. Si bien existen
coincidencias entre los resultados aquí presentados y
la literatura, también encontramos discrepancias.
Una hipótesis explicativa del aumento de algunas
variables del enojo (expresión externa e interna) po-
dría relacionarse con el contenido del instrumento
que evalúa la expresión externa e interna del enojo
(STAXI-2). En primer lugar, pudimos observar que
la expresión del enojo “hacia afuera” (externalizado)
aumentó. No consideramos que este efecto pueda ser
adjudicado a la intervención necesariamente, ya que
no contamos con un grupo control para compararlo
o pudiendo incluso tratarse de una uctuación natu-
ral de dicha característica, sin embargo el resto de los
hallazgos podrían merecer la misma interpretación.
Llamativamente, un reciente metaanálisis ha reporta-
do la efectividad de DBT en reducir la desregulación
del enojo, sin embargo no ha encontrado efectos sobre
la conducta agresiva (Ciesinski y col. 2022), concepto
que coincide con el de expresión externa del enojo de
la STAXI-2. Este hallazgo coincide con lo reportado
en este trabajo, pudiendo concluir que las intervencio-
nes basadas en DBT podría ser efectivas en la desre-
gulación emocional del enojo, pero sean insucientes
para reducir la expresión externa de esa emoción. En
esta línea, la percepción de expresión externa del eno-
jo puede estar sesgada por la historia comportamental
de los participantes. A su vez, vale la pena considerar
que la intervención puede no producir un efecto en
todos los aspectos del manejo del enojo. Ahora bien, si
consideramos que hubo una reducción de la frecuen-
cia en que los participantes experimentaron enojo
(rasgo), el aumento la frecuencia con la que el eno-
jo se externaliza o expresa puede estar condicionada
por la menor cantidad de veces que se experimenta
enojo, pudiendo el taller no tener suciente potencia
par a reducir algunos episodios de externalización del
enojo. En segundo lugar, respecto al aumento de sentir
enojo “para adentro” (internalizado), dejar de experi-
mentar la emoción “enojo” no es un objetivo de la in-
tervención, sino que se continúe sintiendo enojo pero
se exprese de forma asertiva. Es decir, se deben inter-
pretar estos resultados en relación a los objetivos que se
plantean desde la DBT y a la forma de conceptualizar el
enojo: no busca que el individuo tenga menores niveles
de forma interna, sino que pueda experimentar la emo-
ción y cuente con mejores herramientas para regularla/
expresarla asertivamente. Sin embargo, replicar estos
resultados con una muestra de mayor tamaño podría
contribuir a la claricación de los resultados.
Un aspecto a destacar es que en este estudio se
midieron variables que no suelen incluirse en otros,
y sobre las que, por lo tanto, no se han estudiado los
efectos de este tipo de intervenciones. Por ejemplo, las
variables de temperamento rasgo y estado, problemas
interpersonales y calidad de vida.
No obstante, es importante tener en cuenta las li-
mitaciones que presenta este estudio piloto. En primer
lugar, el tamaño muestral pequeño, y la heterogenei-
dad de la muestra no hace posible su generalización a
otros contextos, pudiendo constituir un punto de par-
tida para investigaciones posteriores al respecto. En
segundo lugar, si bien se trataron de consultantes en
tratamiento, no fue criterio de exclusión que realicen
tratamiento DBT especícamente, el impacto del tipo
de psicoterapia individual, la cantidad de sesiones se-
manales o coaching telefónico recibido por cada parti-
cipante no fue reportado. Por las características de la
intervención, tampoco se ha realizado un diagnostico
psiquiátrico especico ni ha sido criterio elegibilidad
para participar del mismo; como grupos de investi-
gación, creemos que los grupos de habilidades trans-
diagnósticos facilitan el reclutamiento y adherencia a
los tratamientos, así como y disminuyen la dispersión
de recursos en entornos de salud mental (Durpoix
et al., 2023). En tercer lugar, el tamaño de la muestra
no hace viable realizar análisis de subgrupos lo que
imposibilitó analizar el impacto de variables como el
momento en el que los participantes ingresan al taller,
cantidad de participantes al momento de realizan el
taller y impacto especico de la intervención en de-
terminados diagnósticos. Otra limitación podría ser
la modalidad virtual en la que se administraron los
instrumentos y se realizaron los encuentros del taller,
desconociéndose el impacto que podría haber teni-
do en los participantes y su resultados, si los mismos
hubiesen sido presenciales. Por otro lado, la duración
23
Estudio piloto sobre el efecto de un taller para el manejo efectivo del enojo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 16-24.
del tratamiento podría delimitar el estudio si se toma
como referencia a Ciesinski y col. (2022) que reporta-
ron que una mayor duración del tratamiento obtenía
mejores resultados. Futuras investigaciones podrán
hacer foco en el análisis de todas las variables con un
mayor número de participantes.
Conclusión
La importancia de este trabajo subyace en que, de
acuerdo al avance del presente estudio y en sintonía
con otras investigaciones, al nalizar el tratamiento se
observó que los pacientes percibían una mayor autoe-
cacia para regular el enojo y una disminución signi-
cativa en los niveles de desregulación emocional. Es
esencial para el campo de la psicoterapia el desarrollo
y evaluación de este tipo intervenciones y que se con-
tinúen llevando a cabo investigaciones en esta área, ya
que, como se mencionó anteriormente, la desregula-
ción emocional está asociada a diversas problemáticas
en salud mental.
Declaración de conictos de intereses: los autores
declaran no tener conictos de intereses.
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Investigación original
25
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 25-32. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.657
RECIBIDO 14/9/2023 - ACEPTADO 10/11/2023
1.Médica especialista en Endocrinología y Metabolismo. Servicio de Diversidad, Sección Endocrinología. Hospital “J. A. Fernández”, Ciudad de Buenos
Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0003-1970-7965
2.Sección Pediatría. Hospital “J. A. Fernández”. https://orcid.org/0009-0008-3947-0233
3.Médica Especialista en Pediatría. Especialista en Adolescencia. Especialista en Medicina Legal. Miembro titular de la “Sociedad Argentina de Pediatría”.
Miembro del Comité De Adolescencia de la Sociedad de Pediatría. Sección Pediatría. Hospital “J. A. Fernández”.
4.Trabajadora social área salud. Miembro del Comité en la Revista Archivos Argentinos de Epidemiología. División Servicio Social. Hospital “Rivadavia”.
5.Licenciada en psicología. Sección Salud Mental. Hospital “J. A. Fernández”.
6.Licenciado en Psicología. Especialista en Psicología Clínica. Profesor Adjunto Pasantías Institucionales I y II (Facultad de Psicología – Fundación
Barceló). Miembro Integrante del Equipo de Diversidad (Hospital General de Agudos Juan A. Fernández). Sección Endocrinología. Hospital “J. A.
Fernández”
Autora correspondiente:
Cecilia Calvar
ceciliacalvar@gmail.com
Lugar de realización del trabajo: Servicio de Diversidad, Sección Endocrinología. Hospital “J. A. Fernández”,
Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Resumen
Introducción: Las personas transgénero sufren de discriminación y estrés de las minorías y con frecuencia
reportan altos índices de vulnerabilidad psicológica. El objetivo de esta investigación fue evaluar la situación
psicosocial de las personas trans que consultaron al Servicio de Diversidad y los factores involucrados en el
riesgo de suicidalidad. Material y métodos: Se recabaron en forma retrospectiva datos demográcos y de vulne-
rabilidad psicológica de las historias clínicas de 934 personas trans de las cuales 359 fueron asignados varón al
nacer y 575 asignados mujer al nacer. Resultados y conclusiones: Las personas asignadas mujer al nacer con-
sultaron a una edad menor y reportaron una mayor frecuencia de bi/pansexualidad. Resultados: Se reportó un
33,1% de abuso sexual, 63,3% de bullying, 40,9% de autolesiones, 52,7% de ideación suicida y 25,2% de intentos
de suicidio, siendo las personas asignadas mujer al nacer, las que presentaron la mayor frecuencia de vulnera-
bilidad psicológica. En el análisis de regresión logística, las variables asociadas a mayor riesgo de autolesiones
y suicidalidad fueron: la menor edad, la orientación bi/pansexual, ser asignado mujer al nacer, el antecedente
de abusos y bullying. Conclusión: Por todo esto se hace necesario elaborar programas de acompañamiento y
prevención del riesgo suicida en esta población.
Palabras clave: transgénero, trans, suicidalidad, ideación suicida, intentos de suicidio
Abstract
Introduction: Discrimination heavily impacts the lives of trans population and causes adverse mental health outcomes.
Little research has described risk of suicidal ideation and suicide attempt among transgender people in Argentina. We
aimed to assess psychological distress and its determinants in trans persons. Materials and method: Electronic medical
records were reviewed to collect self-reported demographic data, sexual orientation, gender identity, self-harm, suicidal
ideation and suicide attempts. The sample consisted of 934 transgender persons: 359 assigned male at birth and 575
Alta frecuencia de vulnerabilidad psicológica de población
transgénero consultante a un hospital público de la Ciudad de
Buenos Aires
High frequency of psychological vulnerability of transgender population consulting at a public
hospital in the City of Buenos Aires
Cecilia Calvar1, Florencia Kuspiel2, Julieta Arbitman3, Adriana Kouos4, Silvina González5,
Marcelo Karasik6
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.657
26
Alta frecuencia de vulnerabilidad psicológica de población transgénero consultante a un hospital público...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 25-32.
Introducción
Las personas transgénero (trans) son aquellas cuya vi-
vencia interna e individual del género (identidad de
género) no se corresponde con el sexo asignado al na-
cer (Coleman et al., 2022). Bajo este término se inclu-
yen personas que se identican como trans, travesti,
transgénero y transexuales, entre otras y aquellas con
género variado y que no se identican necesariamente
con una categoría (géneros no binarios). Las personas
cisgénero, por el contrario, son aquellas cuya identi-
dad de género se corresponde con el sexo asignado al
nacer. En general, las personas trans con identidad de
género femenina binaria se denominan mujeres trans
y aquellas con una identidad de género masculina bi-
naria se denominan hombres trans. Las personas trans
pertenecen a un grupo muy diverso. Si bien algunas
conviven con incongruencia de género y deciden no
hacer ninguna modicación en sus cuerpos, o solo
realizar una transición social, otras deciden recurrir
a intervenciones médicas para adecuar sus cuerpos a
su identidad de género. La cantidad y el tipo de in-
tervenciones que una persona puede elegir, y el orden
en que las haga, pueden variar de persona a persona
e incluyen desde terapia hormonal (TH), utilizando
hormonas del género autopercibido, hasta cirugías de
armación de género que modican las características
sexuales primarias y/o secundarias (Fisher, Castellini,
et al., 2014). En gran parte del mundo, las personas
trans son estigmatizadas y discriminadas a diario, por
ser vistas por el resto de la sociedad como desviadas
sexualmente, inmorales, antinaturales o mentalmente
enfermas (Fisher, Castellini, et al., 2014; Winter et al.,
2016). Esa estigmatización, lleva a muchas personas
trans a experimentar lo que se denomina estrés de las
minorías (Meyer, 2003), lo que afecta negativamente
el bienestar psicológico, físico, social y económico de
las mismas. Es este estrés, lo que en muchos casos ex-
plica las mayores prevalencias de síntomas depresivos
y ansiosos, ideación suicida, intentos de suicidio y alte-
ración psicológica en esta población (Clements-Nolle,
Marx, & Katz, 2006; Kingsbury, Hammond, Johnsto-
ne, & Colman, 2022; Marshall et al., 2016). En el caso
particular de los y las adolescentes trans, es común que
coexistan trastornos externalizados tales como trastor-
no de oposición desaante (de Vries, Noens, Cohen-Ke-
ttenis, van Berckelaer-Onnes, & Doreleijers, 2010). Por
otra parte, parecería haber una mayor prevalencia de
trastornos del espectro autista en adolescentes trans
comparados con la población general de adolescentes
(de Vries et al., 2010).
Las personas trans que se encuentran en etapa post
puberal, habitualmente se acercan a los servicios de
salud para iniciar TH de acuerdo al género autoper-
cibido. De esta forma, las personas asignadas mujer
al nacer (AMN) reciben terapia masculinizante con
testosterona y las personas asignadas varón al nacer
(AVN), reciben terapias de feminización con estróge-
nos y antiandrógenos. En el caso de las personas trans
que consultan en la etapa de inicio de la pubertad, lo
indicado es realizar terapia de bloqueo puberal con
análogos del GnRh, para evitar el avance de los cam-
bios en los caracteres sexuales secundarios del géne-
ro asignado al nacer. Luego de un tiempo de bloqueo
puberal, se inicia la TH. A menudo y por el mismo
estigma y la discriminación que han experimentado
en los servicios sanitarios, el contacto de estas perso-
nas con el sistema de salud es infrecuente (Socias et
al., 2014). Se ha demostrado que, en muchos casos,
el acercamiento a las Unidades de Género con el con-
siguiente abordaje interdisciplinario y la posibilidad
de adaptación de los cuerpos al género autopercibido,
a través de las terapias médicas y cirugías, mejora en
gran medida la vulnerabilidad psicológica (Bartolucci
et al., 2015; Colizzi, Costa, & Todarello, 2014; Fisher,
Ristori, et al., 2014; Gorin-Lazard et al., 2013). Y es
por lo expuesto, que se hace necesario centrar la inter-
vención desde un abordaje integral haciendo eje en lo
interdisciplinar, el acompañamiento, la escucha activa y
las buenas prácticas profesionales. En la Argentina exis-
ten pocos estudios locales, por lo que se requiere reco-
lectar evidencia que permita conocer más acerca de la
situación psicológica de la población trans que consulta
assigned female at birth. Results: 33.1% reported sexual abuse, 63.3% bullying, 40.9% self-harm, 52.7% suicidal
ideation, and 25.2% suicide attempts. Transgender assigned female al birth reported signicantly more psychological
burdens on all measures. In a multivariate model, being younger, sexual minority identication, being assigned female al
birth, having a history of bullying and sexual abuse were positively associated with a history of self-injury and suicidality.
Conclusion: On the basis of the above, we conclude that there is an urgent need to address the welfare and mental
health of transgender individuals.
Keywords: transgender, trans, suicidality, suicidal ideation, suicide attempts
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Alta frecuencia de vulnerabilidad psicológica de población transgénero consultante a un hospital público...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 25-32.
a los servicios de salud para iniciar TH. El objetivo de
este estudio fue evaluar las características de las perso-
nas trans que consultaron al Servicio de Diversidad de
nuestro hospital para inicio de TH, haciendo hincap
en la vulnerabilidad psicológica de las mismas.
Material y métodos
Participantes
Se evaluaron en forma retrospectiva las historias clí-
nicas de las personas que consultaron al Servicio de
Diversidad del Hospital General de Agudos “J. A.
Fernández” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
Argentina, para inicio de TH o bloqueo puberal entre
mayo de 2012 y mayo de 2023. Se incluyeron en el es-
tudio las personas que reportaron presentar un género
diferente del asignado al nacer y que no hubieran reci-
bido terapia con testosterona, estrógenos, antiandró-
genos o análogos del GnRh.
Datos evaluados
Los datos se extrajeron de la primera consulta de la
historia clínica electrónica en la que se recabó la in-
formación durante la entrevista de admisión con los
profesionales tratantes.
El género fue codicado en las siguientes catego-
rías: AMN (incluyendo hombres trans y personas no
binarias AMN) y AVN (incluyendo mujeres trans y
personas no binarias AVN).
La edad de percepción de la incongruencia de géne-
ro fue codicada de la siguiente forma: ≤ 8 y ≥ 9 años.
El apoyo fue categorizado según lo referido por las
personas consultantes en relación al acompañamiento
del núcleo familiar directo y se dividió en 3 categorías:
Sin apoyo (ausencia de apoyo), apoyo parcial (apoyo de
solo una parte) y apoyo total (todo el núcleo familiar).
Durante la entrevista de admisión se registraron
las siguientes características relacionadas con la salud
mental: abuso sexual, bullying, síntomas depresivos,
autolesiones, ideación suicida e intentos de suicidio.
Las mismas se reportaron como presencia de la carac-
terística en el caso de haber ocurrido en algún mo-
mento de la vida.
Todos los participantes rmaron consentimien-
to informado y en caso de ser menores de 16 años el
mismo fue asentido por un adulto mayor responsable.
Análisis estadístico
La edad se reportó como mediana y rango interquar-
tilar (RIC). Para explorar diferencias entre grupos, se
realizó el test de Mann-Whitney U (variables conti-
nuas de distribución no normal) y prueba de Chi-Cua-
drado (variables categóricas). Se realizaron análisis de
regresión logística multivariable para examinar los
posibles predictores de antecedentes de autolesiones,
ideas suicidas e intentos de suicidio. Los datos fueron
analizados utilizando el programa SPSS versión 21.0
(IBM Corp., Armonk, NY, 2012).
Resultados
Entre mayo de 2012 y mayo de 2023 se asistieron en
nuestro Servicio de Diversidad 1451 consultantes (740
AVN y 711 AMN). De estos, 517 reportaron haber re-
cibido TH antes de la primera consulta (340 sin indi-
cación ni supervisión médica). Luego de excluir a las
personas que recibieron TH, quedaron 934 consultan-
tes para el análisis (359 AVN y 575 AMN).
Características sociodemográcas
Las características sociodemográcas de las personas
incluidas pueden verse en la Tabla 1. La mediana de
edad fue de 22 años (RIC 18-26).
La mayoría de las características consignadas fue-
ron similares entre ambos grupos, sin embargo, las per-
sonas AMN consultaron a una edad signicativamente
menor que las AVN (p=0,000) y reportaron con me-
nor frecuencia orientarse como personas no binarias
(X2=17,5, p=0,000). Por otra parte, observamos una
signicativa mayor prevalencia de bi/pansexualidad
en el grupo de AMN (X2=11,1, p=0,001). La homose-
xualidad fue reportada con una frecuencia menor en
ambos grupos (13,3 % y 6 % AVN y AMN, respectiva-
mente) y fue mínimo el porcentaje de consultantes que
manifestó orientarse como asexual (0,9 %).
El 95 % de la población consultante reportó haber
alcanzado un nivel de escolaridad entre secundaria y
terciaria.
La edad de percepción de la incongruencia de géne-
ro fue antes de los 8 años en el 73,3 % de las personas
consultantes, sin diferencias signicativas entre ambos
grupos.
Finalmente, solo el 20,5 % reportó no tener ningún
tipo de apoyo familiar, aunque solo el 57,1 % reportó
apoyo familiar total, con porcentajes similares para am-
bos grupos (ver Tabla 1).
Características relacionadas con la salud
mental
El 33,1 % de la población reportó antecedentes de abu-
so sexual, siendo la mayoría en la infancia y dentro del
entorno familiar. El abuso ocurrió con una frecuen-
cia signicativamente mayor en el grupo de AMN
(X2=11,4, p=0,000). Hubo un porcentaje elevado de
reporte de bullying en la población evaluada (63,3 %).
A diferencia del abuso, el antecedente de haber sufri-
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Alta frecuencia de vulnerabilidad psicológica de población transgénero consultante a un hospital público...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 25-32.
do bullying, se informó con una frecuencia signica-
tivamente mayor en el grupo de AVN que en el grupo
de AMN (X2=4,7, p=0,018).
Otros síntomas relacionados con la salud mental,
como el ánimo depresivo, las autolesiones, la ideación
suicida y el antecedente de intentos de suicidio, tam-
bién se reportaron con alta frecuencia en la población
estudiada (65,1 %, 40,9 %, 52,7 % y 25,2 %, respectiva-
mente). Si bien el reporte de ánimo depresivo no evi-
denció diferencias signicativas entre ambos grupos,
el grupo de AMN reportó una signicativa mayor fre-
cuencia de autolesiones (X2=63,9, p=0,000), ideas suici-
das (X2=10,9, p=0,001) e intentos de suicidio (X2=11,1,
p=0,001) (ver Tabla 2).
La mediana de edad a la cual ocurrió el primer in-
tento de suicidio fue de 15 años [RIC: 13-17].
De las 163 personas que reportaron antecedentes
de intentos de suicidio, 57 informaron haberlo reali-
zado en más de una oportunidad (34,9 %).
Factores involucrados con la presencia de
vulnerabilidad psicológica
En el análisis de regresión logística multivariable, uti-
lizando como variable dependiente el antecedente de
autolesiones, pudimos observar que las variables que
se relacionaron en forma signicativa con el antece-
dente de autolesiones fueron: tener una menor edad,
ser una persona asignada como mujer al nacer, orien-
tarse sexualmente como bi/pansexual y el antecedente
de abusos. Por otra parte no encontramos una rela-
ción signicativa entre el antecedente de autolesiones
y el apoyo familiar, la edad de conciencia de la incon-
gruencia de género ni el antecedente de haber sufrido
bullying (ver Tabla 3).
Por otra parte, utilizando como variable dependien-
te el antecedente de ideas suicidas y/o intentos de suici-
dio, se observó que la orientación sexual bi/pansexual,
el antecedente de abusos y de bullying, fueron las varia-
bles con una signicativa mayor predictibilidad de pre-
sentar ideas suicidas/intentos de suicidio, ver Tabla 4.
Tabla 1. Características sociodemográcas de la población en estudio
CARACTERÍSTICA
TOTAL
n = 924
n (%) o
Med (RIC)
AMN
n = 575
n (%) o
Med (RIC)
AVN
n = 359
n (%) o
Med (RIC)
p
Edad (años) 22 (18-26) 20 (18-25) 23 (20-28) ,000
Escolaridad
Primaria 39 (4,4) 22 (4) 17 (5) NS
Secundaria 491 (55,3) 313 (57,3) 178 (52)
Terciaria 358 (40,3) 211 (38,6) 147 (43,0)
Orientación sexual
Heterosexual 417 (48,4) 242 (45,6) 175 (52,9) ,001
Homosexual 76 (8,8) 32 (6) 44 (13,6)
Bi/Pansexual 361 (41,9) 252 (47,5) 109 (32,9)
Asexual 8 (0,9) 5 (0,9) 3 (0,9)
Género no binario
118 (12,6) 52 (9,0) 66 (18,4) ,000
No 816 (87,4) 523 (91,0) 293 (81,6)
Edad de conciencia de identidad de género
Antes de 8 años 602 (73,3) 361 (71,2) 241 (76,8) NS
Más de 9 años 219 (26,7) 146 (28,8) 73 (23,2)
Apoyo familiar
Total 301 (57,1) 192 (60,2) 109 (52,4) NS
Parcial 118 (22,4) 69 (21,6) 49 (23,6)
Sin apoyo 108 (20,5) 58 (18,2) 50 (24)
Nota: AMN: asignado mujer al nacer. AVN: asignado varón al nacer. Diferencias en variables categóricas: X2.
En negrita, valor de p< 0,05.
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Tabla 2. Características relacionadas con la salud mental
CARACTERÍSTICA
TOTAL
n = 924
n (%)
AMN
n = 575
n (%)
AVN
n = 359
n (%)
p
Abuso sexual
169 (33,1) 121 (38,7) 48 (24,2) ,000
No 342 (66,9) 392 (61,3) 150 (75,8)
Bullying
374 (63,3) 216 (59,8) 158 (68,7) ,018
No 217 (36,7) 145 (40,2) 72 (31,3)
Animo depresivo
352 (65,1) 223 (66,8) 129 (62,3) NS
No 189 (34,9) 111 (33,2) 78 (37,7)
Autolesiones
280 (40,9) 224 (52,6) 56 (21,6) ,000
No 405 (59,1) 202 (47,4) 203 (78,4)
Ideación suicida
336 (52,7) 227 (57,9) 109 (44,5) ,001
No 301 (47,3) 165 (42,1) 136 (55,5)
Intentos de suicidio
163 (25,2) 119 (29,7) 44 (18,0) ,001
No 483 (74,8) 282 (70,3) 201 (82,0)
Nota: AMN: asignado mujer al nacer. AVN: asignado varón al nacer. Diferencias en variables categóricas: X2.
En negrita, valor de p< 0.05.
Tabla 3. Factores asociados con el reporte de autolesiones
CARACTERÍSTICA Sig. Exp(B) IC 95% de la EXP(B)
Inferior Superior
Sin apoyo familiar * ,915 ,963 ,485 1,914
Con apoyo parcial * ,592 1,181 ,642 2,173
Género ,000 3,204 1,827 5,618
Edad ,001 ,923 ,881 ,968
Edad de conciencia ,932 1,026 ,573 1,835
Homosexual ** ,253 1,732 ,675 4,445
Bi/pansexual ** ,021 1,905 1,103 3,290
Abusos ,049 1,716 1,001 2,941
Bullying ,056 1,672 ,988 2,832
Nota: Regresión logística binaria. En negrita, valor de p < 0.05. * Vs. Apoyo familiar total.
** Vs Heterosexual.
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Discusión
En este estudio se reportan las características de 934
personas que consultaron al Servicio de Diversidad de
un hospital público del ámbito de la Ciudad de Buenos
Aires, para inicio de TH por incongruencia de género.
Nuestro estudió evidenció que el 12,6 % de las per-
sonas trans consultantes se autoperciben como perte-
necientes al género no binario. Estos datos son simi-
lares a los reportados en otras investigaciones (entre 7
y 14,7 %) (orne et al., 2019; Tollit et al., 2023; Twist
& de Graaf, 2019).
En concordancia con otros estudios (Clements-No-
lle et al., 2006; Kingsbury et al., 2022; Liu et al., 2019;
Marshall et al., 2016; Surace et al., 2021; orne et
al., 2019; Tollit et al., 2023; Twist & de Graaf, 2019),
observamos una alta frecuencia de antecedentes de
ánimo depresivo, autolesiones, ideación suicida e in-
tentos de suicidio en la población de personas trans
consultantes, siendo que un cuarto de la población
en estudio reportó al menos un intento de suicidio en
su vida, porcentaje que es altamente más prevalente
que la cifra que se reporta en estudios transversales de
población no transgénero que es de entre 0,4 y 4,2 %
(Bertolote et al., 2005; Nock et al., 2008).
Las posibles causas de la elevada suicidalidad de
esta población, incluyen en principio la discrimina-
ción social (Aitken, VanderLaan, Wasserman, Stoja-
novski, & Zucker, 2016). Entre otras posibles razones
se menciona el hecho de ser una persona trans, que
en ocasiones provoca por sí mismo problemas de con-
ducta y emocionales (Aitken et al., 2016). En relación
con esto último, una investigación realizada en ado-
lescentes transgénero evidenció que los mismos eran
más vulnerables al bullying y reportaban una frecuen-
cia signicativamente mayor de discriminación por
género y sexual comparados con diferentes grupos de
personas cisgénero (Fisher et al., 2017). Por otra parte,
teniendo en cuenta que el 73 % de las personas con-
sultantes tuvieron conciencia de la incongruencia de
género en la infancia y que la mayoría de las terapias
se inician en la adolescencia o adultez, el hecho de no
poder expresarse de la forma sentida en relación al gé-
nero durante tantos años tiene un importante impacto
en la salud mental de la persona trans y sus familias
(Westwater, Riley, & Peterson, 2019).
Es de destacar que un tercio de la población con
antecedentes de intentos de suicidio, reportó haberlo
realizado en más de una oportunidad, lo que demues-
tra los altos índices de vulnerabilidad psicológica que
presenta esta población.
Respecto a la edad a la que ocurrió el primer in-
tento de suicidio (15 años), la misma fue menor que
la reportada en un estudio previo de nuestro país (17
años) (Marshall et al., 2016). En el mencionado estu-
dio el 90 % de la población eran AVN y además las
personas AMN, habían reportado una edad al primer
intento de suicidio signicativamente menor (14,5
años) y similar a la reportada por nosotros, por lo que
las diferencias pueden ser explicadas porque en nues-
tro estudio la mayor frecuencia de intentos de suicidio
fue reportada por las personas AMN.
Pudimos observar que las personas AMN presen-
taron una mayor vulnerabilidad psicológica determi-
nada por autolesiones, ideación suicida e intentos de
suicidio. Estas diferencias fueron reportadas previa-
mente en múltiples investigaciones en las que se ob-
servó que las personas AMN presentan mayor riesgo
de autolesiones, ideas suicidas e intentos de suicidio
Tabla 4. Factores asociados con el reporte de ideas suicidas y/o intentos de suicidio
CARACTERÍSTICA Sig. Exp(B) IC 95% de la EXP(B)
Inferior Superior
Sin apoyo familiar * ,881 1,049 ,557 1,977
Con apoyo parcial * ,596 ,856 ,481 1,521
Género ,455 1,212 ,732 2,005
Edad ,114 ,973 ,940 1,007
Edad de conciencia ,157 1,490 ,858 2,590
Homosexual ** ,428 1,233 ,735 2,069
Bi/pansexual ** ,024 2,647 1,140 6,149
Abusos ,000 2,539 1,509 4,271
Bullying ,014 1,836 1,133 2,973
Nota: Regresión logística binaria. En negrita, valor de p < 0.05. * Vs. Apoyo familiar total.
** Vs Heterosexual.
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Alta frecuencia de vulnerabilidad psicológica de población transgénero consultante a un hospital público...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 25-32.
que las AVN (Arcelus et al., 2015; de Graaf et al., 2022;
Fisher et al., 2017; Hartig et al., 2022; Holt, Skager-
berg, & Dunsford, 2016; Miranda-Mendizabal et al.,
2019; Newcomb et al., 2020; Ream, 2019; Rood, Puc-
kett, Pantalone, & Bradford, 2015; oma et al., 2019;
Toomey, Syvertsen, & Shramko, 2018). Esta mayor
tendencia a riesgo de autolesiones y suicida podría
ser explicada en parte por las diferencias biológicas y
hormonales y porque a pesar de que las personas AVN
suelen tener mayor estigmatización, que se observa
por el mayor antecedente de haber sufrido bullying, las
personas AMN tendrían mayores dicultades para li-
diar con la angustia provocada por su imagen corporal,
como fue demostrado previamente (Fisher et al., 2017).
En el análisis de regresión logística multivariable
observamos que el riesgo de autolesiones se vió quin-
tuplicado en las personas AMN y casi duplicado en
aquellas con orientación bi/pansexual y antecedentes
de abuso sexual. Asimismo, fue signicativamente más
frecuente cuanto menor la edad de la persona consul-
tante, siendo las variables más signicativamente pre-
dictoras de tener autolesiones, el género asignado al na-
cer y la edad. Respecto al riesgo suicida (ideas suicidas
y/o intentos de suicidio), haber sufrido episodios de
abuso sexual fue la variable que más signicativamente
lo predijo, siendo que el mismo se vió elevado en más
de 2 veces en las personas con orientación bi/pansexual
y aquellas con antecedentes de abuso y casi duplicado
en las que reportaron antecedentes de bullying.
Llamativamente la presencia de apoyo familiar
parcial o total, no apreció como un factor protector
del riesgo de autolesiones ni de suicidalidad. Esto últi-
mo podría explicarse por el hecho de que la discrimi-
nación, el estigma social, el estrés de las minorías y el
sufrimiento que conllevan las dicultades para el ac-
ceso a la transición, así como los antecedentes traumá-
ticos vivenciales (como el abuso), son situaciones que
podrían generar niveles tan elevados de angustia, que
ni siquiera el hecho de tener una familia continente
lograría superar los riesgos de autolesiones, ideación
suicida e intentos de suicidio.
Teniendo en cuenta la asociación empírica que
existe entre la depresión, ideación suicida e intentos
de suicidio (Nock et al., 2008), identicar los factores
predictores de suicidalidad es imperativo para desa-
rrollar estrategias que mejoren la salud psicosocial de
las personas trans.
Este estudio tiene algunas limitaciones. En primer
lugar su carácter retrospectivo, por la posible existencia
de subregistro en los archivos médicos y/o reportes in-
consistentes que pueden haber resultado en la falta de
datos. Por lo tanto los resultados deben ser interpreta-
dos con cautela y se recomiendan estudios prospectivos
para conrmar nuestros hallazgos. En segundo lugar,
en cuanto a la metodología, las variables psicosociales
fueron medidas solo por autoreporte sin comparar es-
tos datos con más información de otras fuentes como
los padres y como este no es el resultado de una encues-
ta especialmente diseñada para evaluar ideas suicidas e
intentos de suicidio, no pudimos examinar la frecuen-
cia, la naturaleza, la duración del comportamiento sui-
cida ni si los intentos de suicidio informados estaban
especícamente relacionados con la identidad transgé-
nero. Por último, los resultados de este estudio no son
generalizables a toda la población trans, ya que nuestra
muestra estuvo compuesta por personas consultantes a
un hospital público lo que diculta generalizar los re-
sultados a las personas que se asisten en servicios de sa-
lud privados o a aquellas que directamente no realizan
consultas médicas.
A pesar de sus limitaciones, está investigación des-
taca que la población trans presenta una importante
vulnerabilidad psicológica. La evidencia obtenida va en
línea con otros estudios realizados en Europa, Australia
y Estados unidos. Finalmente puede destacarse que esta
investigación suma evidencia respecto a las caracterís-
ticas sociodemográcas y psicosociales de una parte de
la población trans consultante de la Argentina.
Conclusiones
Los resultados indican que las personas trans, espe-
cialmente AMN, de menor edad, pertenecientes a mi-
norías sexuales y con antecedentes de abuso sexual y
bullying tienen mayor riesgo de autolesiones, ideación
suicida e intentos de suicidio. Los programas de pre-
vención de suicidios dirigidos especícamente a per-
sonas transgénero y géneros no binarios, así como la
atención de armación de género para personas trans,
pueden ayudar a reducir la carga de las tendencias sui-
cidas en este grupo. Dado que estas tendencias fueron
parcialmente mediadas a través de la experiencia de
bullying, los programas de prevención dirigidos a la
concientización pública pueden conducir a una re-
ducción de la experiencia de estrés de las minorías,
disminuyendo el riesgo de suicidalidad. Los resultados
resaltan la necesidad del abordaje interdisciplinario de
las personas que demandan terapias de armación de
género y contribuyen a destacar la necesidad de ex-
pandir la oferta de servicios de salud mental para esta
población, así como la sostenibilidad de los mismos.
Declaración de conictos de intereses: los autores
declaran no tener conictos de intereses.
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 25-32.
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Investigación original
33
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.658
RECIBIDO 29/12/2023 - ACEPTADO 7/4/2024
1.Lic. en Psicología. Docente e investigador de la Universidad Siglo 21, sede Río Cuarto, Córdoba, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-9136-3119
2.Docente e investigador de la Universidad Siglo 21, sede Río Cuarto, Córdoba, Argentina. https://orcid.org/0000-0003-4008-3317
Autor correspondiente:
Guillermo Aizcorbe
guillermo.aizcorbe@ues21.edu.ar
Institución en la que se realizó la investigación: fue conducida por la Universidad Siglo 21, sede Río Cuarto y se llevó a cabo en las siguientes
instituciones educativas: I.P.E.M 203 “Dr. Juan Bautista Dichiara”, Colegio “San Buenaventura” y Colegio “Santa Eufrasia”,
de la ciudad de Río Cuarto, Córdoba.
Resumen
Introducción: El propósito de esta investigación es dar cuenta del estado de situación de la conducta autolesiva
y sus asociaciones con diferentes aspectos de la desregulación emocional. Materiales y método: Se realizó una
investigación de diseño cuantitativo no experimental, observacional, descriptivo y transversal, llevada a cabo
en 3 colegios secundarios de la ciudad de Río Cuarto, Córdoba, durante el desarrollo de un programa de ex-
tensión auspiciado por la Universidad Siglo 21. Se aplicó la escala DERS con el propósito de obtener informa-
ción sobre la desregulación emocional y la escala CRA para valorar la conducta autolesiva. Resultados: Fueron
encuestados un total de 107 alumnos, de los cuales el 43% manifestó haberse autolesionado al menos una vez;
dentro de este grupo, el 5,35% expresó que “frecuentemente” o “siempre” lo hizo con intención de quitarse
la vida. Discusión: Se presentan resultados que indican que la autolesión es un fenómeno creciente dentro de
la población adolescente, que la edad de inicio tiende a adelantarse en relación a la literatura vigente y que
los sujetos con mayores dicultades en la regulación emocional presentan más frecuencia de pensamientos y
conductas autolesivas. En este estudio se presenta un solapamiento entre la conducta autolesiva y los intentos
de suicidio. Conclusión: El presente estudio encuentra una alta frecuencia de adolescentes con autolesión, con-
rmando la tendencia al alza y una fuerte inuencia de factores anímicos al momento de realizar la conducta,
especialmente de dicultades en el control de impulsos.
Palabras clave: autolesión, regulación emocional, adolescencia
Abstract
Introduction: The purpose of the current research is to know the status of self-harm behavior and its associations with
different aspects of emotional dysregulation. Materials and Methods: A non-experimental, observational, descriptive
and transversal research took place in three different high-schools of Río Cuarto city, Córdoba, Argentina, during the
realization of an extension program conducted by Siglo 21 University. DERS scale was applied looking for information
relative to emotional dysregulation and CRA scale to assess self-harm behavior. Results: In total, 107 students were
enquired, of which 43% manifested that they had harmed themselves at least once; in this group, 5,35% expressed that
“frequently” or “always” did it with suicidal intention. Discussion: Results indicates that self-harm behavior is growing
up between adolescent’s population, that the start age tends to be lower than current literature suggests and that
subjects with bigger emotional dysregulation difculties presents more frequency of thoughts and self-harm behavior.
In this study, self-harm behavior and suicidal attempts tend to overlap. Conclusion: The current research nds a high
frequency of adolescents with self-harm behavior, conrming a growing up tendency and a strong inuence of emotio-
nal elements at the moment of deciding whether self-harm or not, specially difculties in impulse control.
Keywords: self-harm, emotional regulation, adolescence
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Emotional regulation and self-harm risk in adolescents
Guillermo Aizcorbe1, Mario Nicolás Gallo2
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.658
34
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
Introducción
El propósito de este trabajo es dar cuenta del estado de
situación de la conducta autolesiva, fenómeno de cre-
ciente interés entre la comunidad cientíca, determi-
nar aspectos epidemiológicos y establecer sus modos
de presentación más frecuentes. Simultáneamente, se
estudian los recursos de regulación emocional en las
personas que se autolesionan, así como algunas carac-
terísticas sociodemográcas.
Autolesión
En términos generales, se puede denir a la autolesión
como una conducta en la cual las personas se lesionan
o dañan a sí mismas sin una intención de suicidio o de
desviación sexual (DeCS, 2023).
Si bien existen puntos de acuerdo, la conducta au-
tolesiva no tiene una denición unívoca ni una deli-
mitación causal exclusiva, su origen, causas y com-
prensión son multicausales, lo cual da cuenta de un
fenómeno complejo con múltiples determinantes. La
literatura cientíca sobre el tema muestra acuerdo en
la participación de factores cognitivos, conductuales,
afectivos, contextuales y biológicos (De la Sancha Vi-
lla et al., 2020).
Históricamente considerada un fenómeno subsi-
diario de algunos cuadros psicopatológicos, verbigra-
cia, el trastorno límite de personalidad (Flores Soto
et al., 2018), en las últimas décadas se ha focalizado
su estudio y denición autónoma, constituyendo un
cuadro independiente (American Psychiatric Asso-
ciation, 2014; Villarroel et al., 2013).
La bibliografía consultada, acuerda en delimitar
operacionalmente a la autolesión como un acto de
expresión y regulación de emociones, sin tener, en
términos generales, intenciones deliberadas de dar-
se muerte (Flores Soto et al., 2018). De este modo,
al menos conceptualmente, se excluyen los intentos
suicidas de las conductas autolesivas, aunque la expe-
riencia clínica indica que no siempre es sencillo esta-
blecer una separación nítida entre ambas conductas
y, además, algunos estudios dan cuenta de que la pre-
sencia de conductas autolesivas es un predictor con-
sistente sobre intentos de suicidio posteriores (Heath
et al., 2009); sin embargo, la probabilidad de que este
fenómeno prediga posteriores intentos suicidas es
considerada baja (Walsh, 2000). Especícamente, se
ha determinado que alrededor del 5% de los sujetos
que han tenido conducta autolesiva llegan al suicido
consumado (Villarroel et al., 2013).
Indagaciones respecto de la prevalencia del fenó-
meno, indican que en la población general, al menos
el 4% ha tenido una situación de autolesión (Chá-
vez-Flores et al., 2019). Respecto de la población ju-
venil, los estudios realizados en países europeos y/o
en los EE. UU., muestran que entre el 14 y el 39% se
ha autolesionado al menos una vez (Albores Gallo et
al., 2014), algunos estudios arrojan porcentajes inclu-
so mayores, cercanos al 50% de la población juvenil
general (Briere & Gil, 1998).
En Latinoamérica, los estudios disponibles, acuer-
dan, en términos generales (aunque los rangos son
amplios), respecto del nivel de prevalencia del fenó-
meno; por ejemplo, se observa una prevalencia cer-
cana al 17% en jóvenes mexicanos (Sánchez, 2018).
Cifras algo superiores se encuentran en Albores Gallo
et al. (2014) y Chávez-Flores et al. (2019), cercanas al
34% y 19% respectivamente.
Considerando los modos de autolesión, cortarse es
la forma más común (Nock et al., 2006; Zlotnick et
al., 1999) mientras que otras formas secundarias las
constituyen golpes en el propio cuerpo, golpearse con
algún objeto, quemaduras y excoriaciones de heridas
(De la Sancha Villa et al., 2020). Los resultados de es-
tudios latinoamericanos concuerdan con esta prima-
cía, agregando otros modos: mordidas o pellizcos en
la piel como métodos subsidiarios (Albores Gallo et
al., 2014; Chávez-Flores et al., 2019). Algunos autores
incorporan el consumo en dosis excesivas de sustan-
cias como un modo de autolesión (Yates et al., 2008),
factor que se incluye al momento de relevar datos (por
ejemplo, el SHBQ).
Respecto a las consideraciones sociodemográ-
cas, numerosos estudios destacan que la autolesión
se presenta de manera más frecuente entre mujeres
(Villarroel et al., 2013; Walsh, 2000) aunque otros
han encontrado tasas similares en la distribución por
géneros (Bautista Hernández et al., 2022; Nock et al.,
2006). Otros estudios (Alderman, 1997; Heath et al.,
2009) muestran que las frecuencias por género tien-
den a igualarse cuando las indagaciones utilizan una
denición estricta de autolesión, excluyendo intentos
de suicidio (Sánchez, 2018). En relación a las edades
de inicio de la conducta autolesiva, se ubican, en gene-
ral, en la pubertad: 11,9 años de promedio, con rangos
entre 6 y 15 años en (Sánchez, 2018); entre 11 y 13
años en (Whitlock et al., 2006).
Regulación emocional
La regulación emocional abarca aquellos procesos,
tanto internos como externos, responsables de mo-
nitorear, evaluar y modicar los estados emocionales
con el propósito de cumplir metas planteadas (Gratz
35
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
& Roemer, 2004). Se comprende a la regulación emo-
cional como un proceso variable y dinámico que ac-
túa sobre la modicación de las reacciones emocio-
nales para cumplir ciertas demandas, permite regular
la intensidad o duración de los estados emocionales
buscando nes adaptativos o cumplimiento de metas.
Requiere una serie de habilidades complementarias,
especialmente cognitivas y conductuales, que permi-
tan evaluar y modular la ocurrencia y manifestación
de las emociones (Medrano & Trógolo, 2014).
Existe consenso en cuanto a que las emociones son
pasibles de cierto control y dominación, las personas
pueden ser capaces de incrementar, disminuir o man-
tener sus emociones de acuerdo a intereses o necesi-
dades (Hervás & Jódar, 2008).
La regulación emocional, se reere, esencialmente,
a la capacidad de inhibir impulsos o reacciones desa-
daptadas e involucra cuatro dimensiones: a) concien-
cia y claridad emocional, b) aceptación de la emoción,
c) habilidad para mantener el comportamiento dirigi-
do a una meta y el control de impulsos y d) acceso a
estrategias de regulación emocional (Berking & Wu-
pperman, 2012).
Así, la desregulación emocional deviene de la au-
sencia total o parcial de alguna o de todas las habilida-
des mencionadas (Berking & Wupperman, 2012), ca-
racterizada por un décit en estrategias de adaptación
o su utilización de manera disfuncional al momento
de generar respuestas emocionales.
Materiales y métodos
La presente investigación se realizó durante el desa-
rrollo de un programa de extensión llevado a cabo
desde la Universidad Siglo 21, sede Río Cuarto, en el
cual se abordaron temáticas tendientes a la prevención
y promoción de la salud mental en la adolescencia.
La población estuvo constituida por los y las ado-
lescentes que participaron del mencionado programa,
bajo la dinámica de talleres psicoeducativos.
Participantes
Participaron 107 jóvenes que asistieron al “Taller psi-
coeducativo sobre Salud Mental, un acercamiento
preventivo con adolescentes en el nivel secundario,
llevado a cabo en 3 escuelas secundarias (2 de ellas
privadas, 1 pública) de la ciudad de Río Cuarto, Ar-
gentina. El 61.68% de casos perteneció al sexo fe-
menino y el 38.31% al masculino. El rango de edad
osciló entre 12 y 18 años (M= 15.15; DE= 1.43). Las
unidades de observación del presente estudio son to-
dos los adolescentes que asistieron a los mencionados
talleres. Se excluyó aquellos que no podían responder
el cuestionario de manera autónoma, especícamente
que no podían leer ni escribir.
Procedimiento
Las instituciones educativas involucradas fueron con-
vocadas, en primera instancia, a participar de los ta-
lleres preventivos. Luego de su aceptación, se envió
un pedido de autorización al personal directivo de las
escuelas para realizar el proceso de recolección de da-
tos durante la realización del taller; una vez obtenido,
se envió solicitud de consentimiento informado a los
tutores de los menores. Finalmente, los menores te-
nían la opción de aceptar o rechazar la participación
en el estudio. La recolección de datos se llevó a cabo
en el transcurso de los mencionados talleres, especí-
camente en el segundo encuentro, durante una pausa.
Se presentó a los estudiantes el formulario, explicando
los objetivos y alcances de la investigación y aclaran-
do la posibilidad de aceptación o no a través del con-
sentimiento informado presente en la primera página
del formulario. Los datos se obtuvieron de manera
anónima y condencial, aspecto reiterado tanto en la
presentación como en el desarrollo del formulario a
través de leyendas aclaratorias.
El formulario se presentó en formato online (Goo-
gle forms) o en papel, de acuerdo a la posibilidad de
cada participante de acceder a Internet.
Este trabajo recibió la aprobación del comité de
ética del Instituto Médico Río Cuarto.
Instrumentos
El CRA (Cuestionario de riesgo de autolesión) es un
instrumento desarrollado en México y validado en
población adolescente (Solís Espinoza & Gómez-Pe-
resmitré, 2020). El cuestionario fue elaborado pre-
sentando una sección de 16 ítems, tanto dicotómicos
como politómicos, explorando la presencia de auto-
lesión, intención de realizarla, frecuencia de la mis-
ma y factores de contagio social (Solís Espinoza &
Gómez-Peresmitré, 2020). Los ítems se elaboraron
en base a la literatura y se sometieron a procedimien-
tos de evaluación de expertos, análisis en cuanto a la
comprensión y signicado de los ítems, validez del
constructo (análisis factoriales) y consistencia inter-
na (coecientes alfa y omega) (Solís Espinoza & Gó-
mez-Peresmitré, 2020).
La escala DERS fue inicialmente desarrollada por
Gratz y Roemer en el año 2004, luego adaptada al idio-
ma español por Hervás y Jódar en 2008. En Argentina,
el instrumento ha sido adaptado a la población local
por Medrano y Trógolo en 2014.
36
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
El instrumento fue originalmente desarrollado
para ser utilizado en poblaciones clínicas; los estudios
posteriores y las diferentes adaptaciones a diversos
medios e idiomas destacó la utilidad de la escala en
poblaciones no clínicas (Medrano & Trógolo, 2014).
Se utiliza la versión adaptada al medio argentino
(Medrano & Trógolo, 2014), reducida a 28 ítems agru-
pados en 6 factores: 1) Dicultades en el control de
impulsos (6 ítems); 2) Acceso limitado a estrategias de
regulación emocional (3 ítems); 3) Falta de aceptación
emocional (6 ítems); 4) Interferencia en conductas diri-
gidas a metas (5 ítems); 5) Falta de conciencia emocio-
nal (4 ítems invertidos); 6) Falta de claridad emocional
(4 ítems). En esta versión, la escala total presenta una
elevada consistencia interna (α de Cronbach: 0.93)
Análisis
Los datos sociodemográcos fueron descriptos a par-
tir de la distribución de frecuencia en los datos categó-
ricos y las medidas de resumen para los mensurables.
Las comparaciones que incluyan estos datos se efectuó
usando el test “t” de Student o ANOVA, según la natu-
raleza de la variable. El análisis de relación entre CRA
y DERS se realizó a través del coeciente de Pearson.
Resultados
En primer lugar, se calcularon las medias y desviacio-
nes estándar para grupo y para cada variable, agrupa-
das en factores, de acuerdo a cada instrumento. En el
CRA, en el factor “frecuencia, mostró valores míni-
mos de 4 y máximos de 16; el “componente adictivo,
mínimo de 6 y máximo de 20 y el factor “contagio so-
cial” de 3 y 6 respectivamente. En la escala DERS, el
factor “aceptación emocional” tuvo un valor mínimo
de 6 y máximo de 30; en “interferencia a metas” los
valores mínimos y máximos fueron 6 y 25, respecti-
vamente; en “dicultades en el control de impulsos” se
hallaron mínimos de 6 y máximos de 30; en “concien-
cia emocional” los valores fueron de 4 y 20; en “clari-
dad emocional” el mínimo fue 5 y el máximo 20 y en
el factor “estrategias de regulación, los valores fueron
3 y 15. Luego se procedió a realizar estudios compa-
rativos entre la variable “género” y cada factor de cada
instrumento. Se halló que en el factor “frecuencia” del
CRA, las mujeres tuvieron una media signicativa-
mente más alta que los hombres (t=2.32; p<.05) (ver
Figura 1).
No se halló diferencia signicativa en los demás
factores del CRA. En cuanto a la escala DERS, a ex-
cepción del factor “conciencia emocional, las medias
distribuidas por género mostraron diferencias signi-
cativas. Por ejemplo, en el factor “aceptación emocio-
nal” la diferencia entre las medias mostró valores de
t=3.1 (p<.05), al igual que en “interferencia a metas
(t=2.6; p<.05) y “claridad emocional” (t=3.8; p<.05).
El CRA, permite establecer diferencias entre quie-
nes han tenido pensamiento autolesivo, quienes lo han
efectuado y quienes se arrepintieron antes de hacerlo.
Dentro de los encuestados, el 56.1% manifestó haber
tenido pensamientos sobre autolesionarse, aunque el
75% de ese grupo no llegó a realizar la autolesión, es
decir, se arrepintió antes de hacerlo (42.1% del total de
encuestados).
Tanto en haber tenido pensamientos autolesivos,
como en haberse arrepentido antes de hacerlo, exis-
te una marcada primacía de casos femeninos, 70% y
71.1% respectivamente.
Respecto a la autolesión efectivamente realizada, el
43% de la muestra respondió haberlo hecho al menos
una vez. También aquí se comprueba una mayoría de
casos femeninos, el 71.7% (ver Tabla 1).
Figura 1. Distribución por género de la media en el
factor “frecuencia”. Río Cuarto, 2022/23
Fuente: elaboración propia
Tabla 1. Distribución por género del pensamiento y conducta autolesiva. Río Cuarto, 2022/23
¿Alguna vez has pensado en lastimarte a propósito? ¿Alguna vez te has lastimado a propósito?
Masculino Femenino Total Masculino Femenino Total
16.8% 39.3% 56.1% 12.1% 30.8% 43%
Fuente: elaboración propia
37
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
En cuanto a la edad de inicio, se encuentra una
media de 12,9 años para la primera conducta autole-
siva, con una desviación estándar de 1.56. Se hallan 2
casos (1.9%) con edad de inicio a los 8 años y ningu-
no después de los 16 años (el máximo de edad de la
muestra es 18 años).
Se puede observar que la ideación suicida ha estado
presente en el grupo con autolesión, dado que el 50 %
de los estudiantes que se autolesionaron manifestó que
alguna vez” tuvo intención de quitarse la vida al mo-
mento de la autolesión, porcentaje que sube a 60.9 %
si se agregan las opcionesfrecuentemente osiempre
(ver Figura 2).
En relación a los modos de autolesión, “cortadas” es
el método más frecuente, utilizado por el 29 % de la
muestra. “Rayar o marcar la piel” y “golpearse a pro-
sito” presentan frecuencias elevadas, representando, en
cada caso, el 24.3 % (vale destacar que en este apartado
los participantes podían marcar más de una opción).
Dentro de los sujetos con autolesión, el 64.7 % ma-
nifestó utilizar más de un modo de forma combina-
da. Quienes sólo utilizaron un modo de autolesión,
recurrieron esencialmente a “cortadas” y “marcarse y
rayarse la piel.
El CRA permite establecer medidas respecto de
dos factores importantes en la conducta autolesiva: el
componente adictivo y la inuencia social. Respecto al
componente adictivo, descrito como “dicultad para
dejar de lastimarse” (Solís Espinoza & Gómez-Peres-
mitré, 2020), arroja puntajes con valores comprendidos
entre 6 y 20, con una media de 11.4 y una desviación
estándar de 4.1. En cuanto al “contagio social”, factor
que busca reunir información sobre la inuencia de
pares, medios de comunicación o redes sociales como
determinantes al momento de autolesionarse, muestra
valores máximos de 6, con una media de 4. No existen
puntos de corte para estos valores predeterminados en
la confección del instrumento; se hacen algunas consi-
deraciones al respecto en el apartado “Discusión.
Se procedió a analizar los distintos factores com-
ponentes de la escala DERS y los de la escala CRA a
través del coeciente de correlación de Pearson.
El factor “frecuencia” del CRA, correlacionó de ma-
nera directa y positiva con todos los factores de DERS,
siendo esta correlación débil en los factores “falta de
aceptación emocional, “interferencia en conductas di-
rigidas a metas, “falta de claridad emocional” y “acceso
a estrategias de regulación emocional”; mientras que el
factor “dicultades en el control de impulsos, correla-
cionó de manera directa y moderada con el mismo fac-
tor de CRA. En este apartado, no se halló correlación en
el factor “falta de conciencia emocional.
Tomando el factor “contagio social” del CRA, se
halla una correlación débil y directa en los factores
falta de aceptación emocional, “interferencia en con-
ductas dirigidas a metas, “dicultades en el control de
impulsos” y “falta de conciencia emocional, al tiempo
que los factores “falta de claridad emocional” y “acce-
so limitado a estrategias de regulación emocional, no
mostraron correlación signicativa.
El factor del CRA que presentó las correlaciones
más fuertes es el “componente adictivo, presentando
una correlación directa y moderada con todos los fac-
tores del DERS y directa y fuerte con el factor “dicul-
tades en el control de impulsos.
Discusión
La autolesión es un fenómeno de creciente interés en
la comunidad cientíca puesto que constituye un fac-
tor de riesgo en la población adolescente y juvenil (So-
lís Espinoza et al., 2023). Si bien existen estudios que
analizan el rol de los factores anímicos en la conducta
autolesiva (Wol et al., 2019), hay escasez de publi-
caciones que relacionen las dimensiones emocionales
especícas que inuyen en la autolesión (Schmidt et
al., 2023). Sumado a esto, la literatura cientíca de-
dicada al tema en Latinoamérica y puntualmente en
Argentina es aún más escasa. Por estas razones, el ob-
jetivo del presente trabajo fue dar cuenta del estado de
situación del fenómeno de la autolesión en estudiantes
secundarios de la ciudad de Río Cuarto, Argentina y
establecer asociaciones con los estados emocionales
Figura 2. Ideación suicida al momento de la autolesión.
Río Cuarto, 2022/23
Fuente: elaboración propia
38
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
que puedan inuir en la determinación de llevar a
cabo esta conducta.
A partir de los datos encontrados, se pueden ex-
traer las siguientes consideraciones.
En primer lugar, el porcentaje de sujetos con pen-
samiento autolesivo, y de aquellos que efectivamente
han llevado a cabo la autolesión, es más elevado que
lo expuesto en otros reportes (56.1% y 43% respec-
tivamente). Por ejemplo, el trabajo pionero de Gratz
(2001) establecía que un 4% de la población general
se había autolesionado. En Frías et al. (2012) halla-
mos porcentajes de entre el 6 y el 16% y en Ulloa et al.
(2013) la variación oscila entre 13 y 23%. Si se reduce
el grupo etario a la población juvenil (de 12 a 25 años),
los porcentajes varían entre el 14 y el 39% en Heath et
al. (2009) y en Calvete et al. (2015).
Estos resultados corroboran la tendencia general
manifestada en la literatura sobre el tema: la autole-
sión es un fenómeno más frecuente entre la población
adolescente y juvenil respecto de otros grupos etarios
y su prevalencia tiene una tendencia en alza (Solís Es-
pinoza et al., 2023; Torok et al., 2023). Las razones por
las cuales pueda explicarse esta tendencia siguen sien-
do poco claras, aunque se aducen modicaciones en la
estabilidad del humor en la entrada de la adolescencia
(Torok et al., 2023), consecuencias de la pandemia por
COVID-19 (Solís Espinoza et al., 2023), entre otras.
Este apartado requiere la consideración de factores
sociales, culturales y epocales que puedan ser deter-
minantes, lo cual excede el propósito de este estudio.
La distribución por género muestra una mayor
presencia de casos femeninos, tanto en los pensamien-
tos autolesivos como en la conducta realizada (70% y
71.7% respectivamente de los casos positivos). Estos
resultados concuerdan con lo expresado por Brie-
re y Gil (1998) y Suyemoto (1998) y conrman una
armación clásica sobre las autolesiones que destaca
que se trata de un fenómeno predominante femenino
(Gra y Mallin, 1969, Simpson, 1975), citados por Doc-
tors (2007). En estudios más recientes, tanto Frías et al.
(2012) y Castro et al. (2014) conrman esta tendencia.
Hay, sin embargo, otros trabajos que muestran una dis-
tribución similar entre casos masculinos y femeninos,
por ejemplo, Nock et al. (2006) y Yates et al. (2008); por
otro lado, Albores Gallo et al. (2014), tras una revisión
sistemática de la bibliografía, indican que las frecuen-
cias por género tienden a igualarse cuando el instru-
mento utiliza una denición estricta de autolesión,
excluyendo los intentos de suicidio, armación que no
puede comprobarse en el presente estudio, puesto que
el CRA distingue claramente las autolesiones sin inten-
ción suicida de los intentos de suicidio.
En relación a la edad de inicio, se halla una media
de 12.9 años para la primera vez, teniendo algunos co-
mienzos en la infancia (8 años) y ninguno después de
los 16 años. Los resultados concuerdan con otros es-
tudios, por ejemplo, Albores-Gallo et al. (2014), Gon-
zales Rodríguez (2017) y Cifuentes Escobar (2018).
Klonsky (2010) encuentra una edad de inicio algo más
tardía, 14.1 años.
La revisión de los estudios dedicados al tema indi-
ca una tendencia a un comienzo progresivamente más
temprano de la conducta autolesiva.
Con respecto a los modos de autolesión, “cortadas
es el modo más frecuentemente utilizado, el 29% de la
muestra recurrió a este método, lo cual concuerda con
la mayoría de la bibliografía consultada, así lo expresan
Briere et al. (1998), Ulloa Flores et al. (2013) y Cifuen-
tes Escobar (2018), entre otros. Lo mismo sucede con
otras formas secundarias como “rayar o marcar la piel”
o “golpearse a sí mismo. La mayor parte de los sujetos,
el 64.7%, utiliza más de un modo de autolesión, aspecto
también destacado por otros estudios similares.
No se registra una diferencia signicativa entre
modos de autolesión y género, ambos utilizan alguna
forma de dañar supercialmente la piel como modo
principal (cada instrumento recurre a una descrip-
ción levemente diferente del método), así se halla, por
ejemplo, en Albores-Gallo et al. (2014) y De Maio et
al. (2019), entre otros, a diferencia de lo que encuentra
González Rodríguez (2017), quien señala que los gol-
pes son más frecuentes entre los varones y las cortadas
entre las mujeres.
La relación entre autolesión e intentos de suicidio
es motivo de discusión de larga data. El citado estudio
de Nock et al. (2006) muestra que la autolesión puede
considerarse un predictor de intentos de suicido pos-
teriores, aunque Walsh (2006) ha determinado una
baja probabilidad de que este fenómeno termine en
suicidio. El trabajo de Villarroel et al. (2013) establece
que alrededor del 5% de los sujetos que han tenido
conducta autolesiva llegan al suicido consumado. Por
otro lado, los sujetos con intentos suicidas tienden a
autolesionarse (Orri et al., 2023). Si bien el tamaño de
la muestra del presente estudio obliga a la cautela, vale
destacar que un porcentaje elevado, el 50%, de quienes
se autolesionaron manifestaron que “alguna vez” han
tenido intención de quitarse la vida al momento de
hacerlo, si a esto se añade que el 10.9% respondió que
frecuentemente” o “siempre” tuvo intención suicida
39
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
al realizar la autolesión, la proporción crece. Desde la
denición de los criterios diagnósticos para la autole-
sión no suicida (NSSI, por sus siglas en inglés) (Ameri-
can Psychiatric Association, 2014) la comunidad cien-
tíca ha puesto énfasis en deslindar conceptualmente
ambos fenómenos, haciendo foco en que la autolesión
es, principalmente, una estrategia de afrontamiento
ante estados emocionales desbordantes y, por lo tan-
to, una manera de seguir viviendo. En los resultados
que aquí se presentan, parece haber un solapamiento
entre estas conductas. Una posible explicación es que,
si bien se trata de conductas complejas de determina-
ción múltiple, en ambos casos se comparte un estado
emocional que el sujeto percibe como abrumador y
del cual busca salir sin contemplar las consecuencias
a mediano o largo plazo; se trata de una necesidad ur-
gente que debe ser resuelta de alguna manera. Por otro
lado, al tratarse de una población adolescente (media
de 15.1 años) el concepto de muerte aparece como una
abstracción en proceso de construcción y puede di-
ferir de la idea de muerte en la vida adulta (Soutullo
Esperón, 2009).
La inuencia de los factores anímicos en la decisión
de autolesionarse, es uno de los objetivos principales
del presente trabajo. Si bien se halló algún tipo de co-
rrelación en todos los casos, la intensidad de la misma
varía de acuerdo a cada factor. Uno de los principales
resultados indica que los sujetos que presentan mayores
dicultades en el control de impulsos han realizado au-
tolesiones con mayor frecuencia, lo cual se explica des-
de la denición conceptual más moderna de autolesión:
una estrategia de regulación emocional frente a un esta-
do anímico desbordante (Flores Soto et al., 2018; Taylor
et al., 2018). Aquí conviene recordar que un porcentaje
importante de individuos, el 71.1%, manifestaron ha-
ber tenido intención de autolesionarse pero se arrepin-
tieron justo antes de hacerlo, lo cual indica el acceso
a estrategias de regulación emocional y de control de
impulsos en estos sujetos, al menos en algunas ocasio-
nes (no puede descartarse que los mismos individuos se
hayan autolesionado en otra oportunidad).
Algunas dimensiones del DERS han sido vincu-
lados de manera más estrecha con la conducta au-
tolesiva, en particular, “acceso limitado a estrategias
de regulación” (Wol et al., 2019). Esta primacía no
se corrobora en la presente muestra, siendo, como se
mencionó, las dicultades en el control de impulsos el
elemento más determinante.
Los resultados presentados por Schmith (2023),
indican que el factor que predice mejor la presencia
de autolesiones es “falta de aceptación emocional,
constructo que es determinante en las dicultades en
el control de impulsos, puesto que los individuos más
impulsivos tienen mayores dicultades en identicar
y aceptar sus estados emocionales (Gratz & Roemer,
2004). La llamada “urgencia negativa, denida como
una tendencia a actuar precipitadamente cuando se
experimentan emociones negativas, se asocia con ma-
yor frecuencia de autolesiones (Schmidt et al., 2023).
Vale indicar que este concepto presenta evidentes se-
mejanzas con las “dicultades en el control de impul-
sos. Al mismo tiempo, el citado autor indica que este
factor del DERS se asocia con mayor riesgo de que la
conducta autolesiva se mantenga en el tiempo, lo cual
en el presente estudio se identica como “componen-
te adictivo. Es interesante destacar que este factor del
CRA, que reúne información sobre las dicultades
para abandonar la conducta, es el que más fuertemen-
te correlaciona con los elementos emocionales del
DERS, con todos los factores.
Puede concluirse que la autolesión no es una con-
ducta controlada en términos volitivos, los sujetos se
autolesionan de manera compulsiva, incluso aunque
sus respuestas al ítem “qué tanto quisieras volver a las-
timarte” sea “nada.
En el CRA, si bien en la confección del instrumen-
to no existe un punto de corte que determine mayores
o menores dicultades para discontinuar la conduc-
ta autolesiva, puede considerarse que puntajes de 10
o superiores en este factor, muestran una presencia
importante del componente adictivo, puesto que el
sujeto ha tenido que responder con las opciones “bas-
tante” o “mucho” a las preguntas “qué tan probable es
que te vuelvas a lastimar” y “qué tan difícil es dejar de
lastimarte. Por otro lado, el autor incluye en este fac-
tor el ítem “cuando te has lastimado lo has hecho con
intención de quitarte la vida, lo cual puede requerir
una revisión, ya que no apunta directamente a la di-
cultad de dejar de lastimarse.
Los datos registrados dentro del factor “contagio
social, que busca reunir información sobre la inuen-
cia social en la decisión de autolesionarse, es el que
presenta correlaciones más débiles con los factores
anímicos; si bien los sujetos expresaron que en algu-
nos casos tenían conocimiento de que alguien más
se autolesionara, en esta muestra, no parece ser una
inuencia determinante. Estos resultados concuerdan
con lo expresado por Schmith (2023) quien considera
que las dimensiones interpersonales son menos de-
terminantes que las intrapersonales, especialmente la
desregulación emocional.
40
Regulación emocional y riesgo de autolesión en adolescentes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 33-41.
Se ha manifestado la tendencia al alza de la fre-
cuencia del fenómeno, pero, al menos en el presente
estudio, la inuencia social parece ser limitada. Que-
da por determinar en futuros trabajos las razones que
constituyen a la autolesión un fenómeno tan extendi-
do entre la población adolescente y juvenil.
Se presenta como una opción interesante generar
un constructo que permita valorar el riesgo concre-
to de autolesión que presentan los jóvenes. Se sugiere
que debiera contemplar dicultades en el control de
impulsos, tener pensamientos sobre autolesionarse y
el acceso limitado a estrategias de regulación emocio-
nal. Para los sujetos que ya se hayan autolesionado, se
puede agregar algún elemento relacionado a las di-
cultades para abandonar la conducta.
Conclusiones
El presente estudio encuentra una alta frecuencia de
adolescentes con autolesión, conrmando la tenden-
cia al alza y una fuerte inuencia de factores anímicos
al momento de realizar la conducta, especialmente de
dicultades en el control de impulsos.
Esta investigación tiene relevancia en la medida
que destaca la presencia de conductas autolesivas en
población adolescente no clínica, lo cual la convierte
en un fenómeno de interés para el diseño de estrategias
de intervención, especialmente de carácter preventivo
y en el ámbito escolar. Al mismo tiempo, se deja de
maniesto la participación de factores anímicos en la
decisión de autolesionarse (aspecto destacado por nu-
merosos estudios), lo cual invita a generar espacios de
psicoeducación emocional que puedan incorporase a
la currícula habitual de las instituciones educativas.
Las limitaciones del estudio estuvieron dadas por
el breve número de casos, la restricción geográca y
las pocas escuelas participantes, lo cual no permite
extraer conclusiones que sean extensibles al resto de
la población. Sería deseable realizar estudios simila-
res en muestras de mayor tamaño. Por otro lado, la
utilización del autoinforme presenta limitaciones ya
reconocidas por la bibliografía.
Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conictos de interés.
Agradecimiento: se agradece especialmente a la Dra.
Valeria Morán quien apoyó la redacción del presente ar-
tículo, fundamentalmente en los aspectos metodológicos.
Además, participaron en algunos tramos de la investiga-
ción el Lic. Valentín Vieyra y la Lic. Milagros Llanes.
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59, 25-36. https://doi.org/10.1016/j.eurpsy.2019.03.004
Yates, T. M., Tracy, A. J., & Luthar, S. S. (2008). Nonsuicidal self-injury
among «privileged» youths: Longitudinal and cross-sectional approaches
to developmental process. Journal of Consulting and Clinical Psychology,
76(1), 52-62. https://doi.org/10.1037/0022-006X.76.1.52
Zlotnick, C., Mattia, J. I., & Zimmerman, M. (1999). Clinical correlates of
self-mutilation in a sample of general psychiatric patients. e Journal of
Nervous and Mental Disease, 187(5), 296-301.
https://doi.org/10.1097/00005053-199905000-00005
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Investigación original
42
Resumen
Introducción: El tormento físico y emocional hacia los animales durante la infancia y la adultez emergente ha sido
relacionado con el diagnóstico de diversos trastornos de la conducta. El objetivo de este estudio fue adaptar
y validar la Escala de tormento físico y emocional hacia animales (PET) en una muestra de universitarios del
Caribe colombiano. Materiales y método: Estudio cuantitativo de carácter instrumental, con enfoque transver-
sal. Se evaluaron exploratoriamente tres modelos en 100 universitarios y se conrmaron dos soluciones del
instrumento en 140 universitarios. Resultados: En el análisis factorial exploratorio (AFE), dos modelos cum-
plieron con la asignación de factores; el primero produjo una estructura factorial bidimensional que explicó
el 68.39% de la varianza de los datos, con esfericidad de Bartlett signicativa (331,099, gl=36, Sig.=.002), indi-
cador de adecuación del tamaño de muestra Kaiser-Meyer-Olkin aceptable (KMO=.73) y consistencia interna
total y dimensional adecuada (ɑordinal total = .825; ɑordinal subescala 1 = .93 y ɑordinal subescala 2 = .75). El
segundo reportó una estructura factorial unidimensional que explicó el 73.16% e indicadores de esfericidad,
tamaño de muestra y consistencia adecuados (216.369, gl=6, Sig.=.000; KMO=.73 y ɑordinal total = .877). Las
soluciones exploradas fueron conrmadas encontrando para ambos modelos indicadores de bondad del ajus-
te satisfactorios (modelo bidimensional: X2/gl=2.33; GFI=.991; AGFI=.969; CFI=.944; NFI=.970; RMSEA=.070
y SRMR=.070. modelo unidimensional: X2/gl=1.98; GFI=.998; AGFI=.987; CFI=.968; NFI=.994; RMSEA=.068 y
SRMR=.040). Discusión y conclusiones: La escala PET en su versión original y reducida es un instrumento válido
y conable para evaluar este constructo en el contexto sociocultural colombiano.
Palabras clave: tormento físico y emocional, estudiantes universitarios, escala psicológica, técnicas psicomé-
tricas
Abstract
Introduction: Physical and emotional torment towards animals during childhood and emerging adulthood has been
associated with the diagnosis of various behavioral disorders. The aim of this study was to adapt and validate the Ani-
mal Physical and Emotional Torment Scale (PET) in a sample of university students from the Colombian Caribbean.
Materials and Methods: This was a quantitative instrumental study with a cross-sectional design. Three models were
exploratively evaluated in 100 university students, and two solutions of the instrument were conrmed in 140 univer-
sity students. Results: In the exploratory factor analysis (EFA), two models met the factor allocation criteria. The rst
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional
hacia animales
Psychometric adaptation and performance of the Scale of Physical and Emotional Torment
towards Animals
Nicolás Álvarez-Merlano1, Rocío González-Navarro2, José Tapia-Arroyo3
RECIBIDO 4/6/2023 - ACEPTADO 13/11/2023
1.Magíster en Métodos y Técnicas de Investigación Social. Docente-Investigador, Corporación Universitaria Rafael Núñez, Cartagena; Colombia.
ORCID: 0000-0002-6320-1470
2.Magíster en Ciencias Sociales y de Educación. Magíster en Desarrollo Social. Docente-Investigadora, Corporación Universitaria Rafael Núñez, Carta-
gena; Colombia. ORCID: 0000-0002-3991-6118
3.Trabajador Social. Corporación Universitaria Rafael Núñez, Cartagena; Colombia.
Autor correspondiente
Nicolás Alvarez-Merlano
nicolas.alvarez@curnvirtual.edu.co
Institución en la que se realizó la investigación: Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Programa de Trabajo social,
Corporación Universitaria Rafael Núñez, Cartagena de Indias, Colombia.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.659
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.659
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Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
Introducción
El maltrato hacia los animales entendido como la res-
puesta emocional de indiferencia y/o goce con el su-
frimiento y dolor inigido personalmente hacia el ser
vivo (Ascione, 1993), es un eje temático sobre el cual
la psiquiatría, psicología y criminología han destaca-
do avances empíricos y teóricos. Teóricamente, la co-
munidad cientíca ha desarrollado esfuerzos por es-
tablecer bases que tipiquen al maltrato animal como
un fenómeno socialmente importante (Flynn, 2001),
como resultado del trabajo interdisciplinar el maltrato
hacia los animales reejado en el patrón repetitivo y
persistente del comportamiento amenazante, acosa-
dor e intimidante reportado por cualquier individuo
se ha vinculado como un síntoma de trastorno de la
conducta (Morrison, 2015).
Empíricamente, las tendencias investigativas aso-
ciadas al estudio del maltrato animal han dilucidado
una relación entre el espectro comportamental y la
violencia interpersonal, familiar, de pareja y crímenes
sobre seres humanos (Chang y Wong, 2019; Longobar-
di y Ribera, 2019; Hawkins y Williams, 2020; Cleary et
al. 2021; Tomlinson et al. 2022). Estos hallazgos han
contribuido a desestimar en los profesionales de la sa-
lud mental, fuerzas del orden público y legisladores la
justicación de dicha conducta bajo el lema “lo hacen
por ser chicos.
En las sociedades de nivel investigativo elevado ya
existen instrumentos dirigidos a parametrizar la vio-
lencia hacia los animales (Wilson y Netting, 2012; Sa-
met et al. 2023) por lo cual, los retos actuales giran en
torno a la identicación de diferencias trasnacionales
en la intensidad asociativa entre el maltrato animal y
el comportamiento antisocial en los contextos especí-
cos, los factores cognitivo emocionales que protegen
al sujeto de emitir el comportamiento y las condicio-
nes sociodemográcas que alientan a dicha actitud
(Randler et al. 2021a;2021b). Sin embargo, la realidad
investigativa propuesta por los países latinoamerica-
nos presenta un panorama distinto.
Al centrar la mirada en Argentina, se advierten los
estudios de Videla y Olarte (2019) y Jauck et al. (2021).
El primero reportó la diferencia signicativa del afec-
to positivo hacia los animales en mujeres mientras que
el segundo exhibió la existencia de conductas empáti-
cas hacia animales en situaciones problema en infan-
tes de 18 y 30 meses de edad. En Colombia, Aguilar
(2021) indagó de manera exploratoria las condiciones
que conguran la violencia animal en profesionales y
representantes del ámbito antrozoológico, destacando
la impunidad, el contexto político-cultural regional, la
inequidad social y la mercantilización como catego-
rías emergentes que emergieron cualitativamente en
el estudio.
Si bien los hallazgos reportados aportan a la cons-
trucción de la línea temática, resultan prudentes de-
bido a su cuantía y alcances investigativos, situación
que determina una producción reducida sobre el tema
en ambos países. En la misma línea, al focalizar en el
maltrato animal, Ni Colombia ni Argentina poseen
antecedentes investigativos en los cuales se reporte la
adaptación y/o validación de instrumentos orientados
a mesurar ese comportamiento. En el caso de Videla
y Olarte (2019), los investigadores mencionan la abi-
lidad de varios instrumentos que se acercan al cons-
tructo, pero no lo parametrizan, mientras que Aguilar
(2021) nunca contempló la posibilidad de aproximar-
se al maltrato animal desde un abordaje cuantitativo.
Entendiendo las implicaciones que subyacen sobre
la propensión a la violencia animal y el vacío instru-
mental representado en la ausencia de estudios que
model yielded a two-dimensional factorial structure that accounted for 68.39% of the variance in the data, with a
signicant Bartlett's sphericity (331,099, df=36, p<.002), an acceptable Kaiser-Meyer-Olkin measure of sampling ade-
quacy (KMO=.73), and adequate total and dimensional internal consistency (ordinal total α=.825; ordinal subscale 1
α=.93, and ordinal subscale 2 α=.75). The second model resulted in a unidimensional factorial structure that explained
73.16% of the variance, with appropriate indicators of sphericity, sample size, and consistency (216.369, df=6, p<.000;
KMO=.73, and ordinal total α=.877). The explored solutions were conrmed, as both models showed satisfactory
goodness-of-t indices (two-dimensional model: X2/df=2.33, GFI=.991, AGFI=.969, CFI=.944, NFI=.970, RMSEA=.070,
and SRMR=.070; unidimensional model: X2/df=1.98, GFI=.998, AGFI=.987, CFI=.968, NFI=.994, RMSEA=.068, and
SRMR=.040). Discussion and Conclusions: The PET scale in its original and reduced versions is a valid and reliable
instrument for assessing this construct in the Colombian sociocultural context.
Keywords: physical and emotional torment, university students, psychological scale, psychometric techniques
44
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
adapten y/o validen las escalas construidas para el
acercamiento a este patrón, el objetivo de este trabajo,
que constituye una presentación de un proyecto más
extenso es adaptar y validar una escala de tormento
físico y emocional hacia los animales en universitarios
del Caribe colombiano.
Materiales y método
El artículo detenta el carácter instrumental debido a
que desarrolla el proceso de adaptación y análisis psi-
cométrico de la Escala de tormento físico y emocional
hacia animales para su uso en población colombiana
(Carretero-Dios y Pérez, 2005; León y Montero, 2007).
Asimismo, el diseño es no experimental de corte trans-
versal debido a que la información se recopila en una
única instancia. Se llevaron a cabo dos estudios, uno
exploratorio con 100 participantes y otro conrmato-
rio con 140 participantes, ambos utilizando una me-
todología de encuesta transversal y cuantitativa para
el tratamiento estadístico de los datos. Dado que no se
han advertidos estudios que adapten e indaguen sobre
la abilidad y validez de instrumentos que miden vio-
lencia hacia los animales en Colombia, el objetivo de
esta investigación es proporcionar una medida able
para la detección preventiva de tal comportamiento.
Participantes
Participaron 240 sujetos en total, 220 mujeres y 20
hombres, todos ellos estudiantes universitarios de una
institución educativa superior de Cartagena de Indias,
capital del departamento de Bolívar y distrito turísti-
co y cultural especial de la región caribe colombiana,
todos seleccionados mediante el muestreo probabilís-
tico por conveniencia.
La muestra del estudio 1, correspondiente al análi-
sis factorial exploratorio la conformaron 90 mujeres y
10 hombres repartidos entre primero (28.9%), segun-
do (25.6%), tercero (20.7%) séptimo (11.9%) y octavo
semestre académico (12.9%) con matrícula estudiantil
asumida bajo pago directo (41.2%) y mayoritariamente
pertenecientes al estrato socioeconómico 1 (56.8%).
La muestra del estudio 2 correspondiente al aná-
lisis factorial conrmatorio estaba compuesta de 130
mujeres y 10 hombres repartidos en segundo (27.8%),
cuarto (25.7%), quinto (20.4%) octavo (10.5%) y no-
veno semestre académico (15.6%), con matrícula es-
tudiantil asumida por la institución bajo el concepto
de beca (40.5%) y mayormente vinculados al estrato
socioeconómico 1 (54.5%).
Instrumento
El instrumento empleado para efectuar el presente
estudio se denomina Escala de tormento físico y emo-
cional hacia animales, adaptado a la población colom-
biana con base a la escala elaborada por Baldry (2004).
La recolección de los datos se realizó de forma anóni-
ma y en línea mediante una encuesta con indagacio-
nes sobre las actitudes asociadas al tormento físico y
emocional hacia animales, las cuales el alumnado de-
bía responder marcando opciones de respuesta poli-
tómicas (1-nunca, 2-casi nunca, 3- algunas veces, 4- a
menudo y 5-muy a menudo) en aras de demostrar su
acercamiento a las vivencias especicas sugeridas.
La escala consta de 9 ítems estructurados en dos
dimensiones (ver tabla 1) siendo sus dimensiones teó-
ricas las siguientes (Baldry, 2004):
■ Violencia animal directa: Esta dimensión iden-
tica la reproducción violenta de carácter directo
que el individuo reproduce hacia el animal, la con-
forman 4 ítems.
■ Violencia animal indirecta: Esta dimensión iden-
tica la reproducción violenta de carácter indirecto
que el individuo observa reproducir por su círculo
de amigos y/o familiares cercanos, la conforman 5
ítems.
Procedimiento
La presente investigación contó con el aval del comi-
té de investigaciones de la Corporación Universita-
ria Rafael Núñez, aprobado ocialmente por el acta
N°07032023 suscrita en acto administrativo el día 7
de marzo del presente año. Los datos se recolectaron
de manera anónima.
La difusión de la escala se ejecutó vía correo elec-
trónico institucional, cuentas registradas y actual-
mente activas en la base de datos universitaria. Este
sistema permitió un envío único de respuestas y la no
interferencia de usuarios no identicados.
Debido a la inexistencia de una versión hispana de
la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
se procedió a construir una. Para ello se solicitó a la
autora del instrumento para su uso. Luego de aproba-
do, se derivó la escala al departamento de lenguas ex-
tranjeras los cuales revisaron la redacción del cuestio-
nario y generaron una traducción y retrotraducción
quedando de la siguiente forma (ver Tabla 1):
La versión adaptada del instrumento se sometió
a una prueba piloto con 30 estudiantes de semestres
iniciales con el propósito de recopilar sus impresiones
asociadas a la claridad de los reactivos. Los resulta-
dos demostraron que la escala era entendible y su di-
45
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
ligenciamiento sencillo por lo que se conformó como
versión hispana denitiva. El proceso de recepción de
respuestas estuvo disponible durante dos meses.
Análisis de los datos
Estudio 1. Se realizó un análisis factorial exploratorio
(AFE) a partir de una matriz de correlaciones policó-
ricas debido a que las variables de uso son politómicas
(Freiberg et al., 2013; Domínguez-Lara, 2014). Se em-
pleó el análisis paralelo para identicar el número de
factores (Timmerman y Lorenzo-Seva, 2011), el méto-
do de extracción seleccionado fue Mínimos cuadrados
ponderados diagonalmente (DWLS), con criterio de
rotación Varimax normalizado (Ferrando et al., 2022).
La consistencia interna se analizó mediante el cálculo
del alfa ordinal empleando el paquete de Psych (Revelle,
2020; 2021), perteneciente a la paquetería ocial de R
(R Core Team, 2020). El análisis descriptivo de las va-
riables sociodemográcas se realizó mediante el paque-
te estadístico para las ciencias sociales SPSS V.26.
Estudio 2. Al nalizar el primer estudio se procedió a
realizar un análisis factorial conrmatorio (AFC) me-
diante Lisrel V. 8.8 (reskog y Sörbom, 1996) esto con
el n de contrastar las estructuras factoriales previa-
mente exploradas. Se utilizó para la estimación de los
parámetros de bondad de ajuste, el método de Míni-
mos cuadrados ponderados diagonalmente (DWLS),
esto debido a que es el estimador comúnmente acep-
tado cuando los reactivos del instrumento no siguen
una distribución normal (Ferrando et al., 2022). Para
valorar la bondad de ajuste de los modelos identica-
dos se consideraron la prueba χ2/grados de libertad
(Schumacker y Lomax, 2004), el índice de bondad de
ajuste (GFI), el índice de ajuste comparativo (CFI), el
índice de ajuste normalizado (NFI), el índice de Tuker-
Lewis (TLI) (Hu y Bentler, 1999), la raíz del residuo
cuadrático promedio de aproximación (RMSEA) (Hu
y Bentler, 1998) y el Residuo estandarizado de la raíz
cuadrada media (SRMR) (Muiños, 2021). Los resul-
tados se compararon con los obtenidos mediante la
paquetería R usando el mismo método de estimación.
Resultados
Estudio 1. En la tabla 2 se presentan las cargas facto-
riales de tres modelos estimados mediante una matriz
de correlaciones policóricas. Debido al carácter no li-
neal del modelo la prueba de consistencia interna se
realizó mediante el cálculo del alfa ordinal y un ali-
Tabla 1. Dimensiones, ítems y adaptación de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Dimensión Cantidad
de ítems Ítems Adaptación del ítem
Violencia animal directa 4
Sometimes friends enjoy themselves by
harming animals, have you ever seen a
friend or a school mate hurting an animal
in same way?
A veces los amigos se divierten haciendo
daño a los animales, ¿alguna vez has visto
a un amigo o compañero de escuela lasti-
mando a un animal de la misma manera?
Have you ever bothered animals that you
had at home or any other animal?
¿Alguna vez has molestado a los animales
que tenías en casa o a cualquier otro
animal?
Have you ever hurt them (by kicking
them, pulling their tail, or hair)?
¿Alguna vez los has lastimado (pegándoles,
jalando su cola o cabello)?
Have you ever tormented them, for
example by not letting them sleep, or by
removing the food when eating?
¿Alguna vez los has atormentado, por
ejemplo, no dejándolos dormir o quitán-
doles la comida mientras comen?
Violencia animal indirecta 5
Have you ever been cruel to them, enjo-
ying yourself by seeing the suffering?
¿Alguna vez has sido cruel con ellos, divir-
tiéndote al ver su sufrimiento?
Have you ever hit them in some way
either with your hands, or stick or with
a belt?
¿Alguna vez los has golpeado de alguna
manera, ya sea con tus manos, un palo o
con un cinturón?
Sometimes adults also hurt animals, have
you ever seen an adult hurting an animal?
Los adultos también lastiman a los ani-
males, ¿alguna vez has visto a un adulto
lastimando a un animal?
Have you ever seen your father hurting
an animal?
¿Alguna vez has visto a tu padre lastiman-
do a un animal?
Have you ever seen your mother hurting
an animal?
¿Alguna vez has visto a tu madre lastiman-
do a un animal?
Fuente: elaboración propia (2023)
46
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
sis de Mínimos cuadrados ponderados diagonalmen-
te con rotación Varimax normalizada. Los ítems con
cargas factoriales menores a .30 fueron eliminados.
En el primer modelo los eginvalues superiores a 1
mostraron la existencia de tres factores que explicaron
el 53.25% de la varianza, los ítems presentaron cargas
factoriales mayores a .35 dentro de su factor y comu-
nalidades superiores a .30 a excepción de los reactivos
1,2,4, y 5. El AFE manifestó una reorganización de los
ítems en la muestra colombiana en contraste con los
factores teóricos del instrumento; el reactivo 3 que ori-
ginalmente pertenecía a la dimensión violencia direc-
ta y el 6, 8 y 9 que tributaban a la dimensión violencia
indirecta se agruparon en un solo factor a la cual se le
denominó Violencia familiar directa hacia los animales
(αordinal = .74). Los ítems 1 y 7 conformaron un nue-
vo factor referente a la violencia directa ejercida hacia
los animales por los amigos y adultos cercanos llamada
Violencia interpersonal directa hacia los animales (αor-
dinal = .35). Finalmente, los reactivos 2 y 4 formaron
un tercer factor titulado Violencia personal directa hacia
los animales (αordinal = .35). La prueba de esfericidad
de Bartlett fue signicativa (331,099, gl=36, Sig.=.002)
y el indicador de adecuación del tamaño de muestra
Kaiser-Meyer-Olkin fue aceptable (KMO=.73).
Si bien es posible respaldar teóricamente las adap-
taciones efectuadas al modelo, las comunalidades, la
correlación ítem-total y el Alfa ordinal obtenido al su-
primir varios reactivos en consonancia con la baja a-
bilidad de la dimensión dos y tres y la incapacidad de
sostener una dimensión con menos de tres reactivos
sustentó la necesidad de efectuar un nuevo proceso de
factorización exploratorio con la restricción impuesta
de agrupar los ítems en dos factores.
El segundo modelo los eginvalues superiores a 1
mostraron la existencia de dos factores que explicaron
el 68.39% de la varianza los ítems presentaron cargas
factoriales mayores a .35 dentro de su factor y comu-
nalidades superiores a .30 a excepción de los reactivos
1,5 y 7 y nuevamente se observó una reorganización
de los ítems; los reactivos 2 y 3 asociados teóricamente
a la dimensión de violencia animal directa se agrupa-
ron con el 6, perteneciente a la dimensión violencia
animal indirecta, este factor se llamó Violencia per-
sonal directa hacia los animales (αordinal = .93) y el
reactivo 1 asociado originalmente a la violencia ani-
mal directa se agrupó con el 7,8 y 9 los cuales tributan
originariamente a la violencia animal indirecta, este
factor se tituló Violencia interpersonal directa hacia los
animales (αordinal = .75). La esfericidad de Bartlett
y el indicador de adecuación del tamaño de muestra
Kaiser-Meyer-Olkin fueron idénticos a los obtenidos
para el primer modelo.
A pesar de que el segundo modelo resultó satisfac-
torio en términos exploratorios, se propuso un tercer
modelo unidimensional compuesto exclusivamente
de los reactivos 3,6,8,9. Este ajuste se ampara en la
depuración de los reactivos 1, 2 y 7 por sus pesos fac-
toriales, comunalidades y correlación ítem-total bajos
reiteradamente en los modelos uno y dos y en la su-
presión de los reactivos 4 y 5 por no saturar en nin-
guno de los modelos propuestos. Así pues, esta única
dimensión se nombViolencia familiar directa hacia
los animales (αordinal = .74) y explicó el 73.16% de
la varianza, La esfericidad de Bartlett fue signicativa
(216,369, gl=6, Sig.=.000) y el indicador de adecua-
ción del tamaño de muestra Kaiser-Meyer-Olkin fue
aceptable (KMO=.73) (ver Tabla 2).
Tabla 2. Ponderación de factores rotados para el AFE de la escala de escala de Tormento físico y emocional hacia
animales
Modelo I Modelo II Modelo III
Ítem Carga factorial Ítem Carga factorial Ítem Carga factorial
F1 F2 F3 F1 F2 F3 F1 F2 F3
PET8 .77 PET3 .73 PET3 .57 - -
PET9 .67 PET2 .57 PET6 .60 - -
PET3 .63 PET6 .52 PET8 .70 - -
PET6 .57 PET4 PET9 .71 - -
PET7 .48 PET5
PET1 .44 PET8 .65
PET2 .49 PET9 .64
PET4 .38 PET7 .39
PET5 PET1 .32
Fuente: elaboración propia (2023)
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Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
Estudio 2. Con el reactivo 4 y 5 suprimidos se aplicó
nuevamente la escala al estudiantado en aras de llevar a
cabo un AFC que permita conrmar los modelos 2 y 3
previamente explorados. Para ello se empleó el soware
Lisrel V. 8.8 (Jöreskog y Sörbom, 1996) utilizando el pa-
quete PRELIS el cual permite la construcción del path
diagram y la ejecución de la sintaxis. Estos análisis se
compararon con los obtenidos mediante la paquetería
R a través del paquete especico Psych, Lavaan y Psy-
chometric (Revelle, 2020; 2021; Fletcher, 2022 y Rosseel,
2023) mediante el método de estimación de Mínimos
cuadrados ponderados diagonalmente.
Los resultados de los índices aportaron valores
adecuados para ambos modelos; con un χ2/gl inferior
a 5. Valores inferiores a .08 en el RMSEA y SRMR y
puntajes entre .90 y .95 en los índices CFI, NFI, GFI y
AGFI conrmando la posibilidad de emplear el mo-
delo de dos factores (Violencia personal directa hacia
los animales y Violencia interpersonal directa hacia los
animales) y la propuesta reducida unidimensional su-
gerida por los autores (Violencia familiar directa hacia
los animales) y garantizando la validez de constructo
del instrumento (ver Gráco 1).
En lo que a consistencia interna reere, para el mo-
delo 2 se calculó el alfa ordinal de toda la escala y cada
una de las dimensiones mientras que para el modelo
3 se obtuvo el alfa ordinal de la escala. Los resulta-
dos indican que las puntuaciones para el instrumento
bidimensional y unidimensional son conables (ver
Tabla 3).
Tabla 3. Índices de ajuste para cada modelo
Índice de ajuste Esperado Obtenido
LISREL
Obtenido
R
Modelo II
Discrepancia entre χ2 y grados de liber-
tad (CMIN/DF) CMIN/DF < 5 (Brooke et al. 1988) 2.33 2.32
índice de bondad de ajuste (GFI) . 90 - 1 (Hu y Bentler, 1999) .991 .993
Índice de ajuste ponderado (AGFI) .90 - 1 (Escobedo et al. 2016) .969 .963
Error cuadrático media de aproximación
(RMSEA) < .05 / .08 (Kline, 1998) .070 .07
Residuo cuadrático medio estandarizado
de raíz (SRMR)
< .05 / .08
(Ferrando y Lorenzo-Seva, 2018) .070 .077
Índice de ajuste comparativo (CFI) .90 - 1 (Fan et al. 1999) .944 .949
Índice de ajuste normalizado (NFI) .90 - 1 (Norman y Streiner, 2014) .970 .976
Modelo III
Discrepancia entre χ2 y grados de
libertad (CMIN/DF) CMIN/DF < 5 (Brooke et al. 1988) 1.98 1.95
índice de bondad de ajuste (GFI) . 90 - 1 (Hu y Bentler, 1999) .998 .997
Índice de ajuste ponderado (AGFI) .90 - 1 (Escobedo et al. 2016) .987 .983
Error cuadrático media de
aproximación (RMSEA) < .05 / .08 (Kline, 1998) .068 .064
Residuo cuadrático medio
estandarizado de raíz (SRMR)
< .05 / .08
(Ferrando y Lorenzo-Seva, 2018) .045 .040
Índice de ajuste comparativo (CFI) .90 - 1 (Fan et al. 1999) .968 .963
Índice de ajuste normalizado (NFI) .90 - 1 (Norman y Streiner, 2014) .994 .990
αordinal totalidad de la escala del modelo 2=.82 (7 ítems), αordinal de la subescala 1 (VPDA)= .93 (3 ítems), αordinal de la subescala 2 (VIPDA)= .75
(4 ítems). αordinal totalidad de la escala del modelo 3 (VFDA) = .87 (4 ítems). Varianza explicada del modelo 2= 68.39%. Varianza explicada por el
modelo 3= 73.16%
Gráco 1. Modelos del análisis factorial conrmatorio
VPDA= Violencia personal directa hacia los animales, VIPDA= Violencia
interpersonal directa hacia los animales y VFDA= Violencia familiar
directa hacia los animales.
48
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
Discusión
Los resultados obtenidos en el AFE y AFC indican que
la adaptación de la Escala de tormento físico y emocio-
nal hacia animales en su versión bidimensional y en
la propuesta unidimensional son herramientas ables
para la identicación de las conductas lesivas repro-
ducidas sobre los animales en el estudiantado del ca-
ribe colombiano, debido a su alta consistencia interna
ya su validez de constructo en la escala general y en
cada una de las dimensiones. El modelo 2 conrmado
quedo compuesto por dos dimensiones: a) Violencia
personal directa hacia los animales y b) Violencia in-
terpersonal directa hacia los animales, mientras que el
modelo 3 quedo compuesto de una única dimensión
llamada Violencia familiar directa hacia los animales.
La primera dimensión del modelo 2 llamada Vio-
lencia personal directa hacia los animales está com-
puesta por tres reactivos y permite identicar la pre-
disposición retrospectiva que el individuo maniesta
con respecto a ejercer violencia hacia un animal y los
recursos empleados para efectuar el acto trasgresor. La
segunda dimensión reconocida como Violencia inter-
personal directa hacia los animales la conforman cua-
tro reactivos y valora el visionado de conductas lesivas
hacia los animales reproducidas en el entorno cercano
por los amigos y progenitores. En cuanto al modelo
unidimensional propuesto por los autores, responde
al nombre de Violencia familiar directa hacia los ani-
males y lo conforman cuatro reactivos que mesuran la
conducta lesiva propia y de los progenitores dirigida a
los animales.
El contraste en materia de consistencia interna de
los modelos 2 (α VPDA= .93; α VIPDA= .75) y 3 (α
VFDA=.87) de la Escala de tormento físico y emocional
hacia animales frente a instrumentos similares orien-
tados a evaluar la interacción humana con los anima-
les permitió la distinción de similitudes con el Animal
Attitude Scale (AAS) (Herzog et al. 1991) reportado
por Wilson y Netting (2012) (α = .88), la la Attitude
Scale towards the Treatment of Animals (ASTA) de
Taylor y Signal (2009) (α Pet = .87; α Pest = .86 y α
Prot = .85) y la Partners Treatment of Animals Scale
de Fitzgerald et al., (2016 (α Emotional Abuse of Ani-
mal= .94; α reats to Harm Animal= .80; α Physical
Neglect of Animals= .91; α Physical Abuse of Animal=
.85 y α Severe Physical Abuse= .88)
En lo que a estudios conrmatorios atañe, se ad-
virtieron mejores indicadores de bondad de ajuste
para el modelo 2 (X2/gl=2.33; GFI=.991; AGFI=.969;
CFI=.944; NFI=.970; RMSEA=.070 y SRMR=.070)
y 3 (X2/gl=1.98; GFI=.998; AGFI=.987; CFI=.968;
NFI=.994; RMSEA=.068 y SRMR=.040) de la Es-
cala de tormento físico y emocional hacia animales
frente los obtenidos por Coleman et al., (2016) en la
Coleman Dog Attitude Scale (C-DAS) (X2/gl= 1.80;
CFI=.93 y RMSEA=.070) y los reportados por Gül
(2019) (GFI=.84; AGFI=.79; CFI=.90; NFI=.985; RM-
SEA=.087 y SRMR=.08) en su adaptación del Attitude
Scale towards the Treatment of Animals (ASTA).
Las limitaciones maniestas de esta investigación
remiten al muestreo, el cual al no ser probabilístico
no posibilita generalizar los hallazgos. En el mismo
orden, el trabajo se focaliza en adaptar y presentar
evidencias especícas del desempeño psicométrico
(abilidad y validez de constructo). Al entender que
los procesos de validación demandan un carácter
constante (Campo-Arias et al., 2012) resultara necesa-
rio que en futuras investigaciones se identiquen los
otros niveles de validez no reportados por este manus-
crito (convergente y divergente).
Pese a las limitaciones proyectadas, este estudio
cuenta con la fortaleza de ser el primero en adaptar al
hispano el instrumento originalmente construido por
Baldry (2004) y reportar su desempeño psicométrico
en población del caribe colombiano. Asimismo, es el
primer trabajo a nivel Colombia que explora tres mo-
delos y conrma dos soluciones factoriales con abili-
dad y validez de constructo satisfactorias. Por último,
la apropiación de conocimiento sobre este eje temáti-
co propicia un instrumento a diferencia de los estu-
dios nacionales disciplinares e interdisciplinares, los
cuales se enfocan en la descripción de la legislación
especial para la protección de los animales y no en la
adaptación y validación de herramientas que aproxi-
men a mesurar el constructo.
Conclusiones
La Escala de tormento físico y emocional hacia anima-
les en su versión bidimensional (7 ítems) y unidimen-
sional (4 ítems) es una herramienta able y valida (a
nivel de constructo) para distinguir la presencia/au-
sencia de patrones violentos dirigidos a los animales.
Disponer de un instrumento como este en el territorio
colombiano es el primer paso para intervenir la rea-
lidad social que subyace sobre las especies residentes
del país andino, considerando esencial, la participa-
ción de toda la comunidad educativa en el proceso de
transformación actitudinal y modicación del espec-
tro comportamental que permita mayor conciencia
sobre este tema.
49
Adaptación y desempeño psicométrico de la Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 42-50.
En este estudio participaron una muestra amplia
de universitarios del Caribe colombiano adscritos a
varias profesiones y con diversas condiciones socio-
demográcas e institucionales, por lo que los hallaz-
gos cuentan con una representatividad aceptable. Sin
embargo, se invita a la comunidad investigadora a em-
plear el instrumento con un tamaño muestral mayor
y en compañía de otras escalas que se asimilen y sepa-
ren del constructo en aras de contribuir desde la inter-
disciplinariedad auxiliar a los estudios instrumentales
en materia de violencia animal.
Declaración de conictos de intereses: los autores
declaran no tener conictos de intereses.
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APÉNDICE
Escala de tormento físico y emocional hacia animales
Por favor, lee las siguientes preguntas y marca una casilla según tu propia experiencia. Recuerda que no hay respuestas correctas o incorrec-
tas; estamos interesados en lo que te ha sucedido o lo que has visto; ¡solo tú puedes contarnos al respecto! El cuestionario es completamen-
te anónimo, por lo que puedes responder libremente según lo que realmente ha sucedido sin temor a ser identicado.
Ítems 1 2 3 4 5
1* A veces los amigos se divierten haciendo daño a los animales, ¿alguna vez has visto
a un amigo o compañero de escuela lastimando a un animal de la misma manera?
2* ¿Alguna vez has molestado a los animales que tenías en casa o a cualquier otro
animal?
3 ¿Alguna vez los has lastimado (pegándoles, jalando su cola o cabello)?
4* ¿Alguna vez los has golpeado de alguna manera, ya sea con tus manos, un palo o
con un cinturón?
5Los adultos también lastiman a los animales, ¿alguna vez has visto a un adulto
lastimando a un animal?
6 ¿Alguna vez has visto a tu padre lastimando a un animal?
7 ¿Alguna vez has visto a tu madre lastimando a un animal?
Observaciones: La Escala de tormento físico y emocional hacia animales quedo conformada por siete ítems del instrumento original
(1,2,3,6,7,8,9) los cuales se dividen en dos factores; Violencia personal directa hacia los animales (2,3 y 6) y violencia interpersonal
directa hacia los animales (1,7,8 y 9). En caso tal desee aplicarse la versión reducida del instrumento propuesta por los autores
se debe aplicar el instrumento depurando previamente los reactivos señalados con*. Las opciones de respuesta se valoran de la
siguiente manera:
1 = Nunca
2 = Casi nunca
3 = Algunas veces
4 = A menudo
5 = Muy a menudo
Artículo de revisión
51
Resumen
El espectro de enfermedades neurodegenerativas que afectan principalmente a la cognición y el comporta-
miento abarca desde la enfermedad preclínica asintomática hasta el deterioro cognitivo muy leve y la demen-
cia franca. En este artículo se procedió a la revisión de los criterios actuales para el diagnóstico de la demencia
con cuerpos de Lewy, segunda causa más frecuente de demencia neurodegenerativa en personas mayores de
65 años luego de la enfermedad de Alzheimer (EA) y las afasias progresivas primarias que se distinguen por
producir un compromiso temprano y aislado de las funciones lingüísticas, y en cuya evolución desarrollan un
síndrome complejo caracterizado, además del compromiso del lenguaje, por la presencia de deterioro cogni-
tivo progresivo, trastornos de conducta y compromiso de los sistemas motores. También pueden representar
la forma de comienzo de una variante atípica de la enfermedad de Alzheimer (EA), no siendo raras las formas
mixtas o no caracterizables.
Palabras clave: demencia, degeneración lobar frontotemporal, afasia progresiva primaria, taupatías, protei-
nopatías TDP-43 y FUS
Abstract
The spectrum of neurodegenerative diseases that primarily affect cognition and behavior ranges from asymptomatic
preclinical disease to very mild cognitive impairment and frank dementia. This article reviews the current criteria for
the diagnosis of Lewy body dementia, the second most common cause of neurodegenerative dementia in people over
65 years of age after Alzheimer's disease (AD) and Primary progressive aphasias, which are characterized by early
Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias:
criterios diagnósticos actuales
Lewy bodies dementia and Primary progressive aphasias: current diagnostic criteria
Juan Ollari1, Waleska Berrios2, Romina Blanco3, Natalia Ciua4, Liliana Patricia Colli5,
Florencia Deschle6, María Cecilia Fernández7, Valeria Rubiño8, Edith Labos9
RECIBIDO 12/2/2024 - ACEPTADO 14/6/2024
1.Médico neurólogo. Docente Autorizado de Neurología, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires (UBA). Jefe del Centro de Neurología
Cognitiva (CeNeCo), Servicio de Neurología, Hospital Británico de Buenos Aires. ORCID 0000-0002-7851-9094
2.Médica neuróloga. Especialista en Trastornos de Memoria y Conducta. Servicio de Neurología, Complejo Médico “Churruca Visca” y Servicio de
Neurología, Hospital Italiano de Buenos Aires. ORCID 0000-0002-5951-7739
3.Licenciada en Psicología. Miembro Adherente de la Sociedad Neurológica Argentina. Psicóloga del Centro de Neurología Cognitiva (CeNeCo),
Servicio de Neurología, Hospital Británico de Buenos Aires.
4.Licenciada en Psicología. Miembro Adherente de la Sociedad Neurológica Argentina. Psicóloga del Centro de Neurología Cognitiva (CeNeCo),
Servicio de Neurología, Hospital Británico de Buenos Aires.
5.Médica neuróloga, Médica Legista, ex Coordinadora Grupo de trabajo Neurología Hospital Municipal “José M. Penna”.
6.Médica especialista en Neurología y en Neuropsicología Clínica (UBA). Profesora en Medicina, USAL. Médica del Centro de Neurología Cognitiva
(CeNeCo), Servicio de Neurología, Hospital Británico de Buenos Aires. ORCID 0000-0002-6939-455X
7.Médica neuróloga. Especialista en Trastornos de Memoria y Conducta. Médica de planta y jefa de sección de Trastornos de Memoria y Conducta,
servicio de Neurología, Hospital Italiano de Buenos Aires. ORCID 0000-0003-2312-0163
8.Médica neuróloga. Médica del Centro de Neurología Cognitiva (CeNeCo), Servicio de Neurología, Hospital Británico de Buenos Aires.
9.PhD, Instituto de Salud Pública. Área de Investigación de Funciones Cognitivas. Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aire (UBA).ORCID
0000-0002-0879-3397
Autora correspondiente
Edith Labos
edithlabos@gmail.com
Lugar de realización del trabajo: Grupo de Trabajo de Neurología del Comportamiento y Neurociencias Cognitivas,
Sociedad Neurológica Argentina
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 51-66. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.660
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.660
52
Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 51-66.
Introducción
En un artículo anterior (Labos et al., 2023) el Grupo de
Trabajo de Neurología del Comportamiento y Neuro-
ciencias Cognitivas de la Sociedad Neurológica Argen-
tina, publicó una revisión de los criterios diagnósticos
actuales de diversos cuadros demenciales (enfermedad
de Alzheimer, EA; demencia vascular, DV; demencia
fronto-temporal, DFT; y encefalopatía predominante-
mente límbica por tdp-43 relacionada a la edad, LATE).
Completando ese inventario de los criterios que se apli-
can al diagnóstico de las demencias se presentan en
este artículo datos actualizados relativos a los recientes
criterios diagnósticos de la demencia con cuerpos de
Lewy (DCL) y a la afasia progresiva primaria, haciendo
hincapié en su utilidad en la práctica clínica habitual.
I. DEMENCIA CON CUERPOS DE LEWY
Generalidades
La demencia con cuerpos de Lewy (DCL) es la segunda
causa más frecuente de demencia neurodegenerativa en
personas mayores de 65 años luego de la enfermedad de
Alzheimer (EA). Representa del 0.3 al 24.4% de todos
los casos de demencia en los estudios de prevalencia,
lo que resulta en un alto impacto socioeconómico a ni-
vel mundial, así como a nivel individual y familiar. La
tasa de incidencia es de 0.5 a 1.6 por 1000 personas-año
y la tasa de prevalencia de hasta 63.5 por 1000 perso-
nas-año. Se ha informado un aumento en la incidencia
y prevalencia con el aumento de la edad (Hogan et al.,
2016; Savica et al., 2016).
Es una alfa-sinucleinopatía, es decir que pertene-
ce al grupo de enfermedades que tienen en común el
trastorno del metabolismo de la alfa-sinucleína, una
proteína normalmente presente en las sinapsis. Cuan-
do esta proteína se agrega anormalmente, se deposita
en el citoplasma de neuronas o de células gliales y se
convierte en el componente principal de las brillas que
constituyen los cuerpos de Lewy, la marca distintiva de
esta entidad (Kosaka, 2014; Savica et al., 2016).
Criterios diagnósticos
1. Manual diagnóstico y estadístico de los tras-
tornos mentales, quinta edición
La quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico
de los trastornos mentales (DSM 5) ofrece el término
trastorno neurocognitivo mayor” (TNM) para refe-
rirse al clásico término “demencia, consistente con un
declive cognitivo signicativo comparado con el nivel
previo de rendimiento, en uno o más dominios cogni-
tivos que interere con la autonomía del individuo en
las actividades cotidianas. Se incorpora a su vez la ins-
tancia de “trastorno neurocognitivo leve” (TNleve) en
reemplazo del conocido “deterioro cognitivo leve” para
referirse al declive cognitivo moderado comparado
con el nivel previo de rendimiento, en uno o más do-
minios cognitivos que no interere en la capacidad de
independencia en las actividades cotidianas (American
Psychiatric Association, 2013).
En esta edición se incluye por primera vez a la DCL
como “TNM con cuerpos de Lewy” e incorpora a su
vez su forma prodrómica como “TNleve con cuerpos
de Lewy”. Esto signicó un avance en su clasicación
diagnóstica y reconocimiento de la enfermedad (Ame-
rican Psychiatric Association, 2013).
2. Criterios revisados para el diagnóstico clí-
nico de DCL, cuarto informe de consenso De-
mentia with Lewy Bodies Consortium
En el año 2017, se publicó el cuarto informe de con-
senso por parte del Dementia with Lewy Bodies Con-
sortium, en el cual se establecen los criterios clínicos
vigentes destinados al diagnóstico y tratamiento de esta
entidad. Este informe incorpora nueva información so-
bre las características clínicas centrales, al tiempo que
propone enfoques adicionales perfeccionados para su
evaluación (McKeith et al., 2017).
El criterio esencial para considerar la entidad es que
reúna criterios de demencia, es decir que haya un decli-
ve cognitivo progresivo de magnitud suciente para in-
terferir en las actividades de la vida diaria. En este caso
and isolated impairment of linguistic functions, and whose evolution develops a complex syndrome characterized, in
addition to language impairment, by the presence of progressive cognitive impairment, behavioral disorders and motor
system involvement. They can also be the presentation syndrome of an atypical variant of Alzheimer's disease (AD), but
mixed or uncharacterizable forms are not rare.
Keywords: dementia, frontotemporal lobar degeneration, primary progressive aphasia, taupathies, proteinopathies
TDP-43 and FUS
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el perl neuropsicológico se caracteriza por décit en
funciones atencionales y ejecutivas, así como visuoes-
paciales. Puede comprometer la memoria, pero no es
la característica inicial o prominente, pero sí se afecta
durante la progresión del cuadro. El décit mnésico no
es de tipo hipocampal, es decir que mejora con la ins-
tancia de reconocimiento. En algunos casos existe alte-
ración de memoria prominente desde el inicio, aunque
podría deberse a la frecuente coexistencia de patología
de Alzheimer, sobre todo en sujetos de edad avanzada
(Goldman et al., 2014; McKeith et al., 2017).
A nivel clínico, las uctuaciones cognitivas, consis-
tentes en variaciones pronunciadas del nivel de aten-
ción y alerta, pueden ser difíciles de identicar como
tales, ya que se pueden confundir con estados confusio-
nales (McKeith et al., 2017).
Una de las manifestaciones clínicas distintivas en la
DCL son las alucinaciones visuales, las cuales tienden
a ser elaboradas y recurrentes, siendo poco frecuente
que se presenten alucinaciones en otras formas senso-
riales. Generalmente, suelen aparecer durante la no-
che, al atardecer o al despertar. Otras manifestaciones
neuropsiquiátricas frecuentes pero de menor jerar-
quía diagnóstica son los delirios, en general en fases
algo más avanzadas de la enfermedad y suelen tener
rasgos paranoides, como indelidad, robo o presen-
cia de intrusos en el domicilio. Ante la necesidad de
tener que tratar estos síntomas con fármacos se debe
tener presente la sensibilidad especial a neurolépticos,
los cuales pueden precipitar cuadros parkinsonianos
graves, somnolencia, confusión, empeoramiento de
las alucinaciones, excitación o en los casos más graves
un síndrome neuroléptico maligno. Estos efectos se
observan en hasta el 50% de los casos tanto con neu-
rolépticos típicos como atípicos, pero es más frecuente
con aquellos de mayor efecto bloqueante de recepto-
res D2 (McKeith et al., 2017).
En cuanto al parkinsonismo, comparando con la EP
clásica, tiende a ser más simétrico, el temblor de repo-
so es menos frecuente y presenta menor respuesta a la
medicación dopaminérgica. En la DCL las manifesta-
ciones motoras tienden a aparecer de forma simultá-
nea o después del inicio del cuadro cognitivo. Existe un
concepto de la “regla del año, un modo arbitrario de
separar la DCL de la demencia asociada a enfermedad
de Parkinson (DEP). Se habla de DEP si los síntomas
cognitivos aparecen luego de un año después de la clí-
nica típica de la EP. Por otro lado, la ausencia de parkin-
sonismo no excluye el diagnóstico de DCL, ya que en
una serie se reportó que hasta el 25% de los casos con
conrmación neuropatológica no tenían un síndrome
rígido-acinético (McKeith et al., 2017).
A los clásicos criterios clínicos centrales se suma
el trastorno del comportamiento del sueño REM. Es
una parasomnia que implica la ausencia de atonía
muscular característica de la fase del sueño REM,
por lo que el paciente vocaliza (habla, grita, llora) o
se mueve (movimientos como sacudidas de las extre-
midades y el tronco) actuando los sueños. Es un sín-
toma prodrómico bien conocido que puede preceder
a las alfa-sinucleinopatías por años o incluso décadas.
Así, esta entidad se ha convertido en una característi-
ca clínica central de la DCL debido a varios informes
sobre la asociación signicativa entre ellos (Donaghy
& McKeith, 2014; Fujishiro et al., 2015; McKeith et al.,
2017). Con base en una revisión reciente, se constata
que en hasta el 90% de los casos de DCL existe un tras-
torno del sueño, siendo los más frecuentes y graves la
mala calidad de sueño, somnolencia excesiva duran-
te el día y el trastorno del comportamiento del sueño
REM en comparación con otras demencias. Asimis-
mo, se evidencia que el insomnio, la apnea del sueño
y el síndrome de piernas inquietas se presentan con
una frecuencia mayor en la DCL en comparación con
otras formas de demencia (Elder et al., 2022).
Los sintomas disautonómicos se vuelven comunes
al ser pesquisados o cuando se los contemplan en el
contexto clínico. Resulta frecuente la presencia de pro-
blemas como la constipación o la hipotensión ortostáti-
ca, junto con sus posibles complicaciones, como caídas
o episodios de síncope. La incontinencia urinaria, en
cambio, es una manifestación poco común hasta las
etapas moderadas o avanzadas de la enfermedad (Mc-
Keith et al., 2017).
Por último, un concepto incluido en este consenso
es el de biomarcador, entendido ampliamente como
"una característica que se mide y evalúa objetivamen-
te como indicador de procesos biológicos normales,
procesos patogénicos o respuestas farmacológicas a
una intervención terapéutica" (Biomarkers Denitions
Working Group., 2001). En otro apartado se desarro-
llarán algunos de los biomarcadores incluidos en estos
criterios y las propuestas recientes.
3. Criterios de investigación para el diagnóstico
de DCL prodrómica
La fase prodrómica de la DCL hace referencia a una
etapa previa a la demencia en la que se presentan sig-
nos o síntomas que indican el posterior desarrollo de la
DCL. Esta fase incluye no solo décits cognitivos, sino
también una combinación variable de características
clínicas que abarcan síntomas y señales motoras, tras-
tornos del sueño, disfunción autonómica y alteraciones
neuropsiquiátricas. Se han identicado 3 subtipos: (1)
deterioro cognitivo leve (DCLeve), (2) inicio con deli-
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rio y (3) presentaciones de inicio psiquiátrico. En base
a esto es que se revisó la evidencia disponible y propu-
sieron los criterios diagnósticos operativos para el de-
terioro cognitivo leve con cuerpos de Lewy, tanto pro-
bable como posible, a n de ser utilizados inicialmente
en entornos de investigación. No se encontró evidencia
suciente para proponer criterios formales para las pre-
sentaciones de inicio con delirio y de inicio psiquiátrico
de la DCL (McKeith et al., 2020).
Según estos criterios de investigación, el diagnóstico
de DCLeve se origina en la inquietud manifestada por el
paciente, el informante o el profesional clínico respecto
a un declive en las capacidades cognitivas. Este declive
se acompaña de pruebas objetivas de deterioro en uno
o varios dominios cognitivos, siendo más prominente
en áreas como la atención y las funciones ejecutivas,
así como en el procesamiento visual. A pesar de ello,
el individuo mantiene un nivel de funcionamiento pre-
viamente adquirido o presenta una afectación mínima
en sus habilidades funcionales, sin cumplir con los cri-
terios diagnósticos establecidos para la demencia (Mc-
Keith et al., 2020). Se ha descrito que tanto el DCLeve
amnésico como no amnésico puede preceder a la DCL,
pero es más frecuente que el DCLeve multidominio no
amnésico pueda progresar a DCL que el unidominio
amnésico (Donaghy & McKeith, 2014; Fujishiro et al.,
2015). Del mismo modo, se ha informado un mayor
deterioro en la función frontal-ejecutiva y visoespacial
en DCLeve con cuerpos de Lewy en comparación con
DCLeve tipo Alzheimer (Yoon et al., 2015). Se descri-
bieron resultados similares en un estudio retrospectivo
en la etapa deterioro cognitivo leve en comparación con
casos de EA, pero solo el número de ángulos del pentá-
gono y la prueba de dígitos inversos se correlacionaron
signicativamente con el diagnóstico de DCL después
del análisis multivariado (Cagnin et al., 2015). En 2020
se publicó un trabajo de la evaluación de pentágonos en
DCL pródromica y si bien la copia de pentágonos pre-
senta una baja sensibilidad y alta especicidad, no sería
posible considerarla como una herramienta de utilidad
para la detección de pacientes con DCL prodrómica
pero sería un instrumento sencillo para diferenciarla de
otros trastornos, sugiriendo que futuros estudios para
cribado temprano deberían centrarse en la visoespacia-
lidad (García Basalo et al., 2020).
La DCL prodrómica se caracteriza por la presencia
de las mismas características principales que la DCL,
como uctuaciones cognitivas, alucinaciones visuales
recurrentes, trastorno del comportamiento del sueño
REM y síntomas de parkinsonismo. El trastorno del
comportamiento del sueño REM es conocido como
una manifestación temprana de las alfa-sinucleopatías
y la evidencia reporta que puede preceder el cuadro
cognitivo por décadas. Según un estudio, el 73.5% de
los pacientes con trastorno del comportamiento del
sueño REM desarrollaron un cuadro neurodegenerati-
vo luego de un seguimiento de 12 años: parkinsonismo
el 56.5% y demencia el 43.5% demencia como primera
manifestación de la enfermedad (McKeith et al., 2020).
Otros síntomas han sido estudiados en esta instan-
cia prodrómica. En el comienzo de la presentación c-
nica, los pacientes con DCL suelen relatar en un rango
del 25% al 50% de los casos una historia de uno o más
síntomas de disfunción autonómica, como constipa-
ción, mareo ortostático, incontinencia urinaria, disfun-
ción eréctil, aumento de la sudoración o incremento
de la salivación. La pérdida olfativa es un síntoma tem-
prano asociado con EP, DCL y EA que se correlaciona
con cambios anatomopatológicos característicos en la
corteza entorrinal y el bulbo olfatorio que se desarro-
llan durante la etapa temprana de estas entidades (De-
vanand et al., 2015; Fujishiro et al., 2015).
Los biomarcadores propuestos incluyen a neuroi-
mágenes de perfusión o metabolismo que evidencian
una captación disminuida de dopamina en las vías ni-
groestriadas, conrmación polisomnográca del tras-
torno de comportamiento del sueño REM y la dismi-
nución de la captación de MIBG en la gammagrafía
cardíaca (McKeith et al., 2020).
Aportes de los exámenes complemen-
tarios
Test de screening
Se desarrolló en Argentina el “ALBA Screening Instru-
ment” o “ASI”, una herramienta de detección diseñada
para la DCL. Un puntaje ≥ 9 permitió diferenciar la
DCL de otras demencias (EA y vascular), otros dete-
rioros cognitivos leve y controles sanos con una sensi-
bilidad del 90.7% y una especicidad del 93.6%. El ASI
incluye 17 ítems sobre síntomas clínicos (dirigidos a
detectar trastorno del comportamiento del sueño REM,
alucinaciones, uctuaciones cognitivas, estado confu-
sional, síntomas cognitivos), examen físico para detec-
tar temblor (postural o en reposo) y una mini-evalua-
ción cognitiva (uencia semántica de animales, dígitos
inversos, test del reloj y copia de pentágonos). El ASI es
una herramienta breve y sencilla para la detección de la
DCL que puede ser administrada por personal no mé-
dico y también es útil para aplicar en la fase prodrómica
(Garcia Basalo et al., 2017).
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Evaluación neurocognitiva
La posibilidad de realizar una evaluación neurocogni-
tiva estándar que incluya varios test de cada dominio
cognitivo permite identicar el patrón característico
tanto en la fase demencia como prodrómica de la DCL.
El perl, descripto previamente, consiste en décit a
predominio atencional-ejecucional y/o visuoespacial
(McKeith et al., 2017, 2020).
Estudios neurosiológicos
La polisomnografía permite conrmar la presencia
de trastorno del comportamiento del sueño REM así
como hacer el diagnóstico diferencial o detectar otros
trastornos del sueño concomitantes. En los criterios
diagnósticos de 2017, el trastorno del comportamien-
to del sueño REM conrmado por este método ha ad-
quirido status de biomarcador indicativo (McKeith et
al., 2017).
Mediante electroencefalografía se ha demostrado
que la actividad de onda lenta posterior con uctua-
ciones periódicas en el rango pre-alfa apoya la DCL.
Los métodos de EEG cuantitativos muestran que una
frecuencia dominante <8 Hz y una variabilidad de fre-
cuencia dominante > 1.5 Hz son típicas de DCL. Se ha
reportado una actividad rítmica delta frontal intermi-
tente (FIRDA) más prominente en el 22% de los casos,
en comparación con ningún caso en la EA. Así la fre-
cuencia, actividad de ondas lentas y FIRDA ayudan a
diferenciar la DCL prodrómica de otras enfermedades
neurodegenerativas prodrómicas (Hansen et al., 2023;
McKeith et al., 2017, 2020).
Imágenes cerebrales
Las imágenes cerebrales estructurales (TC/RNM) tam-
bién colaboran con el diagnóstico de la DCL incluso en
la fase prodrómica. La preservación relativa del hipo-
campo y las estructuras del lóbulo temporal en DCL en
comparación con EA se incluyó en el cuarto consenso
como un biomarcador de apoyo (McKeith et al., 2017).
Un estudio de volumetría también mostró atroa de
sustancia gris en el mesencéfalo dorsal, la sustancia
innominada y el hipotálamo, que se correlaciona con
la evidencia patológica de un patrón ascendente de
progresión de los cuerpos de Lewy desde el tronco en-
cefálico hasta las áreas basales del cerebro (Whitwell
et al., 2007). Un estudio reciente mostró atroa de la
sustancia gris insular bilateral en la fase prodrómica
(Roquet et al., 2017). El mismo grupo describió un
adelgazamiento cortical mayor de la ínsula derecha y la
pars opercularis en pacientes con DCL prodrómica en
comparación con pacientes con EA prodrómica y con-
troles sanos. Propusieron que los trastornos neurove-
getativos característicos de la etapa temprana podrían
estar relacionados con la disfunción insular (Blanc et
al., 2015). Un estudio posterior describió atroa de la
sustancia gris insular bilateral y la corteza cingulada
anterior derecha en pacientes con DCL prodrómica
en comparación con sujetos control, así como un ma-
yor compromiso de los lóbulos parietales en pacientes
con EA prodrómica en comparación con pacientes con
DCL prodrómica (Blanc et al., 2016).
Los estudios funcionales de PET y SPECT han de-
mostrado una disminución del metabolismo de la glu-
cosa y décits de perfusión, respectivamente, en áreas
occipitales en casos de DCL en comparación con con-
troles normales y pacientes con EA (Goto et al., 2010).
Los estudios con PET-18-Fluorodesoxiglucosa (FDG)
también mostraron hipometabolismo cortical difuso
en casos de DCL con preservación relativa de áreas sen-
soriomotoras primarias (Mirzaei et al., 2003). El meta-
bolismo reducido en PET-FDG en el estriado también
puede distinguir DCL de EA con alta sensibilidad y
especicidad (Hu et al., 2000). Recientemente, el signo
de la isla del cíngulo posterior en PET-FDG/SPECT se
ha informado como característico de DCL e implica la
preservación relativa de la corteza cingulada posterior
respecto al precuneus y cuneus en comparación con
casos de EA. Los estudios han determinado cuándo
esta herramienta es útil y cómo disminuye durante el
seguimiento, así como las proporciones que permiten
diferenciarla del EA (Iizuka et al., 2017; Imabayashi et
al., 2017). Un estudio realizado mediante PET-FDG
en pacientes con DCL prodrómica reveló la presencia
hipometabolismo en la corteza parieto-occipital que se
extendía hacia los lóbulos temporales y el tálamo hasta
la sustancia nigra (Hansen et al., 2023).
Las imágenes moleculares son un método reciente
con creciente desarrollo que puede sugerir un patrón
característico o incluso una etiología in vivo. Altropane
es un ligando del transportador de dopamina (DAT)
utilizado por PET o SPECT en el diagnóstico de DCL
y EP que tiene anidad selectiva por DAT sobre el
transportador de norepinefrina o el transportador de
serotonina (Marquie et al., 2014). Su captación redu-
cida en ganglios basales (putamen, núcleo caudado) se
ha incluido como una característica sugestiva de DCL
en consorcios anteriores y recientemente como un bio-
marcador indicativo en criterios revisados para el diag-
nóstico de DCL (McKeith et al., 2017).
Evaluación de disautonomía
Un estudio administró la “Composite Autonomic
Symptom Score 31-item scale” (COMPASS-31) que
mide los síntomas autonómicos con 31 ítems y evi-
denció que un punto de corte de 4.5 fue sensible para
DCLeve con cuerpos de Lewy (92%) pero no especíco
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
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(42%) al comparar con EA prodrómica y controles sa-
nos (Hamilton et al., 2022). Otra herramienta utilizada
en DCL es la “Autonomic Symptoms Checklist”, versio-
nes 3.0 y 3.1 a modo de detección de síntomas disauto-
nómicos (Waters et al., 2022).
Evaluación de la función olfativa
Se recomienda la pesquisa de hiposmia/anosmia dada
la evidencia de aparición temprana en el curso de la en-
fermedad (Hansen et al., 2023).
Estudios en uidos corporales
El “ensayo de conversión inducida por agitación en
tiempo real” o RT-QuIC es una técnica novedosa de
alto rendimiento que es análoga a la reacción en cadena
de polimerasa en tiempo real (PCR) que se utilizó ini-
cialmente en el diagnóstico de la enfermedad priónica.
Recientemente, se probó un RT-QuIC para alfa-sinu-
cleína como una herramienta para detectar la alfa-sinu-
cleína mal plegada en muestras de sangre y LCR. Esta
técnica en LCR ha podido identicar a pacientes con
DCL prodrómica en comparación con controles con
una sensibilidad del 95% y una especicidad del 96%,
pero aún no se ha demostrado su utilidad para distin-
guir la DCL prodrómica de otros trastornos neurode-
generativos tempranos (Gibson et al., 2023; Hansen et
al., 2023). En la actualidad, las discrepancias tanto entre
laboratorios como dentro de los mismos laboratorios
siguen siendo considerables, y se requiere una mayor
cantidad de datos sobre la evolución a lo largo del tiem-
po y los valores cuantitativos para su aplicación como
herramienta diagnóstica (Gibson et al., 2023).
En relación con los biomarcadores, la investigación
en este ámbito sigue en curso con el n de perfeccionar
la precisión diagnóstica.
En conjunto, los avances en los criterios diagnósti-
cos, el reconocimiento de la fase prodrómica y la con-
tinua búsqueda de biomarcadores especícos plantean
un terreno fértil para la realización de futuras investiga-
ciones en esta compleja entidad.
II. DEMENCIAS POR AFASIAS PROGRE-
SIVAS PRIMARIAS
Las afasias progresivas primarias (APP)
Las distintas formas de inicio en la presentación clíni-
ca de las demencias degenerativas denen las varian-
tes descritas clásicamente. Las que presentan trastor-
nos del lenguaje que preceden a otras manifestaciones
cognitivas o conductuales, se clasican como afasias
progresivas primarias (APP) (Mesulam, 1982, 2001;
Hodges & Patterson, 2007; Gorno-Tempini et al, 2011;
Mesulam et al., 2021).
El espectro clínico de las APP se asocia con el com-
promiso temprano de las funciones lingüísticas debi-
do a neurodegeneración focal de las áreas perisilvianas
del lenguaje del hemisferio izquierdo. Estos cuadros
evolucionan lentamente sin afectar otras funciones
cognitivas en el corto plazo, aunque eventualmente
la extensión de la neurodegeneración sumará pro-
gresivamente sintomatología cognitiva y conductual
con o sin movimientos anormales (Mesulam, 1982 &
2001; Sonty et al., 2003). Las APP son poco frecuen-
tes y su prevalencia se halla en aproximadamente en
3/100.000 (Marshall et al., 2018).
Las tres variantes más importantes de APP fueron
clasicadas por un grupo reunido ad-hoc en 2011 (Gor-
no-Tempini et al., 2011) en función de sus diferentes
manifestaciones clínicas y se las clasica según el patn
de compromiso del lenguaje en APP variante semántica
(APPvs o APP-S), APP variante no uente / agramática
(APPnf/a o APP-G) y APP variante logopénica (APP-
vl o APP-L) (Hodges & Patterson, 2007; (Klimova et
al., 2018); Mesulam et al., 2021; Kamalian et al., 2022).
Cuando son detectados precozmente, cada uno de es-
tos cuadros presenta síntomas clínicos, neuroimágenes
y hallazgos patológicos relativamente característicos y
mutaciones genéticas más o menos especícas (Gerau-
die et al., 2021). Sin embargo, en la práctica clínica exis-
te una considerable superposición y heterogeneidad
(Josephs et al., 2011; Spinelli et al., 2017; Marshall et al.,
2018; Turcano et al., 2020; Kamalian et al., 2022).
Se ha hallado también superposición genética,
neuropatológica y clínica entre las APP y la demencia
frontotemporal (DFT), la enfermedad de motoneuro-
na (EMN) asociada con esclerosis lateral amiotróca
(ELA) y los trastornos del movimiento antes conside-
rados parkinsonismos atípicos o parkinsonismos plus
(Mark, 2001) como la degeneración corticobasal (DCB)
(Rebeiz et al., 1967; Armstrong et al., 2013; Alexander
et al., 2014) y la parálisis supranuclear progresiva (PSP)
o enfermedad de Steele-Richardson-Olszewski (Steele
et al., 1964; López et al., 2016; Boxer et al., 2017; Hö-
glinger et al., 2017).
Esto llevó a considerar a estos cuadros en función
de los depósitos de proteínas anormales en las células
del sistema nervioso central (SNC) llevando así a una
nueva clasicación en la cual se los dene como protei-
nopaas (Bayer, 2015; Campese et al., 2021; Chopra et
al., 2022), adscribiendo los mismos a diferentes perles
genéticos. Sin embargo, se han descrito cuadros mixtos,
con presencia de más de una proteinopatía comórbida
(Forrest et al., 2019).
La condición excluyente para el diagnóstico de una
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
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APP es el compromiso selectivo del lenguaje prece-
diendo en uno o dos años el deterioro de otras funcio-
nes cognitivas como memoria, funciones ejecutivas,
habilidades visuoespaciales, etc., y, cuando en el curso
evolutivo temprano se hallan presentes, éstas no de-
ben afectar la funcionalidad en las actividades de la
vida diaria (AVD) o interferir con la interacción social
(Butts et al., 2015).
La neuropatología de cada APP tiende a asociarse
con fenomenología clínica relativamente caracterís-
tica, usualmente degeneración lobar frontotemporal
(DLFT) (Mesulam et al., 2003; Knib et al., 2006), pero
entre un 20% – 37% de los pacientes son diagnostica-
dos posmortem como enfermedad de Alzheimer (EA)
(Alladi et al., 2007). Sin embargo estas asociaciones no
se observan sistemáticamente variando los porcentajes
según las series (Spinelli et al., 2017).
Primeras descripciones
La caracterización de pacientes con síntomas asocia-
dos a las atroas sistemáticas focales fue esbozada por
primera vez a nes del siglo XIX y principios del siglo
XX por Arnold Pick, a la sazón profesor de psiquiatría
en Praga.
En 1892 Arnold Pick describió el caso de un pacien-
te de 71 años, August H., quien presentaba afasia severa
por degeneración focal asimétrica del lóbulo temporal,
probablemente el primer caso publicado de APP de co-
mienzo tardío. Este cuadro fue titulado “Sobre la rela-
ción entre la atroa senil del cerebro y la afasia.
El 29 de agosto de 1900 describió el caso de Anna
J, de 75 años, quien presentaba frecuentes episodios de
fuga de su hogar y conductas bizarras como arrancar
las plantas del jardín y hablar y gesticular profusamen-
te mezclando oraciones correctas y otras sin sentido.
Aparte las alteraciones del lenguaje, también exhibía
pérdida del conocimiento conceptual como la utiliza-
ción apropiada de los objetos de uso cotidiano en el ho-
gar. Este cuadro se publicó destacando la “Atroa cere-
bral senil como base de síntomas focales” (Pick, 1901).
En conjunto, estos pacientes formaron la base de la
hipótesis de Arnold Pick de que la demencia era el re-
sultado de un proceso degenerativo localizado afectan-
do regiones cerebrales especícas y no debido a pérdida
generalizada de la función cerebral.
En 1909, Max Rosenfeld describió un caso de dete-
rioro progresivo del lenguaje de tipo anómico (de inicio
a los 62 años), sin compromiso de otros dominios cog-
nitivos y con atroa focal de las estructuras del lóbulo
temporal izquierdo, que asoció con los cuadros descri-
tos por Arnold Pick.
Marcel Mesulam introdujo el término de “afasia
lentamente progresiva” (Mesulam, 1982) en un artícu-
lo donde describió a 6 pacientes con edades entre los
48 y 69 años que manifestaban un deterioro progresivo
del lenguaje que podía explicarse por una degeneración
cerebral focal perisilviana de predominio izquierdo. Es-
tos cuadros fueron reconocidos y descritos con mayor
frecuencia partir de esas primeras publicaciones (Me-
sulam 1987; Foster & Chase, 1983; Leger et al., 1993).
Clínica
Afasia progresiva primaria variante semántica
(APPvs o APP-S)
También se la denominó “demencia semántica
(Warrington, 1975; Snowden et al., 1989; ompson et
al., 2003), aunque este es un término poco afortunado
ya que anticipa una evolución a largo plazo que puede
demorar años en alcanzar ese estadio.
El término fue concebido para clasicar una forma
de deterioro cognitivo caracterizada por afectación
del lenguaje asociada con una agnosia visual. La au-
sencia del décit de procesamiento visual (agnosia)
determinó que se incorporara este cuadro al grupo de
las afasias progresivas primarias, siendo mandatorio
deslindar mediante una cuidadosa evaluación neu-
ropsicológica si el cuadro presenta una alteración del
procesamiento visual o solamente el componente lin-
güístico (Mesulam, 2001).
Cuando se incorporó la “demencia semántica” (DS)
a los criterios diagnósticos de las DLFT de 2011 (Gor-
no-Tempini et al., 2011) surgieron inconvenientes para
discriminar los trastornos puramente lingüísticos (fo-
nología, sintaxis y morfología) de las agnosias asocia-
tivas (Mesulam & Weintraub, 2014; Chapman et al.,
2020) y si el signicado de las palabras se corresponde
con una función semántica dependiente de la memoria
(Bright al., 2008), la “memoria semántica, entendida
como el “sistema que posee, almacena y recupera la in-
formación sobre el signicado de las palabras, concep-
tos y hechos” (Tulving, 1972; Warrington, 1975; Mesu-
lam et al., 2013).
El hallazgo clásico en este caso es una afasia con len-
guaje uente y dicultades en el hallazgo de vocablos y
la denominación de objetos y trastorno en la compren-
sión de palabras aisladas en el lenguaje oral o escrito
con o sin trastorno del reconocimiento visual de ob-
jetos inusuales. También se describe la dislexia de su-
percie, caracterizada por dicultad para la lectura de
palabras irregulares con o sin disgraa asociada. Están
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 51-66.
preservados la repetición y los componentes gramati-
cales y motores del habla (Méndez et al., 2020).
En la evaluación neuropsicológica se evidencia di-
cultad para la comprensión de palabras simples y para
la denominación por confrontación, siendo frecuentes
las sustituciones semánticas y los errores de regulari-
zación, afectando severamente la capacidad de comu-
nicación. Se observa dislexia del deletreo (tendencia
a deletrear las palabras) entorpeciendo la lectura, que
se torna dicultosa y con un ritmo entrecortado. Ha-
bitualmente los pacientes pueden llegar a leer pseudo-
palabras pero la lectura se diculta cuando éstas tienen
ortografía arbitraria y la dependencia casi excluyente de
la información auditiva diculta la comprensión de las
palabras homófonas (Ellis & Young, 1992).
Los componentes neuropsicológicos de la deno-
minación de objetos, pueden estudiarse mediante la
“Evaluación multidimensional de la denominación del
Noroeste(Northwestern Multidimensional Naming As-
sessment – NOMINA) (Mesulam et al., 2013), la cual
incluye tareas de denominación, denición verbal del
objeto, denición verbal de la palabra que denota el ob-
jeto, apareamiento de la palabra con el objeto y medi-
ción cronometrada de la interferencia taxonómica.
Cuando existe correspondencia entre un sonido y
su pronunciación, entre una representación escrita y
su sonido (grafema-fonema) y entre un sonido y su re-
presentación escrita (fonema-grafema) (Luzzatti et al.,
1998; Iribarren et al., 2001; Luzzi et al., 2003), se dice
que las lenguas son transparentes. Esto determina cierto
grado de predictibilidad en la lectura, aunque no tanto
en la escritura. Con respecto a la dislexia de supercie,
se debe destacar que ésta es más evidente en los lengua-
jes “irregulares” que en los “regulares” o transparentes.
En las lenguas opacas o irregulares, un grafema
puede pronunciarse de varias formas, i.e., no existe
correspondencia grafema-fonema. Esto exige conocer
varios fonemas que eventualmente aplican para un solo
grafema, lo cual requiere de la recuperación de la re-
presentación de la palabra desde un léxico ortográco
(Snowden & Cappa, 2022).
Los errores lexicales son infrecuentes en la APP-S
cuando afecta pacientes hispanoparlantes u otros que
emplean lenguajes transparentes o regulares. Pacientes
con APP-S pueden escribir al dictado tanto palabras
como seudopalabras con una estructura regular entre
el sonido y la pronunciación (nivel subléxico) pero no
tanto con palabras sin esa concordancia, cometiendo
errores por regularización (Graham et al., 2000; Shim
et al., 2012), en este caso la falla se encontraría en el
nivel lexical.
Como ocurre con otros cuadros neurodegenerati-
vos los síntomas progresan excediendo en este caso el
dominio lingüístico. Si bien el cuadro se inicia en el
hemisferio izquierdo, la patología eventualmente afec-
ta el lóbulo temporal derecho, observándose entonces
síntomas compatibles con la variante conductual de
la demencia frontotemporal (DFTvc), v.g., conductas
obsesivas y ritualísticas y trastornos del comporta-
miento social. Esto deberá ser tomado en cuenta ya
que la presentación de estos síntomas no descarta el
diagnóstico de APP-S, sobre todo cuando la detección
del cuadro es tardía.
Afasia progresiva primaria variante no uente
/ agramática (APP-G)
Este cuadro se maniesta como una dicultad para la
generación de las palabras, con esfuerzo para iniciar el
discurso y frecuentes interrupciones (Mesulam, 1982).
El perl lingüístico (Grossman et al., 1996) evidenció
errores inconsistentes y distorsiones en los sonidos del
habla (“apraxia del habla”), errores gramaticales tanto
en el lenguaje oral como en la escritura, dicultad para
entender oraciones sintácticamente complejas (no ca-
nónicas), preservación de la comprensión de palabras
aisladas y preservación del conocimiento de objetos. La
producción verbal en promedio ronda las 45 palabras
por minuto contra la generación de 140 palabras por
minuto en controles normales y alrededor de 90 en las
otras APP (Galindo et al., 2021).
Pacientes con APP-G exhiben dicultad en la es-
critura de pseudopalabras por pérdida de la capacidad
de convertir una secuencia de sonidos en su forma
escrita sin compromiso en la transcodicación de pa-
labras reales, aun aquellas con pronunciación atípica
(Shim et al., 2012). Una prueba que resulta particu-
larmente dicultosa para estos pacientes es segmentar
una pseudopalabra para encontrar dos palabras reales,
lo que no ocurre cuando debe segmentar una palabra
real (Funnell, 1983).
Es importante destacar que en la APP-G, aparte los
décits en la expresión verbal característicos, existe di-
cultad en la comprensión de la estructura gramatical
de las frases y oraciones (Grossman, 2012; Charles et
al., 2014).
La apraxia del habla (apraxia of speech – AoS) se
dene como la dicultad en la programación del po-
sicionamiento de los órganos del habla y la secuencia-
ción articulatoria (Ziegler et al., 2012). La complejidad
articulatoria tiende a generar mayor dicultad en la
expresión verbal e incremento en el número de errores
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 51-66.
(Staiger & Ziegler, 2008). En la AoS se describen signos
primarios y secundarios, recientemente reunidos en
ocho criterios básicos (Jonkers et al., 2017) (ver Tabla 1).
La AoS suele presentarse como parte de la APP-G,
donde predominan los errores de la producción del
sonido del habla, distorsiones y sustituciones, pero
también se la describe en la PSP (Rittman et al., 2013;
Josephs et al., 2014) o puede presentarse como un
síndrome aislado. En este último exhibe patrones de
habla con segmentación prosódica en la expresión de
sílabas. Se ha propuesto que esta variante sea conside-
rada un cuadro distintivo, la apraxia del habla prima-
ria progresiva (primary progressive apraxia of speech)
(Poole et al., 2017). Teniendo en cuenta estas alter-
nativas, la AoS no puede ser considerada condición
diagnóstica de las APP.
Entre los hallazgos asociados con la APP-G pue-
den observarse fallas disejecutivas y en memoria de
trabajo relacionados con los trastornos puramente
lingüísticos, indicativos de la localización de la neuro-
patología degenerativa en el lóbulo frontal izquierdo,
sobre todo en las regiones inferiores (BA4 inferior y
BA 44 y 45) y en la ínsula anterior (BA 13) y el lóbulo
temporal anterosuperior (BA 38). También se ha des-
crito compromiso del haz frontal oblicuo en pacientes
con APP-G (Catani M, 2013).
Afasia Progresiva Primaria variante logopénica
(APP-L)
Logopenia es un término introducido por Mesulam en
la literatura médica para destacar una característica de
las afasias progresivas primarias (Mesulam 1982; Mesu-
lam & Weintraub, 1992). Se caracteriza por la dicultad
en el hallazgo de vocablos que afecta la uidez de la ex-
presión del lenguaje hablado sin fallas especícamente
lingüísticas, como los trastornos de comprensión y el
agramatismo o fallas del habla por alteraciones en el
aparato fonador labioglosolaríngeo como la disartria.
Esta variante no se incorporó a los criterios diag-
nósticos iniciales. En 1998 los grupos de Manchester y
Lund publicaron la primera clasicación de los cuadros
que integraban la DLFT (Neary et al., 1998) en la cual
mencionaban la afasia progresiva no uente (progres-
sive nonuent aphasia), la afasia semántica y agnosia
asociativa o demencia Semántica (semantic aphasia
and associative agnosia [SD]) junto con la demencia
frontotemporal (DFT). Las primera descripción de
estos pacientes con habla enlentecida y vacilante por
dicultades en la recuperación lexical se publica en
2004 (Gorno-Tempini et al., 2004) y en 2008 aparecen
las primeras publicaciones que evaluaron la precisión
diagnóstica de esos criterios (Pijnenburg et al., 2008).
En esta variante logopénica, se consideraron como
criterios “centrales” (core) la dicultad en el recuerdo/
hallazgo de vocablos (anomia moderada) con pausas
en el discurso (búsqueda de palabras), la dicultad
para recordar palabras (memoria auditiva verbal de
corto plazo), las sustituciones de palabras, y la pre-
sencia de trastornos en la repetición (dicultad para
repetir frases u oraciones) en ausencia de trastornos
gramaticales y de comprensión Sin embargo, algunos
pacientes que podrían incluirse en esta variante no
presentan trastornos en la repetición, por lo que se ha
sugerido que este criterio pase a ser “de apoyo(anci-
llary) (Mesulam & Weintraub, 2014).
Variantes mixtas de APP
Algunos pacientes presentan diferentes combinaciones
de agramatismo y trastornos semánticos y se los ha cla-
sicado como variantes mixtas de APP (Mesulam et al.,
2009 & 2012; Sajjadi et al., 2012; Wicklund et al., 2014)
o atípicas (Marshall et al., 2018) siendo necesaria una
tipicación más ajustada para su incorporación a la cla-
sicación vigente.
Correlato clínico-patológico
Tabla 1. Signos diagnósticos de la AoS (Jonkers et al., 2017)
1. Inconsistencia en la pronunciación de fonemas repetidos.
2. Mayor número de errores consonánticos que vocálicos.
3. Mayor dicultad en alternar la tasa diadococinética (/pa-ta-ka/) que en secuenciarla (/pa-pa-pa/) (Ziegler, 2002). Esta característi-
ca es un signo especíco de la AdH (AoS). La diadococinesia del habla (DDK), es una medida para el análisis diagnóstico basada en
la tasa de producción silábica del habla a través de unidades de tiempo (Fletcher, 1972).
4. Vacilación o “tanteo” (groping) visual o audible.
5. Problemas con la iniciación del habla con reinicios (restarts).
6. Segmentación silábica.
7. Segmentación de las combinaciones consonánticas.
8. Efecto de la complejidad articulatoria.
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
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Las asociaciones clinicopatológicas quizás puedan fa-
cilitar la resolución de estos dilemas. La variante logo-
pénica (APP-L) sigue siendo denida por fallas en la
repetición de frases y oraciones con trastornos en el
recuerdo/recuperación de palabras aisladas asociada
con máxima atroa de las cortezas temporal y parietal
perisilvianas posteriores. La variante no uente/agra-
mática (APP-G) se dene por agramatismo y esfuerzo
para iniciar y mantener la expresión verbal con máxima
atroa en las cortezas frontal posterior e insular ante-
rior. La variante semántica (APP-S), por su parte exhibe
fallas en la comprensión de palabras aisladas y anomia
asociadas con máxima atroa del lóbulo temporal ante-
rior izquierdo (Chapman et al., 2023).
En pacientes con APP, el diagnóstico primario por
autopsia fue EA en el 42% de los casos, degeneración
corticobasal (corticobasal degeneration – CBD) o pa-
rálisis supranuclear progresiva (progressive supranu-
clear palsy – PSP) en 24%; enfermedad de Pick (PiD)
en 10%; proteinopatía TDP-43 tipo C en 11%, TDP-43
tipo A en 10% y otras patologías 3%.
La subtipicación según las proteínas involucra-
das fue variable según los hallazgos de distintos au-
tores, así, para Bergeron la patología de la EA fue
la más frecuente en la APP-L (76%), seguida por la
DLFT-TDP43 en APP-S (80%) y DLFT-TDP43/tau en
APP-G (64%) (Bergeron et al., 2018). Por su parte, los
trabajos más recientes de Marcel Mesulam asociaron
un 77% de las APP-L con patología EA; 56% de las
APP-G con CBD/PSP o PiD y 89% de las APP-S con
patología TDP-43 tipo C (Mesulam et al., 2022).
Los criterios diagnósticos de 2011 no cubren todo
el espectro de síndromes clínicos asociados con dete-
rioro progresivo primario de las funciones lingüísticas.
En general la variante semántica tiene valor predictivo
para la patología subyacente, pero no ocurre lo mismo
con la variante logopénica ya que se halló fenomenolo-
gía compatible con ésta en otras patologías (Leyton et
al., 2011; Harris et al., 2013).
Positividad para amiloide-β
La positividad para los depósitos de amiloide-β (A-β)
es más prevalente en la APP-L (86%), seguida por la
APP-G (20%) y la APP-S (16%), incrementándose con
la edad en la APP-G (desde 10% a los 50 años hasta 27%
a los 80) y la APP-S (desde 6% a los 50 años hasta 32% a
los 80), no observándose incremento en la APP-L (Ber-
geron et al., 2018).
Portadores de APOE-ε4
Portadores APOE-ε4 son más frecuentemente positivos
para amiloide-β (58.0%) que los no portadores (35.0%)
(Bergeron et al., 2018)
Correlación con el biomarcador para amiloide
PiB-PET
El diagnóstico de las distintas variantes de la APP em-
pleando el compuesto B de Pittsburg marcado con
carbono 11 (11C-PiB-PET) como marcador “in vivo
para los depósitos de proteína amiloide, asoció positi-
vamente a la APP-L en > 95% de los casos. Cuando el
síndrome clínico hizo sospechar DLFT la positividad
del PiB-PET correlacionó con formas mixtas de APP
(Santos-Santos et al., 2018).
APP y progranulina
En un 19% de pacientes con APP se hallaron mutacio-
nes del gen de la progranulina (GRN), siendo más fre-
cuente en la APP-L (41%), seguida por la APP-G (28%)
y las formas mixtas (25%), siendo muy rara en la APP-S
(2, 6%) (Saracino et al., 2021).
Criterios diagnósticos
Los criterios diagnósticos de las APPs se han actuali-
zado con el paso del tiempo (Tabla 2) y la adquisición
de conocimientos más ajustados sobre su presentación
clínica, permitiendo una aproximación orientativa para
programar la mejor terapéutica (Mesulam 1982, 2001;
Gorno-Tempini et al., 2011; Mesulam et al., 2012, 2021;
Butts et al., 2015).
Los síndromes de afasia progresiva primaria de ori-
gen neurodegenerativo presentan características orien-
tativas que permiten una aproximación diagnóstica
basada en la fenomenología clínica y neuropsicológica/
neurolingüística con relativa especicidad, permitien-
do una aproximación diagnóstica bastante ajustada
aunque no absoluta (ver Tabla 2).
Evaluación neuropsicológica
En líneas generales una primera aproximación puede
basarse en cuatro rasgos distintivos, la comprensión de
vocablos aislados, el trastorno motor del habla, la repe-
tición de oraciones o frases y el agramatismo.
Se han diseñado distintas escalas con la intención
de detectar y diferenciar estos cuadros aparte de las de
uso rutinario (Battista et al., 2017) como el test de de-
nominación de Boston (Boston Naming Test) (Kaplan et
al., 2001), el test de las chas (Token Test) (De Renzi &
Vignolo, 1962) o las pruebas de vocabulario y similari-
dades de la escala abreviada de inteligencia de Wechs-
ler (Wechsler Abbreviated Scale of Intelligence – WASI)
(Wechsler, 2011).
Entre las escala más especícas podemos citar la ba-
tería de lenguaje de Sydney (Sydney Language Battery)
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
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(Savage et al., 2013b), el test de anagramas del noroeste
(Northwestern Anagram Test) (Weintraub et al., 2009);
la escala del lenguaje de la afasia progresiva (Progressive
Aphasia Language Scale – PALS) (Leyton et al., 2011); la
escala de valoración de la afasia progresiva (Progressive
Aphasia RatIng Scale – PARIS) (Epelbaum et al., 2021)
y la evaluación multidimensional de denominación del
noroeste (Northwestern Multidimensional Naming As-
sessment – NOMINA) (Mesulam et al., 2013). El test
repita y señale’ (Repeat and Point Test) (Hodges et al.,
2007) demostró ser particularmente útil en la diferen-
ciación entre la APP-S de la APP-G y la APP-L (Seckin
et al., 2022).
Para evaluar la severidad del trastorno afásico se
cuenta con la escala de severidad de la afasia progresiva
(Progressive Aphasia Severity Scale – PASS) (Sapolsky et
al., 2014).
Para la AoS se puede emplear la escala de valoración
de la apraxia del habla (Apraxia of Speech Rating Scale)
(Strand et al., 2014).
Tabla 2. Criterios diagnósticos de afasia progresiva primaria
Afasia progresiva primaria (APP) (Mesulam, 2003, 2013; Gorno-Tempini et al., 2011; Mesulam et al., 2014; Macoir et al., 2021)
Las siguientes 3 condiciones deben estar presentes:
1. Nuevo y progresivo trastorno del lenguaje (afasia en uno o más de los siguientes dominios: producción gramatical de
oraciones, hallazgo de vocablos en el habla, denominación de objetos, comprensión de palabras y oraciones, deletreo, lectura,
repetición).Trastornos aislados de la articulación no calican.
2. Relativa preservación de la memoria episódica, funciones ejecutivas, habilidades visuoespaciales y comportamiento
documentado por la historia, registros médicos y/o evaluación neuropsicológica.
3. Resultados de imágenes y otros exámenes neurodiagnósticos pertinentes que excluyan otras causas distintas de la
neurodegeneración.
Variante no-uente/agramática (APPvnf/a o APP-G) (Gorno-Tempini et al., 2011; Mesulam et al., 2014)
A.Uno de los siguientes rasgos centrales debe estar presente:
1. Agramatismo en la producción del lenguaje.
2. Habla esforzada, entrecortada, con errores inconsistentes y distorsiones en los sonidos del habla (apraxia del habla).
B. 2 de los siguientes 3 rasgos auxiliares deben estar presentes:
1. Trastorno en la comprensión de oraciones sintácticamente complejas (no-canónicas).
2. Preservación de la comprensión de palabras aisladas.
3. Preservación del conocimiento de objetos.
Variante semántica (APPvs o APP-S) (Warrington, 1975; Gorno-Tempini et al., 2011; Mesulam et al., 2014)
A. Ambos rasgos centrales deben estar presentes:
1. Trastorno en la denominación de objetos.
2. Trastorno en la comprensión de palabras aisladas.
B. 3 de los siguientes rasgos auxiliares deben estar presentes:
1. Trastorno del conocimiento de objetos, particularmente para ítems de baja frecuencia o baja familiaridad.
2. Dislexia de supercie (lectura de palabras irregulares) o disgraa.
3. Repetición preservada.
4. Aspectos gramaticales y motores del habla preservados.
Variante logopénica (APPlv o APP-L) (Gorno-Tempini et al., 2004, 2011)
A. Ambos de los siguientes rasgos centrales deben estar presentes:
1. Alteración de la recuperación de palabras aisladas en el lenguaje espontáneo y la denominación.
2. Trastorno en la repetición de frases y oraciones.
B. 3 de los siguientes rasgos auxiliares deben estar presentes:
1. Errores fonológicos (parafasias fonémicas) en el lenguaje espontáneo o la denominación.
2. Preservación de la comprensión de palabras aisladas y del conocimiento de objetos.
3. Preservación de los aspectos motores del habla.
4. Ausencia de agramatismo franco.
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Demencia con cuerpos de Lewy y afasias progresivas primarias: criterios diagnósticos actuales
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 51-66.
El objetivo de estas escalas consiste en mejorar la
validez diagnóstica y realizar aproximaciones clínicas
más precisas, sobre todo cuando no se cuente con otros
medios auxiliares.
Manejo terapéutico
El manejo terapéutico de las APPs continúa siendo
básicamente sintomático y suele asociarse con los pla-
nes terapéuticos de la DLFT (Khoury et al., 2021). En
ausencia de tratamientos farmacológicos especícos,
curativos, etiológicos o que puedan ralentizar el cur-
so clínico por mecanismos siopatológicos, se deberá
considerar una aproximación integral cognitiva con-
ductual dirigida al paciente y a sus cuidadores, la esti-
mulación cognitiva, la rehabilitación neurolingüística y
el empleo de fármacos que permitan controlar los sín-
tomas más disruptivos. Un plan de actividades físicas y
de interacción social podría favorecer el mantenimien-
to de la integración del paciente a sus círculos de allega-
dos (Savage et al., 2013; Devenney et al., 2019).
Se deberá tener especial cuidado con el uso de los
inhibidores de acetilcolinesterasa, ya que se han descri-
to exacerbaciones sintomáticas en pacientes con DLFT
(Devenney et al., 2019) y su empleo no estaría indicado
en ausencia de sospecha de trastorno en la neurotrans-
misión colinérgica, e.g., trastorno de memoria episódi-
ca con perl cortical hipocámpico.
La psicoeducación y las redes de apoyo para cuida-
dores y familiares son mandatorios cuando se diagnos-
tica un síndrome del espectro de la DLFT, ya que los
trastornos de conducta inevitables en estos cuadros –y
particularmente en la DFTvc–, ocurriendo en pacientes
adultos jóvenes y muchas veces laboralmente activos,
generan una gran sobrecarga emocional y distrés en
todo el grupo familiar (Younes & Miller, 2020).
Conclusiones
A pesar de los avances observados en la última déca-
da, el diagnóstico clínico sigue siendo dicultoso por
la heterogeneidad intrínseca de estos cuadros debido a
diferencias individuales y de cohorte como así también
a las presentaciones mixtas o inclasicables.
Aparte, el cuadro general se torna complejo dada la
naturaleza progresiva de estos síndromes, los cuales, en
estadios evolutivos avanzados, pueden presentar dete-
rioro cognitivo “puro” o combinaciones de trastornos
cognitivo conductuales o de la función motora feno-
menológicamente bizarros y de difícil tipicación ha-
ciendo imposible evaluar el lenguaje. Como sugirieran
Mesulam y Weintraub (2008) muchas veces se deberá
considerar utilizar categorías como APP-plus…
Probablemente con la generalización del uso de bio-
marcadores y el acceso a la genotipicación, se pueda
realizar una aproximación diagnóstica más ajustada y
diseñar conductas terapéuticas especícas. Este último
punto es excluyente cuando ya se dispone de fármacos
antiamiloideos aprobados para uso clínico, fármacos
antitau en fases II y III de investigación y un importan-
te número de ensayos clínicos en los primeros estadios
con terapia génica.
Conictos de intereses: los autores declaran no tener
conictos de intereses.
Agradecimientos: el apartado sobre demencia con
cuerpos de Lewy fue elaborado por Liliana Patricia Colli,
María Cecilia Fernández y Waleska Berrios, y el corres-
pondiente a afasias progresivas primarias por Juan Olla-
ri, Florencia Deschle, Valeria Rubiño, Romina Blanco y
Natalia Ciua todos miembros del Grupo de Trabajo de
Neurología del comportamiento y Neurociencias Cogni-
tivas de la Sociedad Neurológica Argentina (SNA) coor-
dinado por Edith Labos.
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Artículo de revisión
67
Resumen
El trastorno por décit de atención/hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo caracteriza-
do por niveles problemáticos de inatención, desorganización y/o hiperactividad-impulsividad. Afecta diversos
campos de la vida del paciente como la conducta y su desenvolvimiento social y académico. El TDAH tiene una
etiología multifactorial, con implicaciones genéticas, ambientales, socioeconómicas, entre otras. Es principal-
mente diagnosticado en niños; sin embargo, puede permanecer hasta la edad adulta o bien, ser diagnosticado
en la edad adulta por haber pasado desapercibido durante la niñez. Existe la posibilidad de que los síntomas
sean compensados al llegar a la adultez y no producir dicultades, pero cuando hay alteraciones ambientales
o comorbilidades, pueden ser evidentes, principalmente cuando se enfrentan a estrés escolar, laboral o social
dado por las cargas de trabajo que la universidad o trabajo exigen.
Palabras claves: trastorno por décit de atención/hiperactividad, estudiantes con TDAH, TDAH del adulto,
diagnóstico de TDAH
Abstract
Attention Decit/Hyperactivity Disorder (ADHD) is a neurodevelopmental disorder characterized by problematic levels
of inattention, disorganization, and/or hyperactivity-impulsivity. It affects various elds of the patient's life such as beha-
vior and their social and academic development. ADHD has a multifactorial etiology, with genetic, environmental, and
socioeconomic implications, among others. It is mainly diagnosed in children; however, it can remain until adulthood or
be diagnosed until adulthood because it went unnoticed during childhood. There is the possibility that the symptoms are
compensated upon reaching adulthood and do not cause difculties, but when there are environmental alterations or
comorbidities, they may be evident, mainly when they face school, work or social stress due to the workloads required
by the university or work.
Keywords: attention decit hiperactivity disorder, students, dults and TDAH, diagnosis of TDAH
Trastorno por décit de atención/hiperactividad: persistencia en
la adultez
Attention Decit/Hyperactivity Disorder: Persistence in adulthood
Salvador Pérez-Hernández1, Ignacio Uriel Macias-Paz2, Alejandro Cruz-Rosas3
RECIBIDO 26/8/2023 - ACEPTADO 5/10/2023
1.Universidad Autónoma de Tamaulipas Campus Tampico. “Dr. Alberto Romo Caballero”. Tampico; México. https://orcird.org/0000-0001-5499-490X.
2.Universidad Autónoma de Tamaulipas Campus Tampico. “Dr. Alberto Romo Caballero”. Tampico; México. https://orcird.org/0000-0002-5943-1863.
3.Médico psiquiatra. Director del Hospital Psiquiátrico de Tampico; Tamaulipas. Maestro de la Universidad Autónoma de Tamaulipas Campus Tampico.
“Dr. Alberto Romo Caballero”. Tampico; México. https://orcird.org/0009-0003-4696-776X.
Autor correspondiente:
Ignacio U. Macias-Paz
a2193310066@alumnos.uat.edu.mx
Institución donde se realizó el estudio: Facultad de Medicina "Dr. Alberto Romo Caballero", Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 67-73. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.661
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.661
68
Trastorno por décit de atención/hiperactividad: persistencia en la adultez
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 67-73.
Introducción
El trastorno por décit de atención/hiperactividad
(TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que lle-
va un curso evolutivo y se cronica durante la infancia
(Cherkasova et al., 2022). De acuerdo con el Manual
diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5ta
edición (DSM 5) (American Psychiatric Association
[APA], 2013), el TDAH se dene como un trastorno
del neurodesarrollo caracterizado por niveles proble-
máticos de inatención, desorganización y/o hiperacti-
vidad-impulsividad. Se asocia a diversos dominios fun-
cionales que se deterioran, como lo son, el conductual,
el social y el académico, así como en los entornos donde
se desenvuelve el paciente, siendo los más importantes
la escuela y el trabajo (Barbaresi et al., 2020). La carac-
terística más importante del TDAH es la falta de inhi-
bición conductual, de la cual derivan la inhibición de la
respuesta, el tiempo, la aversión al retraso, la atención
sostenida y la memoria de trabajo (Suzuki, 2023).
La prevalencia del TDAH se encuentra entre 5 y
7 % en niños y adolescentes y varía según la localiza-
ción donde se estudie y las herramientas con las que se
evalúe (Brikell et al., 2021). A pesar de ser un trastorno
del desarrollo que aparece en edades tempranas siendo
más común entre los 6 y 17 años, el TDAH puede no
resolverse y permanecer hasta la edad adulta (Hackett
et al., 2020), encontrándose registros del 4 al 4.5 % en
adultos de los Estados Unidos con un diagnóstico acti-
vo, mientras que otras estimaciones informan un 2.5 %
de prevalencia en adultos con la posibilidad de que en
realidad está subestimado por la actual novedad de su
diagnóstico en edades tardías (Brikell et al., 2021), así
como por la falta de entendimiento del trastorno y los
cambios que acompañan a la edad en cuestión de sínto-
mas y las comorbilidades psiquiátricas (Johnson et al.,
2020). Por todo lo anterior es complicado determinar
si los síntomas han desaparecido en la edad adulta, por
esto mismo las cifras reales de adultos con TDAH pu-
dieran ser tan variables (Hinshaw et al., 2022).
Etiología
El origen del TDAH es multifactorial, teniendo la in-
uencia de factores genéticos y ambientales. Dentro
de estos últimos se encuentran nacimiento prematu-
ro, bajo peso al nacer, tabaquismo materno duran-
te el embarazo y algunos factores socioeconómicos
como tener un solo padre de familia presente y/o ni-
vel socioeconómico bajo, entre otros (Johnson et al.,
2020). Este último factor (nivel socioeconómico bajo)
muestra más del doble de probabilidades de presen-
tar TDAH que aquellos con un nivel socioeconómico
alto (Jendreizik et al., 2023). También la capacidad de
la familia para recibir asistencia pública y para recibir
comidas escolares gratis o con un costo bajo son facto-
res que se han visto relacionados con el desarrollo de
TDAH (Sharma et al., 2022).
Otro factor de riesgo que tiene gran importancia
es la heredabilidad, ya que aquellas personas con ante-
cedentes familiares de TDAH tienen mayor riesgo de
tener síntomas persistentes en la adultez que aquellos
sin antecedentes familiares. Además, se ha encontra-
do que los padres de niños con TDAH presentaron
una mayor prevalencia de depresión, trastorno de
ansiedad y trastornos adictivos (Baboli et al., 2022).
Existen sospechas de que se trata de un trastorno ge-
néticamente multifactorial, con por lo menos siete
genes involucrados en su desarrollo (Rivas-Vazquez
et al., 2023). Se ha asociado este trastorno con un dé-
cit inhibitorio, dado por el resultado de ciertas dis-
funciones fronto-estriado-talámicas. Las inhibiciones
que se ven afectadas en el TDAH son el control de la
interferencia, aquella que inhibe la información que
distrae de la atención focalizada; la inhibición de las
respuestas prepotentes/automáticas y la supresión de
las respuestas ya iniciadas (Santos et al., 2023). Exis-
ten informes de estudios de imagen donde se vieron
volúmenes más pequeños de materia gris inferior, me-
dial y orbitofrontal en pacientes con TDAH, así como
de sus hermanos que no presentaban el trastorno en
comparación con los controles (Baboli et al., 2022).
Manifestaciones del TDAH en niños
Los síntomas más comunes son la falta de atención,
hiperactividad e impulsividad, esto se traduce en su
mayoría en una reducción del procesamiento de in-
formación o bien, en incapacidad de prestar atención a
tareas complejas (Chan et al., 2022). De un 65 a 80 % de
los niños y adolescentes con TDAH presentan proble-
mas de conducta que traen como consecuencia bajo
rendimiento académico y dicultades en relaciones
sociales y pocas habilidades de organización (Ogun-
dele y Ayyash, 2023; Tao et al., 2023). Los niños con
TDAH presentan con mayor frecuencia problemas
relacionados con el sueño como dicultad para con-
ciliarlo y mantenerlo durante la noche, ansiedad del
sueño y parasomnias. Dichos problemas del sueño se
asocian con un deterioro de la calidad de vida, en su
físico y en el ámbito psicosocial (Sharma et al., 2022).
Por un lado, los niños con TDAH sufren gran es-
tigmatización, victimización y acoso y, por otro, tam-
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Trastorno por décit de atención/hiperactividad: persistencia en la adultez
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 67-73.
bién tienen desarrolladas funciones de la personali-
dad, como lo son la creatividad, empatía, amabilidad,
el alto enfoque y energía (Wanni et al., 2023).
Manifestaciones del TDAH en adultos
Los síntomas en adultos suelen presentarse de mane-
ras más sutiles o distintas a la de los niños y adolescen-
tes; por ejemplo, la hiperactividad puede verse como
inquietud interna en situaciones comunes como clases
o durante conferencias; la falta de atención podría re-
presentarse como procrastinación, desorganización o
dicultad para tomar decisiones; y la impulsividad se
puede ver como incapacidad de mantenerse realizan-
do un trabajo o de sostener relaciones sociales (Zals-
man y Shilton, 2016). En algunos de los casos la detec-
ción primaria de TDAH en la adultez, se debe a la poca
exigencia general durante la infancia. Cuando estas
personas entran en ambientes adultos más exigentes,
por ejemplo, una carrera universitaria o trabajos con
un alto grado de competitividad, los síntomas, de ser
leves, pasan a representar un problema que necesitaría
atención clínica (Sibley 2021). Las dicultades dentro
del contexto social o escolar se ven representadas en
una baja autoestima, calicaciones bajas en pruebas es-
tandarizadas y abandono escolar (Abouammoh et al.,
2023). También, las personas afectadas pueden ser par-
tícipes de accidentes automovilísticos y tener compor-
tamientos suicidas (Wanni et al., 2023; Abouammoh et
al,. 2023). Aquellos adultos que pretenden una educa-
ción superior pueden tener una funcionalidad relativa-
mente buena, sin embargo, los mismos tienen un ma-
yor grado de comorbilidad psiquiátrica y con ello cierto
grado de deterioro funcional (Sjöwall et al., 2023).
Los adultos con TDAH muestran una importante
desregulación emocional, la cual aparece muy tem-
prano en el desarrollo en comparación con aquellos
niños con un neurodesarrollo típico. Existen pocos
estudios que analicen la prevalencia de la desregula-
ción emocional en adultos con TDAH, dichos estu-
dios muestran que 34-70 % de pacientes adultos con
TDAH también presentan desregulación emocional,
por lo que se ha llegado a conclusiones preliminares
que sugieren su inclusión como síntoma principal
(Soler-Gutiérrez et al., 2023). La desregulación emo-
cional se puede caracterizar por trastornos afectivos,
impulsividad, labilidad del estado de ánimo e hiperre-
actividad emocional (Anbarasan et al., 2020).
TDAH en estudiantes
Prestar atención en clases es un problema en los estu-
diantes con TDAH y provoca dicultad de aprendiza-
je, esto es debido al desvío de la atención de la lección
o clase a cuestiones generales como el entorno donde
puede haber imágenes en las paredes del aula, soni-
dos de autos, entre otros factores distractores (Mas-
rum et al., 2023), y a su vez, esto perturba o impide
nalizar actividades porque existen limitaciones de
recursos atencionales (Tullo et al., 2023). La dicul-
tad de aprendizaje en el TDAH no interere con la
inteligencia general, por lo que quienes lo presentan
solamente se ven necesitados de una educación espe-
cial en la que esté involucradas áreas básicas como la
lectura, escritura, ortografía o matemáticas (Vetri et
al., 2023). Otra característica común de los alumnos
con TDAH es olvidar material para sus clases, tardar
más en realizar tareas y mal desempeño en pruebas
cronometradas (Anderson et al., 2022).
Las personas con TDAH tienden a realizar las mis-
mas rutinas y muestran dicultades para aprender,
adaptar y realizar otras nuevas, todo esto es debido
a la dicultad en el funcionamiento ejecutivo (Lus-
sier et al., 2023). Un punto clave para el aprendizaje
es el ambiente en el cual se desenvuelve el alumno,
esto fue visto durante la pandemia del COVID-19,
donde aquellos alumnos con TDAH se vieron gra-
vemente afectados por la falta de rutinas establecidas
por el sistema educativo y por los factores distracto-
res presentes en el hogar. Por lo tanto, el apoyo en la
planicación y supervisión de mejores rutinas se ha
visto como un reto con claros benecios (Merrill et
al., 2023). Además, se ha visto que los cursos en línea
resultan ser más dicultosos para los estudiantes con
TDAH (Anderson et al., 2022). Existe mayor riesgo de
que los niños y jóvenes con TDAH tengan conictos
académicos y sociales relacionadas con sus maestros y
los demás compañeros (Lv et al., 2023).
Comorbilidades
El TDAH se ha visto en relación con depresión, an-
siedad, síndrome de Tourette y trastorno del espectro
autista en niños (Chan et al., 2022). En el caso de pa-
cientes con trastorno del espectro autista (TEA) se ha
tenido el registro de que su comorbilidad más común
es el TDAH, llegando a ser del 40 al 70 % de los niños
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Trastorno por décit de atención/hiperactividad: persistencia en la adultez
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 67-73.
con este trastorno, y de los niños con TEA entre el 15
y el 25 % tienen síntomas signicativos de TDAH, por
esto, su diagnóstico dual debe ser considerado posible
y de importancia (Hoogman et al., 2022). Para la de-
presión, el riesgo de desarrollarse en los pacientes con
TDAH es cinco veces mayor que en aquellos que no
lo tienen (Bailie y Linden, 2023). Se ha demostrado
que 1 de cada 13 pacientes con TDAH tenía trastorno
bipolar y que casi 1 de cada 6 pacientes con trastorno
bipolar fueron diagnosticados con TDAH (Schiweck
et al., 2021). Las comorbilidades vistas en adultos han
sido prácticamente las mismas, siendo diferente en el
consumo y abuso de sustancias y las tendencias suici-
das, además de tener ocho veces más probabilidades
de desarrollar una comorbilidad psiquiátrica en com-
paración a adultos sin TDAH (Hackett et al., 2023).
En mujeres con TDAH se ha visto una mayor preva-
lencia de depresión y ansiedad que en aquellas que no
presentan el trastorno, así como una aparición más
temprana, lo que sugiere que guardan una estrecha
relación de riesgo (Dorani et al., 2021). Pero no solo
se han visto trastornos psiquiátricos en relación con
el TDAH, también la obesidad ha sido estudiada en
pacientes adultos y niños con TDAH, en un metaaná-
lisis se encontró que la prevalencia agrupada aumen
un 70 % en adultos y un 40 % en niños en comparación
con sujetos sin TDAH (Cortese et al., 2016).
Diagnóstico
Existe cierta controversia en si el TDAH ha sido so-
brediagnosticado o infradiagnosticado en la actuali-
dad atribuibles a un aumento real de casos, mejora o
bien a errores en el diagnóstico (Kazda et al., 2021). En
adultos aún sigue siendo un tema nuevo y con actua-
lizaciones en cuanto a los criterios diagnósticos apli-
cables (Brikell et al., 2021). El diagnóstico de TDAH
en adultos es únicamente clínico basándose en lo sín-
tomas conductuales clave de inatención, impulsividad
e hiperactividad; sin embargo, existe mayor dicultad
debido a la confusión con comorbilidades psiquiátri-
cas presentes en la adultez que pudieran ser más bien
parte del trastorno (Soler-Gutiérrez et al., 2023).
En el DSM-5 (APA, 2013) se presentan los crite-
rios diagnósticos para el TDAH y lo dene como “pa-
trón persistente de inatención y/o hiperactividad-im-
pulsividad que interere con el funcionamiento o el
desarrollo, donde para la inatención son necesarios
6 o más síntomas, presentados por más de 6 meses, y
para adultos se requieren un mínimo de 5. En el caso
de la hiperactividad-impulsividad también es necesa-
rio el mismo número de síntomas en niños y adultos
respectivamente, en el mismo tiempo. Gracias a esto
es posible dividirlo en tres subtipos distintos depen-
diendo del cumplimiento de los criterios diagnósticos
para TDAH: el primero es la presentación predomi-
nante con falta de atención, el segundo es presenta-
ción predominante hiperactiva/impulsiva y el tercero
es la presentación combinada, en el que se presentan
los síntomas de los dos anteriores al mismo tiempo.
Se ha sugerido actualmente que, desde su estudio en
el DSM-IV, la prevalencia del subtipo combinado se
ha mantenido alrededor de dos terceras partes de los
pacientes, la inatención como síntoma se presenta en
el 90 % del total y el subtipo hiperactividad-impulsivi-
dad en el 8 % (Salvi et al., 2019).
Una manera que se ha visto efectiva, con gran a-
bilidad y validez de realizar un cribado de TDAH en la
edad adulta es mediante el uso de la Escala de autoin-
forme sobre TDAH en Adultos (ASRS v1.1), elabora-
da por la OMS, con ayuda de la Iniciativa de Encuestas
de Salud Mundial, donde en un principio se trataba
de una lista de vericación de síntomas de 18 ítems,
reduciéndose a solo 6 ítems (Green et al., 2019) (ver
Tabla 1).
Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico en adultos continúa con
la desventaja de ser empírico, esto con base en la poca
literatura existente y la experiencia profesional de los
médicos tratantes; dicha gran falta de información y
evidencia es debido a que se sigue considerando una
enfermedad pediátrica, por lo tanto, no hay un trata-
miento que por unanimidad sea aceptado y usado en
todos los países (Mucci et al., 2021).
La corteza prefrontal, el núcleo caudado y el cerebelo
son las partes del encéfalo que muestran deciente fun-
cionamiento en el TDAH (Teaima et al., 2023). Agrega-
do a las alteraciones neuroanatómicas, la dopamina y
noradrenalina, ambos neurotransmisores, se han visto
asociados a la siopatología del TDAH, para lo cual,
dosis terapéuticas de medicamentos para el TDAH pue-
den mejorar el tono adecuado de dichos neurotransmi-
sores en la corteza prefrontal y mejorar los síntomas de
los pacientes (Rivas-Vazquez et al., 2023).
Los medicamentos estimulantes como las anfeta-
minas o el metilfenidato se han visto más efectivos
que aquellos que son no estimulantes como la guanfa-
cina y la clonidina, sin embargo, la ecacia para cada
paciente debe ser evaluada individualmente (Lude-
rer et al. 2021). El metilfenidato se reconoce como
el medicamento de primera línea en el tratamiento
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Trastorno por décit de atención/hiperactividad: persistencia en la adultez
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 67-73.
del TDAH en niños y adolescentes (Houmann et al.,
2023), además se ha visto que tiene una buena eca-
cia y tolerabilidad a corto plazo y se ha visto asocia-
do con benécos resultados en la adolescencia: mejor
rendimiento académico y relaciones sociales y menos
accidentes (Sibeoni et al., 2023). La atomoxetina es un
medicamento no estimulante, es un inhibidor selec-
tivo de la recaptación de noradrenalina, también está
indicado para el tratamiento del TDAH, pero se ad-
ministra a mayores de 6 años y adultos por vía oral
(Teaima et al., 2023).
Tratamiento no farmacológico
El único tratamiento no farmacológico que ha mos-
trado buenos y consistentes resultados es la terapia
conductual. Presenta benecios hacia las habilidades
sociales, el desempeño académico y los comporta-
mientos disruptivos (Ogundele y Ayyash, 2023). Las
guías clínicas recomiendan el tratamiento psicoedu-
cativo además del farmacológico como tratamiento de
primera línea del TDAH en adultos debido a que la te-
rapia conductual se considera una alternativa si no se
tolera el medicamento o bien, como un complemento
necesario (Carroll et al., 2023; Luderer et al., 2021).
Además del tratamiento farmacológico y aseso-
ramiento psicológico y conductual, se ha visto que la
actividad física representa un gran apoyo en reducir
los síntomas, mejorando la memoria y la función eje-
cutiva de los pacientes (Chan et al., 2022).
Conclusiones
El TDAH repercute de forma negativa en las activi-
dades diarias y en la productividad, llevando a los
afectados a evolucionar con comorbilidades como an-
siedad y depresión, convirtiéndose en un importante
problema de salud pública. Por lo tanto, representa
una entidad que necesita ser abordada con mayor pre-
cisión y claridad en benecio de los pacientes con este
trastorno. Sería de gran utilidad contar con el apoyo y
compromiso de las instituciones, universidades y so-
ciedad en general para la detección temprana y apoyo
adecuado y así lograr un mejor desarrollo de aquellas
personas con TDAH.
Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conicto de intereses.
Agradecimientos: agradecemos a la Facultad de Me-
dicina "Dr. Alberto Romo Caballero" de la Universidad
Autónoma de Tamaulipas por permitirnos realizar este
trabajo.
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Tabla 1. Adult Self-Reported Screening Self-Report Questionnaire-V1.1 (ASRS-V1.1) de la Entrevista Diagnóstica
Internacional Compuesta de la OMS
Marque la casilla que mejor describa cómo se ha sentido y se ha
comportado durante los últimos 6 meses. Entregue el cuestionario
completo a su profesional de la salud durante su próxima cita para
analizar los resultados.
Nunca Casi
nunca A veces A
menudo
Muy a
menudo
1. ¿Con qué frecuencia tiene problemas para terminar los
detalles nales de un proyecto, una vez que se han hecho las partes
desaantes?
2. ¿Con qué frecuencia tiene dicultad para poner las cosas en
orden cuando tiene que hacer una tarea que requiere organización?
3. ¿Con qué frecuencia tiene problemas para recordar citas u
obligaciones?
4. Cuando tiene una tarea que requiere mucha reexión, ¿con qué
frecuencia evita o retrasa su inicio?
5. ¿Con qué frecuencia se mueve nerviosamente o se retuerce con
las manos o los pies cuando tiene que sentarse durante mucho
tiempo?
6. ¿Con qué frecuencia se siente demasiado activo y obligado a
hacer cosas, como si fuera impulsado por un motor?
Nota: La escala de autoinforme para adultos de 6 preguntas versión 1.1 (ASRS-V1.1) es un subconjunto de la lista de vericación de síntomas de la
escala de autoinforme para adultos con TDAH de 18 preguntas de la OMS versión 1.1 (ASRS-V1.1 para adultos) (Kessler, s.f.).
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Artículo de revisión
74
Resumen
La encefalopatía traumática crónica es una enfermedad neurodegenerativa resultante de la acumulación de
numerosos traumatismos craneoencefálicos, para la cual no existe un diagnóstico en vida denitivo ni un
tratamiento especíco. Entre los factores de riesgo asociados se encuentran: la exposición a deportes de
contacto que predisponen a traumatismos craneoencefálicos clínicos y subclínicos reiterados, la presencia
de la apolipoproteína E4 y la edad. A escala microscópica, la lesión patognomónica de la enfermedad implica
agregados de proteína tau fosforilada en neuronas, con o sin astrocitos en forma de espina, en las profundi-
dades del surco cortical alrededor de un pequeño vaso sanguíneo, en lo profundo del parénquima y con un
patrón irregular, que pueden estar acompañado en ocasiones de otros depósitos de proteínas anormales y
prevalentes en otras entidades como placas de beta-amiloide, TDP-43 y/o alfa-sinucleína. Desde el punto de
vista clínico se caracteriza por un curso lento e insidioso que se inicia con síntomas cognitivos leves, alteracio-
nes del comportamiento y desregulación emocional, y progresa hacia la aparición de síntomas motores tipo
parkinsonianos y demencia. La única forma de diagnosticar denitivamente la ETC es después de la muerte,
durante una autopsia del cerebro. A pesar de que se han propuesto criterios diagnósticos prometedores, no
están actualmente validados. Se están desarrollando biomarcadores que determinen en vida los cambios sio-
patológicos de la entidad sin necesidad de la biopsia.
Palabras clave: encefalopatía traumática crónica, demencia, taupatías, conmociones cerebrales, neurodege-
neración
Abstract
Chronic Traumatic Encephalopathy (CTE) is a neurodegenerative disease resulting from the accumulation of numerous
head injuries, for which there is no denitive lifetime diagnosis or specic treatment. Associated risk factors include
exposure to contact sports that predispose to repeated clinical and subclinical head injuries, the presence of apolipo-
protein E4, and age. On a microscopic scale, a pathognomonic CTE lesion involves p-tau aggregates in neurons, with or
without thorn-shaped astrocytes, at the depths of the cortical sulcus around a small blood vessel, deep in the parenchy-
ma in an irregular pattern, which may sometimes be accompanied by other abnormal protein deposits and prevalent
in other entities such as beta-amyloid plaques, TDP-43 and/or alpha-synuclein. Clinically, it is characterized by a slow
and insidious course that begins with mild cognitive symptoms, behavioral disturbances, and emotional dysregulation
and progresses to the onset of Parkinsonian-like motor symptoms and dementia. The only way to denitively diagnose
Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la
encefalopatía traumática crónica: una revisión narrativa
New clinical and neuropathological diagnostic criteria for chronic traumatic encephalopathy:
a narrative review
María Julieta Russo1, Fernando Salvat2, Ricardo F. Allegri1,3, Gustavo E. Sevlever1
RECIBIDO 4/3/2024 - ACEPTADO 9/4/2024
1.Instituto de Neurociencias (INEU) Fleni, Consejo Nacional de Investigaciones en Cientícas y Técnicas (CONICET), Buenos Aires, Argentina.
2.Servicio de Dolor. Departamento de Neurología, Fleni, Buenos Aires, Argentina.
3.Servicio Neurología Cognitiva, Neuropsicología y Neuropsiquiatría. Departamento de Neurología. Fleni, Buenos Aires, Argentina.
Autora correspondiente:
María Julieta Russo
mariajulietarusso@gmail.com
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 74-84. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.662.
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.662
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Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la encefalopatía traumática crónica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 74-84.
CTE is after death during an autopsy of the brain. Although promising diagnostic criteria have been proposed, they are
not currently validated. Biomarkers are being developed to determine the pathophysiological changes of the entity in
life without the need for biopsy.
Keywords: clozapine, drug prescriptions, antipsychotic agents, pharmacoepidemiology
Introducción
La encefalopatía traumática crónica (antiguamente
llamada demencia pugilística) (Critchley, 1949; Mart-
land, 1928) es el término que se utiliza para describir
una degeneración cerebral generalmente provocada
por traumatismos craneales reiterados (McKee, Alos-
co, et al., 2016; Omalu et al., 2005). Actualmente se
ha documentado en atletas que realizan deportes de
contacto (Kelly et al., 2023), como por ejemplo, bo-
xeo, fútbol americano, rugby, hockey y practicantes de
artes marciales, pero también puede afectar a víctimas
de una explosión que sufren los efectos de una onda
expansiva (Goldstein et al., 2012).
Desde hace varias décadas se sabe que los golpes
repetidos en la cabeza producen una variedad de le-
siones cerebrales, que incluyen demencia, cambios de
la personalidad y de la conducta, alteraciones cogni-
tivas y un mayor riesgo de desarrollo a lo largo de la
vida de numerosas enfermedades neurodegenerativas
(Brett et al., 2022; Mielke et al., 2022), como la enfer-
medad de Alzheimer (EA), la enfermedad de Parkin-
son, la esclerosis lateral amiotróca, depresión, tras-
tornos de le personalidad y epilepsia.
Sin embargo, los últimos estudios de autopsia en
cerebros de deportistas de contacto (McKee et al.,
2013; Mckee et al., 2018; McKee et al., 2023), como
el boxeo o el fútbol americano, han revelado la pre-
sencia de lesiones axonales difusas y ovillos neuro-
brilares constituidos principalmente por tau hiperfos-
forilada (p-tau) pero con una distribución diferente
de las observadas en pacientes con las enfermedades
degenerativas clásicas como la EA o la enfermedad
de Parkinson. Siendo estas características un cambio
de paradigma en la interpretación del trauma de crá-
neo como factor de riesgo de neurodegeneración sino
también como factor causal per se de una entidad que
exhibe un patrón neuropatológico distintivo con una
predilección topográca diferencial y selectiva de las
regiones cerebrales, que son temporalmente progresi-
vas y eventualmente tienden a afectar todas las regio-
nes del cerebro en los casos avanzados (ver Figura 1).
Algunas de estas regiones topográcas selectivamente
vulnerables del cerebro pueden incluir, pero no se li-
mitan al mesencéfalo, protuberancia, estructuras lím-
bicas, y/o regiones parasagitales y periventriculares
del cerebro. Estas son las regiones del cerebro que pa-
recen soportar las fuerzas máximas de cizallamiento,
aceleración y desaceleración, rotación angular y rota-
cional vinculadas a las lesiones cerebrales traumáticas.
Como toda entidad degenerativa, el patrón patológico
progresa en su distribución topográca para compro-
meter más regiones neocorticales y subcorticales a
medida que la enfermedad avanza. Dicha progresión
involucra circuitos neuronales que son consistentes
con la sintomatología clínica selectiva y diferencial de
la entidad, predominantemente síntomas de humor y
conducta en pacientes más jóvenes, progresando a un
décit cognitivo creciente, y, eventualmente, demen-
cia en pacientes mayores con etapas avanzadas cuan-
do la neocorteza termina afectándose globalmente.
Durante los últimos años existe un creciente inte-
rés popular por la repercusión que tiene el traumatis-
mo de cráneo leve y sobre todo cuando es reiterado
como en el caso de los deportes de contacto en el de-
sarrollo de complicaciones neurocognitivas a corto y
a largo plazo, tanto en jugadores en actividad como en
jugadores retirados de su práctica deportiva. Este in-
terés se ha trasladado a la comunidad cientíca, y aun-
que existe evidencia sólida a favor de las alteraciones
histopatológicas propias y especícas de esta entidad y
de su asociación con los traumatismos craneoencefá-
licos, la información que disponemos sobre las bases
siológicas, los métodos diagnósticos y los factores
pronósticos y protectores es todavía escaso.
Dentro de este contexto, resulta relevante revisar
el estado actual del diagnóstico clínico y anatomopa-
tológico de la encefalopaa traumática crónica con
vistas a integrarlo en una mirada no solo de investiga-
ción sino también de la práctica clínica habitual en la
neurología y en la neuropsiquiatría.
La visión tradicional de los efectos crónicos de los
traumatismos craneoencefálicos clasica la lesión ce-
rebral como un factor de riesgo para la precipitación
de enfermedades neurodegenerativas individuales. El
punto de vista emergente apoyado en esta revisión es
que la enfermedad neurodegenerativa inducida por
los traumatismos craneoencefálicos, o encefalopatía
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Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la encefalopatía traumática crónica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 74-84.
traumática crónica, es un trastorno del espectro que
comparte características clínicas y neuropatológicas
con otros trastornos neurodegenerativos.
¿Desde cuándo se conoce esta enferme-
dad?
La asociación entre traumatismos craneales y el desa-
rrollo de una enfermedad neurodegenerativa se cono-
ce desde hace un poco más de un siglo. En 1928, Ha-
rrison Martland, patólogo y médico forense, describió
por primera vez el espectro clínico del denominado
punch drunk syndrome” presente en casi la mitad de
los boxeadores que han estado en ese deporte lo su-
ciente (Martland, 1928). Por la década de los 70, se
habían estudiado patológicamente a un gran número
de boxeadores y se comienza a utilizar el término de
demencia pugilística” para apoyar la conclusión de
que esta forma de neurodegeneración era similar pero
distinguible de otras causas de neurodegeneración.
Como evidencia de las consecuencias clínicas y
neuropatológicas relacionadas a traumatismos cra-
neales leves repetitivos, se pudo documentar que este
patrón de neurodegeneración no era exclusivo de los
boxeadores, por lo que se le empezó a denominar en-
cefalopatía traumática crónica, término que fue uti-
lizado por Critchley en 1949 y actualmente es el más
utilizado (Critchley, 1949). Él describió una demencia
progresiva en los deportistas que estaba acompañada
por una combinación de signos y síntomas piramida-
Figura 1. Relación entre los traumatismos craneoencefálicos y las enfermedades neurodegenerativas
les, extrapiramidales y cerebelosos. En 1973, Corsellis
y colaboradores describen los hallazgos clínico-pato-
lógicos en 15 boxeadores, en quienes observaron la
presencia de atroa cerebral, agrandamiento de los
ventrículos laterales y terceros, adelgazamiento del
cuerpo calloso, cavum septum pellucidum con fenes-
traciones, lesiones cerebelosas y degeneración neuro-
brilar con tinciones de plata de la corteza cerebral y
la sustancia negra (Corsellis et al., 1973). A nes de la
década de 1990, en asociación con el advenimiento de
la inmunohistoquímica para la detección de la proteí-
na p-tau, Hof y colaboradores informaron por prime-
ra vez sobre la patología distintiva de la encefalopatía
traumática crónica temprana en sujetos jóvenes (Hof
et al., 1992). Se descubrió que una mujer con diag-
nóstico de autismo de 24 años que exhibía comporta-
mientos de golpearse la cabeza tenía numerosos gru-
pos perivasculares de ovillos neurobrilares y neuritas
distrócas en las profundidades de los surcos cerebra-
les y en las capas cerebrales superciales del lóbulo
temporal inferior, cortezas entorrinal y perirrinal en
ausencia de la proteína beta-amiloide típica de la EA.
En el año 2005, Benneth Omalu junto con sus cole-
gas del Departamento de Patología de la Universidad
de Pittsburgh (Omalu et al., 2005), publicó los hallaz-
gos anatomopatológicos del caso del jugador de fut-
bol americano Mike Webster quien había muerto de
forma inesperada después de años de lucha contra un
deterioro cognitivo e intelectual, abuso de sustancias,
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 74-84.
depresión e intento de suicidio. Esta publicación mar-
có el punto de inexión para una mayor investigación
de la entidad.
En 2009, McKee y colaboradores (McKee et al.,
2009) revisaron los 47 casos de encefalopatía traumá-
tica crónica vericados neuropatológicamente en la
literatura mundial desde 1954 y detallaron exhausti-
vamente las características inmunohistoquímicas y las
regiones neuroanatómicas involucradas en dos boxea-
dores y un jugador de fútbol americano retirados de la
práctica deportiva. Los investigadores enfatizaron el
patrón perivascular prominente de los ovillos neuro-
brilares, la predilección de la patología en las profun-
didades de los surcos, y señalaron las características
adicionales de la proteína p-tau en astrocitos y neuri-
tas distrócas. Los investigadores también mostraron
el compromiso preferencial de ciertas estructuras ana-
tómicas (bulbos olfatorios, bras en “U” subcorticales,
diencéfalo, núcleo basal de Meynert, tronco cerebral y
corteza límbica con preservación de la visión primaria
corteza) y más prominente de las capas corticales su-
perciales del lóbulo temporal.
En 2013, McKee y colaboradores de la Universidad
de Boston (McKee et al., 2013) describieron el espec-
tro de la patología p-tau en una serie de 85 cerebros
de sujetos con trauma de cráneo leve, todos hombres
con edades comprendidas entre los 17 y los 98 años
(promedio de 59.5 años), de los cuales 68 presentaban
encefalopatía traumática crónica. Los expertos propu-
sieron los primeros criterios anatomopatológicos de
la enfermedad y describieron las cuatro etapas pato-
lógicas de la enfermedad, análogo al sistema Braak &
Braak de la EA. Otras anormalidades presentes en la
anatomía patológica de esta serie de casos incluyeron
depósitos anormales de proteína TDP-43 (TAR-DNA-
Binding protein-43) en el 80 % de los casos y que oca-
sionalmente se co-localizaron con p-tau; beta-ami-
loide (placas) en el 52 % y característicamente menos
densas y más difusas comparadas con las placas ob-
servadas en la EA; distroa axonal y neuroinama-
ción. Para explicar la co-patología, se propone que el
trauma craneal repetido y el daño axonal secundario
podrían gatillar cascadas moleculares y procesos sio-
patológicos conducentes a la sobreproducción y agre-
gación de otras proteínas cuya acumulación provoca
neurodegeneración, incluyendo TDP-43, α-sinucleína
y β-amiloide, aumentando así el riesgo de degenera-
ción lobar frontotemporal, enfermedad de motoneu-
rona, enfermedad por cuerpos de Lewy y EA. Entre
los jugadores de deportes de colisión como el fútbol
americano o el rugby o de contacto como el fútbol
(“soccer”), las etapas de la neuropatología se asocian
signicativamente con la edad al morir, los años acu-
mulados de exposición al deporte y el intervalo entre
el retiro de la práctica deportiva y la muerte, lo que
apoya una relación dosis-respuesta entre el depósito
de p-tau y años de deporte, así como la propagación
patológica y clínica después de que termina la práctica
deportiva (McKee et al., 2023).
En el 2015, ante estos hallazgos que diferían clara-
mente de lo observado en la EA y trastornos relacio-
nados, un panel de neuropatólogos nanciado por el
Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Ac-
cidentes Cerebrovasculares y el Instituto Nacional de
Imagen Biomédica y Bioingeniería (NINDS/NIBIB,
por sus siglas en inglés) (McKee, Cairns, et al., 2016)
denió los criterios neuropatológicos de consenso
preliminares para la encefalopatía traumática cróni-
ca, describió las lesiones patognomónicas, su umbral
patológico mínimo, una propuesta de estadicación
progresiva y determinó la utilidad de dichos criterios
para distinguirla patológicamente de otras taupatías.
Siete neuropatólogos de la Universidad de Boston,
ciegos a cualquier información clínica o demográ-
ca en vida recibieron las imágenes digitalizadas para
revisar 25 casos de taupatías. Se les hizo saber de an-
temano que se trataba de un estudio de encefalopatía
traumática crónica y se les dio los criterios propuestos
para su diagnóstico anatomopatológico. Los casos de
taupatía incluyeron encefalopatía traumática crónica
(con o sin amiloide), EA, Parálisis Supranuclear Pro-
gresiva, Degeneración Corticobasal, Enfermedad por
gránulos argirólos, Taupatía primaria relacionada
a la edad y Complejo Demencia-Parkinson (Guam).
Reportaron un buen acuerdo entre los patólogos (Co-
hen´s kappa 0.67), el cual era superior cuando utili-
zaron los criterios propuestos de encefalopatía trau-
mática crónica (Cohen´s kappa 0.78), permitiendo
identicar correctamente la entidad en el 91.4 % de
los casos. Las principales críticas a este consenso ana-
tomopatológico es que la edad promedio de la mues-
tra fue de 70 años, la posibilidad de EA comórbida, y
la posibilidad de que se trate de una variante con una
distribución patológica atípica de EA, o simplemente
de cambios asociados a la edad. El consenso de exper-
tos llegó a la conclusión que la lesión que distingue a
la encefalopatía traumática crónica de otras taupatías
es su distribución dada por una acumulación anormal
de p-tau en neuronas y astroglia distribuida alrededor
de pequeños vasos sanguíneos en las profundidades
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Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la encefalopatía traumática crónica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 74-84.
de los surcos corticales y en un patrón irregular. De
este primer consenso quedó sin resolverse: 1- la vali-
dación de criterios; 2- el rol de p-tau y comorbilidades
en la forma clínica de le enfermedad; 3-la incidencia y
prevalencia de la enfermedad basada en criterios ana-
tomopatológicos; y por último, 4- la propuesta de los
métodos de detección y diagnóstico in vivo, ya que la
enfermedad seguía deniéndose por criterios patoló-
gicos y no clínicos.
Teniendo en cuenta las limitaciones mencionadas,
en el 2016, el panel de consenso se reunió nuevamente
para revisar y renar los criterios preliminares, con-
siderando el umbral mínimo para el diagnóstico y la
reproducibilidad de un esquema de estadicación pa-
tológica propuesto (Bieniek et al., 2021). Ocho neu-
ropatólogos de la Universidad de Boston, la Clínica
Mayo y el banco de cerebros UNITE, evaluaron 27
casos de taupaas (17 casos de encefalopatía traumá-
tica crónica), cegados y no a la información clínica y
demográca. Los análisis de ecuaciones de estimación
generalizadas mostraron una asociación estadística-
mente signicativa entre los evaluadores y el diagnós-
tico de la encefalopatía traumática crónica para las
rondas ciegas (OR = 72.11, IC del 95 % = 19.5-267.0)
y no ciegas (OR = 256.91, IC del 95 % = 63.6-1558.6),
con una buena tasa de acuerdo (Cohen´s kappa 0.63 y
0.79, respectivamente). Además, el panel propuso un
protocolo de trabajo que incluye un umbral mínimo
para el diagnóstico de la enfermedad (lesión patog-
nomónica única en la corteza) y un algoritmo para la
evaluación de la gravedad como "Alta (corteza e hi-
pocampo, amígdala, corteza entorrinal, tálamo, cuer-
pos mamilares y núcleo dentado cerebeloso)" o "Baja
(patología cortical)" para usar en futuras evaluaciones
clínicas, patológicas y estudios moleculares, en lugar
del sistema análogo al de Braak & Braak de la EA pro-
puesto en el 2013 (McKee, Cairns, et al., 2016).
¿Cómo se conrma el diagnóstico de
encefalopatía traumática crónica?
El diagnóstico denitivo de encefalopatía traumáti-
ca crónica requiere la evidencia neuropatológica de
agregados perivasculares de p-tau en neuronas, con
o sin astrocitos, normalmente en la profundidad de
los surcos de la corteza cerebral (Bieniek et al., 2021;
McKee, Cairns, et al., 2016). Las descripciones de sus
características clínicas se basan en reportes retros-
pectivos sobre individuos fallecidos con diagnóstico
neuropatológico e incluyen alteraciones cognitivas,
neuropsiquiátricas y motoras inespecícas, que evolu-
cionan hacia la dependencia funcional y la demencia
(Montenigro et al., 2014). En 2014, basándose en la re-
visión bibliográca de los síntomas en casos de ence-
falopatía traumática crónica conrmados neuropato-
lógicamente, se propusieron criterios diagnósticos de
investigación para el síndrome de encefalopatía trau-
mática (STE) con el n de diagnosticar la patología de
la enfermedad en vida (Montenigro et al., 2014).
Mez et al. evaluaron la validez de los criterios clí-
nicos de 2014 en 336 cerebros consecutivos y descu-
brieron que tenían una buena sensibilidad (0.97), pero
una baja especicidad (0.21) (Mez et al., 2021). Los
síntomas cognitivos se asociaron signicativamente
con la patología de encefalopatía traumática crónica,
pero no así los síntomas motores o los síntomas re-
lacionados al ánimo/comportamiento (Montenigro
et al., 2014). Al incluir en el análisis la presencia de
síntomas cognitivos la sensibilidad disminuyó discre-
tamente (0.90) con mejoras sustanciales en la especi-
cidad (0.48).
Con la necesidad de correlacionar los resultados
de los estudios de anatomía patológica con fenotipos
clínicos especícos, se reunieron en el 2019 en la ciu-
dad de Phoenix el primer grupo de trabajo del NINDS
conformado por 20 expertos (neurólogos, neuropsi-
cólogos, psiquiatras, neurocirujanos, medicina física
y rehabilitación) y 7 observadores, provenientes de
11 instituciones académicas. Denieron por consen-
so mediante un procedimiento Delphi modicado
(4 rondas) y analizando un total de 298 estudios clí-
nico-patológicos, una propuesta de criterios clínicos
del síndrome de encefalopatía traumática (Katz et al.,
2021) utilizando los criterios de 2014 como punto de
partida. Dicha propuesta incluyó 4 criterios prima-
rios para el diagnóstico del síndrome de encefalopa-
tía traumática, así como criterios de características de
apoyo y niveles probabilístico de certeza para la anato-
mía patológica, sin la inclusión de biomarcadores por
evidencia insuciente (ver Tabla 1).
En estos criterios denidos por consenso clínico
(Katz et al., 2021) se propuso que el objetivo princi-
pal debería ser mejorar la especicidad de los crite-
rios diagnósticos vigentes (Montenigro et al., 2014) de
modo que permita la identicación de casos basados
en los criterios neuropatológicos actuales del NINDS/
NIBIB (Bieniek et al., 2021). Los ejes centrales de la
propuesta modicada fueron: 1) la denición de una
exposición sustancial a traumas de cráneo reiterados;
2) la presencia de un curso evolutivo progresivo, re-
ejando la naturaleza neurodegenerativa de la enfer-
medad; 3) la inclusión de las características clínicas
básicas pero reportadas con mayor frecuencia en la
encefalopatía traumática crónica, excluyendo las que
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Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la encefalopatía traumática crónica...
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Tabla I. Criterios de diagnóstico primarios para el síndrome de encefalopatía traumática
I. Exposición sustancial a impactos repetitivos en la cabeza
Se requiere un historial de exposición sustancial a impactos repetitivos en la cabeza. Estos impactos pueden o no haber estado
asociados con síntomas clínicos o signos de conmoción cerebral o trauma de cráneo.
■Participación en deportes de contacto o colisión de alta exposición como (pero no limitado a) boxeo, fútbol americano (tac-
kle), hockey sobre hielo, fútbol, rugby, lucha libre profesional, artes marciales mixtas y algunos otros deportes con alto riesgo de
exposición (por ejemplo, motocross y monta de toros). Umbral mínimo de exposición: 5 años.
■Servicio militar que involucre exposición a impactos repetitivos en la cabeza. Umbral mínimo de exposición: no determinado.
■Otras fuentes que involucran múltiples impactos en la cabeza durante un período prolongado de tiempo, que incluyen (pero
no se limitan a) violencia doméstica (o violencia de pareja íntima), golpes en la cabeza y actividades vocacionales como romper
puertas cerradas y otras barreras por parte de los socorristas. Umbral mínimo de exposición: no determinado.
II. Características clínicas principales
Se requiere
Deterioro cognitivo (se requieren los 4)
1. Según lo informado por uno mismo o el informante, o por el informe del médico.
2. Representa una disminución signicativa del funcionamiento inicial. La determinación del nivel de funcionamiento inicial
puede ser un desafío y requerir un juicio clínico en los casos en los que el declive pudo haber comenzado durante el período
de exposición a impactos repetitivos en la cabeza.
3. Con décits en la memoria episódica y/o funcionamiento ejecutivo (dominios adicionales pueden verse afectados además de
estos).
4. Comprobado por un desempeño deteriorado en pruebas neuropsicológicas formales (si están disponibles), según lo denido
por un desempeño a un nivel de al menos 1.5 desvíos estándar por debajo de las normas apropiadas, lo que representa el
funcionamiento premórbido estimado del individuo. Si las pruebas neuropsicológicas formales no están disponibles, debe haber
evidencia sustancial de deterioro por debajo de las normas esperadas y/o el desempeño basal de una persona en memoria
episódica y/o funcionamiento ejecutivo en un examen de estado mental estandarizado (por ejemplo, Evaluación Cognitiva de
Montreal y Mini-Mental State Examen) por un médico con experiencia en la evaluación de la cognición.
o Desregulación neuroconductual (se requieren los 3)
1. Según lo informado por uno mismo o el informante, o por el informe del médico.
2. Representa un cambio signicativo con respecto al funcionamiento inicial. La determinación del nivel básico de funciona-
miento puede requerir juicio clínico en los casos en que el cambio puede haber comenzado durante el período de exposición
a impactos repetitivos en la cabeza.
3. Con síntomas y/o comportamientos observados que representen una mala regulación o control de las emociones y/o el
comportamiento, incluidos (pero no limitados a) explosividad, impulsividad, ira, arrebatos violentos, tener un fusible corto (que
exceda lo que podría describirse como episodios periódicos de irritabilidad) o labilidad emocional (a menudo informada como
cambios de humor), preferiblemente corroborada por medidas estandarizadas que demuestran deterioro clínico en estos do-
minios. En la mayoría de los casos, las medidas estandarizadas de desregulación neuroconductual no estarán disponibles, pero
debe haber evidencia sustancial de cambio desde el desempeño basal de una persona. Estos síntomas y/o comportamientos
observados no parecen representar una respuesta transitoria a los eventos de la vida, por ejemplo, divorcio, muerte de un ser
querido y problemas nancieros.
o ambos (deterioro cognitivo y desregulación neuroconductual);
y Curso progresivo durante un período de al menos 1 año en ausencia de exposición continua a impactos
repetitivos en la cabeza o trauma de cráneo.
III. No totalmente explicado por otros trastornos
IV. Nivel de dependencia funcional/demencia
El nivel de dependencia funcional debe basarse en el impacto del deterioro cognitivo y/o la desregulación neuroconductual y no
en limitaciones físicas o enfermedades médicas. La información se obtiene del autoinforme, del informante y/o de la historia clíni-
ca. Los niveles de dependencia funcional deben representar un cambio con respecto al funcionamiento de referencia anterior.
Niveles: a) Independiente; b) Limitación funcional sutil/leve; c) Demencia leve; d) Demencia moderada; e) Demencia severa.
Características de apoyo utilizadas para determinar los niveles provisionales de certeza para la patología:
■Inicio diferido (Límite de años no determinado).
■Síntomas motores: parkinsonismo; otros signos motores (disartria, ataxia y desequilibrio); enfermedad de motoneurona.
■Síntomas psiquiátricos: ansiedad, depresión, apatía, paranoia.
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se dan con mayor frecuencia en la población general
(por ejemplo, depresión y ansiedad); 4) la presencia de
características clínicas básicas de deterioro cognitivo
(memoria episódica y/o funcionamiento ejecutivo) o
desregulación neuroconductual (explosividad, impul-
sividad, rabia, arrebatos violentos y labilidad emocio-
nal), o ambos; y 5) la presencia de características clí-
nicas no plenamente explicadas por otros trastornos,
como criterios necesarios para el Síndrome de Encefa-
lopatía Traumática posible y probable, los niveles más
altos de certeza para la patología de la encefalopatía
traumática crónica.
Con respecto al perl conductual/psiquiátrico se
propusieron dos modicaciones centrales: 1) la eli-
minación de los trastornos del estado de ánimo y de
ansiedad, y la suicidalidad como criterios centrales
por su baja prevalencia (Iverson et al., 2023) y por
ser inespecícos y no estar asociados con el cambio
neuropatológico de la encefalopatía traumática cróni-
ca (Katz et al., 2021) pero se reservan como caracte-
rísticas de apoyo que se utilizan para determinar los
niveles de certeza de la patología; y 2) la inclusión de
un síndrome más especíco denominado por los pa-
nelistas como “desregulación neuroconductual” (mala
regulación o control de las emociones y/o el compor-
tamiento, incluida la explosividad, la impulsividad, la
ira, los arrebatos violentos, tener una “mecha corta,
labilidad emocional como característica clínica prin-
cipal). Si bien se pueden observar algunos aspectos de
desregulación neuroconductual en enfermedades psi-
quiátricas (trastorno de desregulación disruptiva del
estado de ánimo, trastorno explosivo intermitente) y
neurodegenerativas primarias (demencia frontotem-
poral, deterioro conductual leve), las características
especícas de la desregulación neuroconductual, jun-
to con un curso progresivo y un historial de trauma-
tismos craneales reiterados distinguen la desregula-
ción neuroconductual del Síndrome de Encefalopatía
Traumática de estos otros trastornos. Se necesita más
investigación para determinar si la desregulación neu-
roconductual es una característica central del Síndro-
me de Encefalopatía Traumática con una clara asocia-
ción clínico-patológica.
Además, se propuso una clasicación de los nive-
les de dependencia funcional y demencia y un diag-
nóstico probabilístico (posible, probable, denitivo)
como parte de estos criterios diagnósticos, basado
en descripciones aceptadas y ampliamente utilizadas,
como las del Clinical Dementia Rating (Morris, 1993;
Russo et al., 2014) o los criterios diagnósticos para la
demencia por todas las causas y el deterioro cognitivo
leve (Jack et al., 2018; McKhann et al., 2011; Petersen
et al., 1999). De esta manera se propone clasicar el
nivel de dependencia funcional y la demencia según
las descripciones de los siguientes niveles: indepen-
diente, limitación funcional sutil/leve, demencia leve,
demencia moderada o demencia grave. Si bien no está
aún validado, es una herramienta que permitirá des-
cribir y denir tanto el umbral clínico como el umbral
funcional en la práctica clínica y en investigación.
Resulta necesario resaltar que el diagnóstico del Sín-
drome de Encefalopatía Traumática, un síndrome clí-
nico, está destinado a entornos de investigación clínica,
y no está diseñado para representar el diagnóstico de
encefalopatía traumática crónica, un diagnóstico neu-
ropatológico. Los mismos investigadores esperan que la
precisión del diagnóstico clínico mejore considerable-
mente a medida que se desarrollen biomarcadores en
sangre y por neuroimágenes de la patología subyacente
de la encefalopatía traumática crónica.
¿Existe una correlación entre la severi-
dad del síndrome clínico y la severidad
de la anatomía patológica?
Aunque es incierta la correlación entre las caracterís-
ticas clínicas principales del síndrome de encefalopa-
tía traumática con la patología p-tau de la encefalo-
patía traumática crónica (ver Figura 2), especialmente
en el estadio temprano, numerosos estudios han de-
mostrado que la demencia antemortem se correlaciona
de forma consistente con la patología p-tau de manera
cuantitativa y semicuantitativa y con la severidad pato-
lógica según el estadio (Alosco et al., 2020; Cherry et al.,
2016). Como en otras enfermedades neurodegenerati-
vas, la presencia de demencia muestra una progresión
clínica dependiente de la edad, y la mayor edad en el
momento de la muerte se asocia con mayores probabi-
lidades de tener demencia. Además la mayor severidad
del estadio anatomopatológico se asocia a mayor pro-
babilidad de presencia de demencia en el momento de
la muerte. Dicha asociación se mantiene tras controlar
las enfermedades neurodegenerativas comórbidas, la
arteriolosclerosis, las alteraciones de la sustancia blan-
ca, el nivel educativo, la raza y la edad en el momento de
la muerte (Alosco et al., 2020) (ver Figura 2).
La encefalopatía traumática crónica se caracteriza
por la acumulación anormal de agregados de la proteí-
na hiperfosforilada (p-tau). La lesión patognomónica
consiste en agregados de p-tau en neuronas, con o sin
tau glial en astrocitos subpiales en forma de espina, en
la profundidad de un surco cortical alrededor de un
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Nuevos criterios diagnósticos clínico y neuropatológico de la encefalopatía traumática crónica...
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pequeño vaso sanguíneo, en capas corticales más pro-
fundas no restringidas a la región subpial y supercial
del surco.
Aunque los mecanismos patológicos precisos que
vinculan traumatismos craneoencefálicos leves reite-
rados con el depósito de proteína p-tau no se conocen
completamente, pueden involucrar una serie de lesio-
nes axonales difusas producidas por el movimiento de
aceleración/desaceleración lineal y/o angular del trau-
matismo inicial y luego agravadas por lesiones trau-
máticas leves reiteradas. Durante una lesión cerebral
traumática el cerebro y la médula espinal se someten a
deformación por cizallamiento, provocando una elon-
gación transitoria de los axones. El daño axonal difuso
produce alteraciones en la permeabilidad de la mem-
brana de los axones produciendo cambios iónicos que
incluyen una entrada masiva de calcio y liberación
de las caspasas y calpaínas que podrían dar lugar a la
fosforilación de la proteína Tau, plegamiento, trunca-
miento y agregación, así como también descomposi-
ción del citoesqueleto con la disolución de los micro-
túbulos y neurolamentos. Por otro lado, los cambios
y lesiones a nivel de la microvasculatura y la neuroin-
amación resultante, podrían contribuir a la neuro-
degeneración especíca de la encefalopatía traumática
crónica. Como toda enfermedad neurodegenerativa,
la edad es el principal factor de riesgo relacionado a la
gravedad clínica y patológica de la enfermedad.
Los últimos criterios anatomopatológicos clasica
los casos con focos patognomónicos de encefalopatía
traumática crónica como "estadio bajo" o "alto", lo que
viene este último determinado por la presencia de
proteína p-tau en regiones cerebrales muy extendidas,
como el tálamo, los cuerpos mamilares, el hipocampo,
la amígdala y el córtex entorrinal. La denominación
"bajo" equivale aproximadamente a los estadios I y II,
y "alto" a los estadios III y IV de la clasicación pre-
liminar análoga a los estadios de del sistema Braak &
Braak de la EA.
Se proponen otros factores de riesgo no relaciona-
dos a los traumatismos de cráneo como los genéticos
y ambientales.
¿Cuáles son los factores de riesgo de la
encefalopatía traumática crónica?
Hasta la fecha, el único factor de riesgo reconocido
para el desarrollo de la encefalopatía traumática cró-
nica son los antecedentes de traumatismo craneoen-
cefálico y la exposición repetida al impacto craneal.
Más del 97 % de los casos de encefalopatía traumá-
tica crónica publicados se han noticado en perso-
nas con exposición conocida a impactos repetitivos
en la cabeza, incluidas las conmociones cerebrales y
los impactos subclínicos, experimentados con mayor
frecuencia a través de la participación en deportes de
contacto (McKee et al., 2023). Sin embargo, no todos
los individuos expuestos a traumas craneales repetidos
desarrollan la enfermedad, lo que signica que la expo-
sición al trauma reiterado no es suciente para el de-
sarrollo de la encefalopatía traumática crónica (Phelps
et al., 2020), siendo las diferencias individuales de ex-
posición las que pueden inuir en el desarrollo de los
cambios patológicos subyacentes de la encefalopatía
traumática crónica. El intervalo de recuperación entre
los traumatismos, la localización de los impactos (por
ejemplo, frontal frente a occipital), el tipo de golpe (por
ejemplo, cabeza contra cabeza, cabeza contra el suelo)
y el tipo de exposición (por ejemplo, lucha, rugby, vio-
lencia doméstica, guerras) son algunos de los factores
modicadores potenciales. En la actualidad, no hay
evidencia cientíca suciente para especular sobre el
papel especíco de estos factores en el desarrollo de la
enfermedad. Sin embargo, cada vez hay más datos que
indican que el momento en la vida en que una persona
está expuesta al trauma craneal reiterado y la duración
de dicha exposición pueden ser factores modicadores
importantes de la enfermedad.
La edad de la primera exposición al deporte de
contacto se ha sugerido como un potencial modica-
dor del efecto para el desarrollo de síntomas neurop-
Figura 2. Relación entre la severidad clínica y la severidad
de la anatomía patológica en la encefalopatía traumática
crónica
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sicológicos (Alosco et al., 2017, 2018; Alosco & Stern,
2019; Stamm, Bourlas, et al., 2015). Se ha planteado la
hipótesis de que las alteraciones cerebrales provoca-
das por los traumas cerebrales repetidos en la juven-
tud (o incluso en la adolescencia) pueden perturbar el
desarrollo neurológico normal y aumentar la vulnera-
bilidad a los trastornos neurológicos a largo plazo, es-
pecialmente entre las personas que han llegado a jugar
a niveles de élite. Más concretamente, los ex jugadores
de la liga americana de fútbol americano que empe-
zaron a jugar al fútbol americano antes de los 12 años
han mostrado un peor rendimiento en las pruebas
neuropsicológicas (Alosco et al., 2017; Stamm, Bour-
las, et al., 2015), una menor integridad de la sustancia
blanca del cuerpo calloso anterior (Stamm, Koerte, et
al., 2015), y un menor volumen talámico (Schultz et
al., 2018) en comparación con los que empezaron a ju-
gar al fútbol americano a los 12 años o después. Cada
uno de estos estudios controló el total de años de jue-
go de fútbol, lo que sugiere que la edad de la primera
exposición al deporte de contacto no es simplemente
un marcador sustituto de la duración de la exposición.
Además, la edad de la primera exposición al fútbol
americano se asoció con una aparición más tempra-
na de síntomas cognitivos y conductuales/anímicos
(Alosco et al., 2018). Los que empezaron a jugar al
fútbol antes de los 12 años presentaron síntomas cog-
nitivos y conductuales 13 años antes, por término me-
dio, en comparación con los que empezaron a jugar al
fútbol a los 12 años o más. Por otro lado, la edad de la
primera exposición no se ha asociado a la severidad
de la patología de la encefalopatía traumática crónica
(Alosco et al., 2018; Mez et al., 2020).
Varios series de casos publicadas demuestran una
asociación directa entre el riesgo de encefalopatía trau-
mática crónica y la duración de la carrera como juga-
dor de deporte de contacto (LeClair et al., 2022; Mez
et al., 2020; Stewart et al., 2023) y que mayor duración
de la práctica del deporte se correlaciona con una ma-
yor gravedad de la enfermedad (Mez et al., 2015). Es-
tos datos serían coherentes con el riesgo resultante de
la exposición acumulativa a un factor asociado con el
deporte. Por lo tanto, resulta válido la interpretación de
la duración de la carrera deportiva como un sustituto
de la exposición a impactos en la cabeza y no el número
absoluto de impactos o golpes en la cabeza.
Se proponen otros factores de riesgo no asocia-
dos a la exposición de traumas craneales reiterados
que pueden contribuir directa y/o indirectamente
a la neuropatología de la enfermedad (Phelps et al.,
2020). Es probable que dichos factores ajenos a los
traumatismos craneoencefálicos no sean la causa
precipitante (necesaria) de esta enfermedad cerebral
progresiva. Más bien, es probable que estos factores
1) aumenten la susceptibilidad de un individuo al de-
sarrollo de la enfermedad cuando se ha producido la
exposición a traumas reiterados, 2) disminuyan la re-
serva cognitiva, y/o 3) contribuyan directamente a la
neurodegeneración y/o a los síntomas clínicos a través
de mecanismos independientes. Además de la edad,
el polimorsmo genético de la apolipoproteína ε4 y
ciertos factores relacionados al estilo de vida o el his-
torial psicosocial y médico (reserva cognitiva, facto-
res de riesgo cardiovasculares, consumo de esteroides
anabólicos, bajo nivel socioeconómico, sedentarismo,
estrés elevado, mala alimentación, abuso de sustancias
y abuso de medicamentos con receta) se han propues-
to como factores modicadores.
Conclusiones
La encefalopatía traumática crónica es un desorden
neurológico único y distintivo, poco frecuente, pro-
gresivo y mortal que suele estar asociado a traumatis-
mos craneoencefálicos repetidos. La siología del ce-
rebro afectado por dicha condición suele ser especíca
de la neurodegeneración e incluye atroa cerebral, de
los espacios perivasculares de la sustancia blanca y, en
raras ocasiones, anomalías cerebelosas. Se caracteriza
por el depósito perivascular de la proteína p-tau en
la profundidad de los surcos cerebrales en un patrón
irregular. Si bien el antecedente del traumatismo cere-
bral clínico y/o subclínico reiterado es necesario para
el inicio de la cascada siopatogénica, no es sucien-
te, y otros factores podrían estar relacionados aunque
se desconozcan. Mientras que los perles patológicos
de los pacientes más jóvenes suelen caracterizarse por
alteraciones del comportamiento y desregulación emo-
cional, se ha demostrado que los pacientes de más edad
suelen presentar síntomas similares a los distintivos de
la neurodegeneración que se observan en la EA. Tam-
bién suelen presentar mayor prevalencia de alteracio-
nes motoras desde etapas tempranas de la enfermedad.
En la actualidad únicamente se dispone de crite-
rios patológicos y por lo tanto, el diagnóstico deniti-
vo es posterior a la muerte de la persona afectada. Así,
las manifestaciones clínicas asociadas a la enfermedad
se denominan Síndrome de Encefalopatía Traumática,
según un conjunto de criterios diagnósticos propues-
tos por expertos que requieren su validación. Se están
desarrollando biomarcadores que determinen in vivo
los cambios siopatológicos de la entidad sin necesi-
dad de la biopsia.
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Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conictos de intereses.
Agradecimientos: el grupo de investigación del estudio
titulado “Argentina- Sports Concussion Assessment &
Research Study (Arg-SCARS)” agradece a todos los ju-
gadores retirados voluntarios.
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85
EL RESCATE Y LA MEMORIA
Lazaros C. Triarhou1
La indagación de Constantino von Economo
sobre las bases neuroanatómicas de la
inteligencia humana
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 85-95. https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.663
https://doi.org/10.53680/vertex.v35i165.663
Resumen
Uno de los problemas que abordó Constantino von Economo fueron
los fundamentos neuroanatómicos de la inteligencia humana, mediante
la combinación de citoarquitectónica cortical y neuroanatomía evolu-
tiva. Postuló el principio de «cerebración progresiva» para denotar la
evolución continua de la mente humana y conjeturó sobre la futura ad-
quisición de nuevas estructuras corticales en el cerebro humano. Una
de sus reseñas de esas ideas fue traducida por un joven neuropsiquiatra
español, Enrique Escardó Peinador, y forma el corpus de la presente pre-
sentación. También se destaca la asociación de Economo con neurólogos
españoles.
Palabras clave: corteza cerebral, citoarquitectónica, neuroanatomía
evolutiva, historia de las neurociencias
Abstract
One of the problems that was addressed by Constantin von Economo were
the neuroanatomical underpinnings of human intelligence, through the com-
bination of cortical cytoarchitectonics and evolutionary neuroanatomy. He
postulated the principle of “progressive cerebration” to denote the continuing
evolution of the human mind, and conjectured on the future acquisition of new
cortical structures in the human brain. One of his reviews of those ideas was
translated by a young Spanish neuropsychiatrist, Enrique Escardó Peinador,
and forms the corpus of the current presentation. The association of Economo
with Spanish neurologists is also highlighted.
Keywords: cerebral cortex, cytoarchitectonics, evolutionary neuroanatomy, his-
tory of the neurosciences
Constantino von Economo (1876–1931).
1.M.D., Ph.D., Profesor de Neurociencia Fundamental. ORCiD: 0000-0001-6544-5738
Correspondencia:
triarhou@psy.auth.gr
Lugar de realización del trabajo: Sector de Cerebro, Comportamiento y Cognición, Departamento
de Psicología, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Aristotélica de Tesalónica, República
Helénica.
86
El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 85-95.
Introducción
Una de las cuestiones que ocupó la mente del neuró-
logo pionero Constantino von Economo (1876–1931)
fue la neuroanatomía de la inteligencia. Profundizó en
este problema comparando datos del análisis citoarqui-
tectónico de la corteza cerebral humana y la anatomía
comparada de los cerebros de diversos vertebrados, así
como la morfología comparada de los hemisferios cere-
brales de endocastos de varias especies del género homo
y de tan llamados «cerebros de élite» de individuos su-
perdotados y talentosos (Economo, 1929b; 1930b).
Economo se erige como un neurocientíco par ex-
cellence del siglo XX, recordado epónimamente por la
«encefalitis letárgica de von Economo», la enfermedad
que describió en 1917, y las «neuronas de von Econo-
mo», las células fusiformes de la corteza frontoinsular
y cingulada anterior. Políglota de ascendencia griega,
nació en Brăila, Rumania, creció en la multicultural
Trieste y pasó la mayor parte de su vida en la cosmo-
polita Viena. Es autor de más de 160 obras, la mayoría
publicadas en alemán y un pequeño número en francés,
inglés, italiano y español.
Doce años de intenso trabajo culminaron con la
publicación en 1925 del clásico Atlas y libro de texto
de la citoarquitectónica de la corteza cerebral humana,
escrito conjuntamente por Economo y su colaborador
Georg N. Koskinas (1885–1975) (Economo & Koski-
nas, 1925).
La evolución del cerebro humano se convirtió en un
interés central de la actividad investigadora de Econo-
mo. Durante los últimos cuatro años de su vida profun-
dizó en la neuroanatomía evolutiva y su relación con
el sustrato de las facultades intelectuales y la cultura
humana. Postuló un principio general al que denomi-
nó «cerebración progresiva» (Economo, 1928a; 1929a),
para connotar la constante evolución de la mente a tra-
vés de generaciones sucesivas, el proceso de aumento
de la masa del cerebro en una tendencia ascendente de
una especie y la futura adquisición de nuevos «órganos
cerebrales del pensamiento» —en el sentido que Teó-
doro Meynert (1833–1892) había aplicado el término
«órgano cortical»— mediante la diferenciación progre-
siva de estructuras corticales citoarquitectónicamente
especícas. Quizás una palabra como «telencefaliza-
ción» podría aproximarse más a la terminología actual.
Anteriormente se publicó una revisión detallada de los
trabajos de Economo sobre el tema (Triarhou, 2006).
De hecho, en 1929, fue invitado a inaugurar el nue-
vo Instituto Psiquiátrico de la Universidad de Colum-
bia en la Ciudad de Nueva York, donde pronunció una
conferencia magistral sobre el tema «La citoarquitec-
tónica y la celebración progresiva» (Economo, 1930a).
Sus ideas llegaron a los titulares del New York Times
bajo el título «El cientíco del cerebro imagina super-
hombres mentales».
La traducción al español destacada aquí (Economo,
1931a) fue preparada por Enrique Escardó, basada en
una conferencia pronunciada por Economo el 20 de
marzo de 1931 en la Asociación Médica de Viena. Eco-
nomo había presentado anteriormente sus teorías en
una conferencia, el 2 de julio de 1928, en La Salpêtrière
de París, durante la Reunión Neurológica Internacional
(Economo, 1928b).
Enrique Escardó Peinador (1907–1982), un joven
médico español, había obtenido una beca de la Junta
de Ampliación de Estudios para trabajar bajo la direc-
ción de Economo en el recién fundado Departamento
de Investigación del Cerebro, un centro donde mu-
chos jóvenes cientícos internacionales acudieron en
masa para estudiar bajo los auspicios del famoso mé-
dico austriaco.
En una carta a don Pío del Río-Hortega (1882–
1945), fechada el 10 de mayo de 1929, Escardó (1929)
menciona: «Fui a ver a Economo para hacer algo de la-
boratorio y éste si que cuanto se diga de él es poco, es un
hombre sumamente agradable, me facilitó cuanto le pre-
gunté y ya me ha encargado un trabajo que haré en cola-
boración con el Dr. Horn». Ludovico Horn (1897–1935)
ya había comenzado a estudiar la neurohistología de la
corteza cerebral en la sordera (Horn, 1930; Triarhou,
2021), tema en el que posteriormente colaboró con Es-
cardó (Escardó & Horn, 1931).
A su regreso a España, Escardó completó su tesis
(Escardó Peinador, 1932) con Gonzalo Rodríguez La-
fora (1886–1971) del Hospital Provincial de Madrid
(Bandrés & Llavona, 1997), quien había sido discípu-
lo de Santiago Ramón y Cajal (1852–1934) y Nicolás
Achúcarro (1880–1918). En 1933–1934, Escardó tam-
bién trabajó con del Río-Hortega en el Laboratorio de
la Residencia de Estudiantes (Vera Sempre, 2022), y
posteriormente fue profesor auxiliar de anatomía des-
criptiva y director del Dispensario de Higiene Mental
de Madrid.
En el círculo de neuroanatomistas europeos de la
época, Economo intercambió correspondencia con el
propio Ramón y Cajal, con del Río-Hortega y con otros
destacados neurólogos españoles, entre ellos José María
Aldama y Truchuelo (1902–1970), director del Hospital
Psiquiátrico de Cádiz y jefe del Servicio de Neuropsi-
quiatría y Neurocirugía de la Casa de Salud de Valdeci-
87
El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 85-95.
lla en Santander, y Juan José López-Ibor (1906–1991),
catedrático de medicina legal de la Facultad de Medici-
na de la Universidad de Santiago de Compostela, quien
tradujo en español la clásica monografía de Economo
sobre encefalitis letárgica (Economo, 1932; Triarhou,
2022). Además, Economo había coincidido con Achú-
carro cuando ambos se formaron en 1906 en Múnich
en el Laboratorio de Neuropatología de Alois Alzhei-
mer (1864–1915) de la Clínica Psiquiátrica dirigida
por Emilio Kraepelin (1856–1926) (de Castro, 1981;
Triarhou, 2006). Además, durante el Primer Congreso
Internacional de Neurología en Berna, en el que Eco-
nomo fue uno de los organizadores instrumentales,
Rodríguez Lafora presidió el comité permanente de or-
ganización español. Por tanto, no sorprende que uno
de los artículos de Economo sobre citoarquitectónica
y cerebración progresiva aparezca en la prensa médica
española.
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 85-95.
Cerebración progresiva y fundamentos del talento
Conferencia dada en marzo de 1931 en el Colegio Médico de Viena (Traducción de E. Escardó)
Constantin von Economo
Vamos a tratar en este trabajo de los resultados de
los estudios sobre arquitectura cerebral y de las pers-
pectivas que éstos nos ofrecen, estudios que llevamos
haciendo en Viena desde hace dos decenios siguiendo
la tradición de Meynert.
Como es de sobra, conocido, ambos hemisferios
cerebrales están compuestos por la substancia blanca
interna recubierta en toda su supercie por la corteza
gris, cuyo espesor varía alrededor de tres milímetros.
Mientras que en la substancia blanca existen sólo los
elementos conductores, es decir, las bras nerviosas
blancas, en la corteza gris, en cambio, está el lugar
donde radican las funciones psíquicas, en ella existe
una enorme cantidad de células nerviosas –que yo he
calculado en catorce mil millones– incrustadas en el
tejido glioso de protección (y en el tejido vascular).
Estas células no están dispuestas al azar, sino que están
colocadas formando seis capas bien ordenadas, hori-
zontales, superpuestas y paralelas a la supercie.
A pesar de algunos precursores aislados, Baillar-
ger, Arnold, Kölliker, fué Meynert el primero que, en
1868, apoyado en sus estudios especiales de la estruc-
tura cerebral (estudios citoarquitectónicos), demostró
de manera taxativa, que la corteza cerebral, a pesar
de su regularidad macroscópica aparente, no muestra
en obervaciones microscópicas una estructura igual,
sino que ésta cambia con las regiones cerebrales for-
mando una serie de campos diferentes, de tal manera
que en lugar de esta aparente «uniformidad cerebral»,
debemos considerar al cerebro como un «complejo
de órganos». La corteza se compone, pues, de varios
órganos corticales de estructura diferente, y Meynert
preveía también que se había de llegar por estos estu-
dios a una nueva y exacta organología de la supercie
cortical, que él ya entonces planteó, no siendo acepta-
da, mientras que se consideraba como exacta la orga-
nología anatómico-funcional de Gall.
Estimulados por sus concepciones, han desarrolla-
do posteriormente esta doctrina Betz, en Rusia; Bevan
Lewis, Bolton, Campbell, Elliot Smith, en Inglaterra;
Hammarberg, en Suecia; Brodmann y Vogt, en Berlín,
y nosotros, en Viena. Brodmann ha realizado unos es-
tudios extraordinariamente interesantes sobre la ana-
tomía comparada de la estructura cortical en todas las
clases de animales. Nosotros mismos nos ocupamos
desde 1912 en estos estudios y en 1925 efectuamos la
exploración completa de toda la corteza cerebral del
hombre adulto, cuyos resultados hemos recogido en
un libro con un atlas de 112 láminas microfotográcas
(Economo & Koskinas, 1925). Hemos podido dividir
la supercie de la corteza en más de 107 campos corti-
cales de diferente estructura, cuya extención podemos
ver en las Figuras 1 A y B. La corteza está compuesta
principalmente de tres clases de células, células pira-
midales, granulares y fusiformes, que forman, como
ya hemos dicho (prescindiendo de los cerebros olfa-
torios de diferente estructura), seis capas horizontales.
En la Figura 2 se ve la primera capa, pobre en célu-
lar; la segunda, granular externa; la tercera capa, más
ancha piramidal; la cuarta, formada de nuevo por cé-
lulas granulares, de ahí su nombre de granular inter-
na; la quinta capa, piramidal interna, y la sexta, más
Archivos de Neurobiología, órgano ocial de la Asociación Española
de Neuropsiquiatría (Comité de redacción: Presidente de honor San-
tiago Ramón y Cajal), Madrid, 1931.
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 85-95.
profunda de células fusiformes. Ambas capas inferio-
res, la quinta y la sexta, son eferentes, capas motoras
podríamos decir, esto es, los cilindro-ejes de las células
de estas dos capas se dirigen hacia la periferia, a los cen-
tros más profundos y a la medula a través de la subs-
tancia blanca. Son las cintas conductoras que llevan las
excitaciones de la corteza cerebral a la periferia.
Los cordones centrípetos, esto es, las cintas sensi-
bles, las que se dirigen de la periferia al tálamo y de
ahí a la corteza, atraviesan estas dos capas más pro-
fundas, la sexta y la quinta, y se ramican en la quarta
capa, que representa, por consiguiente, la receptora de
las excitaciones, y de aquí alcanza la excitación a la
tercera capa, en la que se verica una acumulación y
reunión de las excitaciones; es en ella donde se reúnen
las excitaciones provenientes de las regiones más ale-
jadas del cerebro; por tanto, la capa donde se produce
la asociación de las excitaciones; mientras que en las
capas primera y segunda se producen las asociacio-
nes cortas, las provenientes de las regiones corticales
más cercanas. Los diversos campos corticales se di-
ferencian unos de otros por su anchura, su riqueza y
Figura 1 B. Áreas citoarquitectónicas de la de la convexidad del ce-
rebro.. Supercie medial del cerebro.
Figura 1 A. Áreas citoarquitectónicas
Figura 2. Esquema de Brodmann y Vogt de la cito y mieloarquitec-
tónica del cerebro.
ordenación celular y por el tamaño de sus elementos.
En algunos sitios una u otra capa llega a hacerse tan
delgada que termina por desaparecer. Estas diferen-
cias estructurales de los distintos cortes de la corteza,
lo vemos también en estas imágenes.
La Figura 3 es un corte de la corteza motora en la
circunvolución precentral, la que está caracterizada
por su riqueza celular uniforme; las células son ex-
tremadamente grandes, casi todas de forma pirami-
dal; algunas llegan a alcanzar un tamaño colosal, son
las llamadas pirámides gigantes de Betz, cuyos cilin-
dro-ejes forman una gran parte de nuestras vías vo-
luntarias, la vía motora piramidal.
En la Figura 4 se ve una corteza mucho más delga-
da, es la corteza óptica en el territorio de la sura cal-
carina; se ve en ella una inmensa cantidad de células
pequeñas, casi todas de forma granular y dispuestas
apretadamente de tal manera que se pierde la claridad
de su estructuración. Se trata de una corteza sensorial
típica, semejante a la esfera sensorial de la circunvolu-
ción central posterior y a la esfera auditiva del lóbulo
temporal el la circunvolución de Heschl.
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 85-95.
Finalmente, en la Figura 5 se ve un trozo de corteza
del lóbulo parietal, con sus células grandes (aproxima-
damente de tamaño medio) y repartidas claramente
en seis capas. Es la estructura considerada como típica
para la llamada corteza de asociación del lóbulo pa-
rietal. Bastan estos ejemplos para encontrar justica-
da la opinión de Meynert, según la cual a estas partes
corticales de tan diferente estructura tenían que co-
rresponder, como de hecho corresponden, funciones
también diferentes.
Por el conocimiento actual de la estructura de los
campos corticales en el cerebro humano y de los ani-
males, podemos determinar los lugares equivalentes a
los distintos órganos corticales.
En el esquema (Figura 6) está con trazo rayado las
partes que, según su estructura, forman la corteza mo-
tora sensitiva y olfatoria en los cerebros de un conejo,
Figura 3. El área motor FA de la circunvolución precentral con sus
células gigantes.
Fig. 5. Área PC en la circunvolución postcentral.
Figura 4. Transición de la corteza en seis capas del área occipital OB
a la corteza granulosa sensorial de la vista-área estriada OC.
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un mono y del hombre, es decir, las partes puramente
motoras y puramente receptivas, y observamos que
estas partes en el cerebro del conejo ocupan relativa-
mente mucho más que en el cerebro del mono y en el
del hombre. En el cerebro del conejo, sólo una parte
muy pequeña en el cerebro anterior, por delante de
la corteza motora, y otra parte del cerebro temporal
pernanece en blanco. Estas partes en blanco son en
el cerebro del mono mucho mayores, y en el cerebro
humano aumentan colosalmente, de modo especial-
mente acentuado en el cerebro frontal.
Estas partes dejadas en blanco representan las par-
tes corticales donde se almacenan las experiencias
nuevas y donde son puestas en relación. Es, por tanto,
siguiendo la expresión de Meynert, el órgano cerebral
dedicado a la elaboración psíquica.
Esta imagen, basada en la comparación citoarqui-
tectónica, nos enseña que a medida que avanzamos
en la escala animal, las supercies sensorial y motora
que ocupan en el conejo casi las 4/5 partes de la su-
percie cerebral, se van estrechando paulatinamente
y dejando sitio a las formaciones dejadas en blanco en
nuestro esquema, y que sirven para la más elevada va-
loración psíquica de las impresiones, y que en el hom-
bre ocupan la mayor parte de la supercie cerebral. Lo
que más sorprende en este crecimiento, es el aumento
extraordinario del cerebro frontal y parietal. Mien-
tras que en el cerebro frontal del conejo, por ejemplo,
esta mancha ocupa apenas un pequeño espacio de la
supercie cortical, en el cerebro humano forma apro-
Figura 6. Rayado la corteza motora, sensorial y olfatoria. En blanco
las partes destinadas a las funciones superiores.
ximadamente el 30 por 100 de la totalidad de la su-
percie cerebral. La parte ventral de este territorio del
cerebro frontal lo forma en el hombre la tercera cir-
cunvolución, o sea el centro motor de la palabra, y la
parte dorsal es por sí sola extraordinariamente grande
en comparación con el resto de la escala zoológica.
El segundo territorio, el del lóbulo parietal, se ex-
tiende entre los tres centros sensoriales de más im-
portancia, los centros del tacto, del oído y de la vista.
En el mono todavía es pequeño este territorio; en el
hombre, en cambio, aparece, como una gran forma-
ción que cambia totalmente la conguración externa
del cerebro. La investigación microscópica nos enseña
que en el cerebro frontal con la tercera circunvolución
y en el cerebro parietal del hombre, existe una gran
cantidad de campos corticales que en el cerebro de los
animales existen sólo de un modo rudimentario o fal-
tan en absoluto. Representan, por tanto, adquisiciones
nuevas del cerebro humano, esto es, partes cerebra-
les especícamente formadas, o como diría Meynert,
nuevos órganos cerebrales especícos. La patología
cerebral nos enseña que en esta parte anterior del ce-
rebro frontal, además de la palabra que ocupa la ter-
cera circunvolución, aparecen un sus lesiones peri-
turbaciones de la psicomotilidad, de la atención, de la
voluntad y de la actividad, perturbaciones, por tanto,
de las funciones elevadas y activas de la personalidad,
mientras que las lesiones de la porción parietal provo-
can perturbaciones de las capacidades cognoscitivas,
como esteroagnosia, alexia, acalculia, etcétera, esto es,
perturbaciones de las partes receptivas y de compren-
sión de la personalidad psíquica.
El cerebro humano, como ya sabemos, es relativa-
mente mayor que el cerebro animal. Estas dimensio-
nes mayores no se reeren tanto a los centros motores
y sensoriales como a aquellos territorios que, como
nos muestran estas imágenes, tienen una importan-
cia especial para las más altas cualidades intelectua-
les. Encontramos, por tanto, en el avance de la escala
animal, no solamente no aumento general y en masa,
sino ante todo un aumento de los territorios cerebra-
les del todo especiales, y en éstos una diferenciación
na y progresiva que conduce a nuevas adquisiciones
anatómicas; en otras palabras, el cerebro del hombre
no debe el aumento de su tamaño exclusivamente a
un aumento cuantitativo en relación al del aninal, sino
que debe ser interpretado también como cualitativa-
mente diferente, causa de su na diferenciación y de
la adquisición de órganos nuevos, que traen consigo
necesariamente la aparición de nuevas cualidades.
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Si consideramos ahora el cerebro, y a falta de éste
la capacidad craneal de la serie humana pre y diluvial,
llegamos a resultados del todo semejantes. Si seguimos
esta serie desde el Pithecanthropus, Eoanthropus, Rho-
desia, Neanderthal y Cromagnon hasta el hombre ac-
tual, podemos la serie de cifras de la capacidad craneal
que marcan una escala desde el Pithecanthropus hasta
el hombre actual, como vemos en el cuadro siguiente:
Por la simple contemplación de estas capacidades
craneales podemos deducir también que este creci-
miento no se reere sólo al aumento global del vo-
lumen cerebral, sino también al aumento gradual de
las partes especiales del cerebro que anteriormente
hemos considerado como adquisiciones nuevas del
cerebro humano. En el Pithecanthropus falta ya el
aplanamiento de la bóveda superior del cerebro que
observamos en el mono; el cerebro frontal es como en
éste, aun estrecho, casi en punta. La tercera circunvolu-
ción frontal, sobre todo en comparación con el mono,
existe ya claramente aunque es todavía relativamente
estrecha y la ínsula no está aún cubierta, es decir, no
está operculizada. La región temporo parietal presenta
un fuerte abombamiento lateral, en comparación con
el cerebro del gorila, y que bien podíamos interpretar
como la expresión del repentino aumento del simbo-
lismo acústico (Elliot Smith). Contemplando los otros
representantes de nuestra serie, vemos que estos dos
fenómenos, el aumento de la región prefrontal en al-
tura y anchura y el fuerte aumento de la región parie-
tal, condicionan la extraordinaria transformación de
la forma del cerebro. Basta comparar la elevación en
medio círculo del perl del cerebro del Homo sapiens
con el perl todavía aplanado semejante al del mono
del Pithecanthropus, Eoanthropus y aun del hombre
de Neanderthal; y la parte anterior estrecha y puntia-
guda de los primeros representantes de nuestra serie
con la más elíptica del hombre actual.
Podemos, pues, seguir este desarrollo progresivo
con las nuevas adquisiciones del cerebro humano en
toda nuestra serie, reejado por la capacidad craneal
desde el período diluvial hasta la tercera época del
Gorila 580
Australo-Pithekus 625
Pithecanthropus 940
Eoanthropus 1.170
Rhodesier 1.300
Neanderthal 1.400
Cromagnon 1.500
Homo-sapiens 1.550
Figura 7. Moldes cerebrales. (Fotografías de J. Tilney).
hielo, lo que nos da el substratum material del desa-
rrollo de la inteligencia, esto es, de la humanización
(ver Figura 7). No quiero entrar más en las particulari-
dades de este proceso, como, por ejemplo, en el retro-
ceso paulatino de la supercie sensorial del sentido de
la vista, la llamada área estriada, que la vemos aún en
gran extensión en la supercie lateral del cerebro del
mono, donde forma un extenso operculum.
A este aumento, elevada diferenciación y desa-
rrollo progresivo y cualitativo del cerebro dentro de
la misma serie, es a lo que desde hace seis años de-
nomino cerebración progresiva, para distinguirla del
aumento global que nos era ya conocido en la progre-
sión de la escala animal. Esta tendencia al desarrollo
especial se puede, pues, demostrar también en la serie
de la raza humana.
Para aquellos que preeran intercalar los métodos
matemáticos en las ciencias biológicas para tener un
coeciente de seguridad, quiero mencionar aquí que
Dubois, el descubridor del Pithecantropus, y del todo
independiente de mí, llegó con sus cálculos a resultados
del todo análogos, y a base de estos cálculos (que nos
llevarían muy lejos si tratásemos de explicarlo ahora)
llegó a la conclusión de que este desarrollo considera-
ble se vericaría por una duplicación escalonada o por
divisiones sucesivas de las células propias del cerebro.
Considerando también en este sentido el desarro-
llo de la cultura humana desde las armas en cuña del
Eoanthropus y los instrumentos de fuego primitivos del
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hombre de Neanderthal hasta nuestro tiempo actual del
maquinismo, lo mismo que desde los primeros balbu-
ceos de los hombres primitivos hasta las abstracciones
losócas de un Kant, por ejemplo, correspondería a
esto no solamente un almacenamiento prolongado de
generación a generación de los tesoros de nuestra civi-
lización, sino simultáneamente, también, un verdadero
desarrollo progresivo y biológico del cerebro.
Podría ahora plantearse la cuestión, de si esta cere-
bración progresiva que observamos en nuestra serie,
no habrá alcanzado ya su n con el estado actual de
nuestro cerebro y éste permanecería ya en este esta-
do. La exactitud de esta suposición estaría basada en
ciertas leyes paleontológicas. Nuestra cerebración
progresiva es naturalmente sólo un caso especial re-
ferente al cerebro, de una ley natural muy extendida
y desde hace mucho tiempo conocida, que hemos ob-
servado en el comportamiento de los distintos géne-
ros animales a través de los diversos períodos de la
tierra. Es la ley de la ortogénesis de Haacke, según la
cual el desarrollo de las especies animales se haría en
una dirección dada para cada especie y que en poco
podría cambiarse (Haacke, 1893). Como ejemplo de
ortogénesis podemos citar el progresivo desarrollo de
los equinos con pérdida de los dedos, desde la pata de
cinco dedos hasta el caballo actual; lo mismo podría-
mos seguir las transformaciones de las dentaduras.
Existen transformaciones orto genéticas progresivas y
regresivas. En el hombre es progresivo, por ejemplo, el
desarrollo del cerebro y regresivo el del apéndice.
Otra ley paleontológica interesante para nuestra
cuestión es la ley de Dolós de la irreversibilidad, por
la que se demuestra la imposibilidad en una serie de
cambiar en sentido recesivo una transformación co-
menzada en un sentido cualquiera. Por ejemplo, no
serviría el intentar conservar gentes con apéndices
grandes por matrimonio entre ellos; podríamos con-
seguir cultivar familias que tuviesen un apéndice ma-
yor que el resto de los mortales, pero con el transcurso
del tiempo también en estas familias iría disminu-
yendo paulatinamente el tamaño de su apéndice. El
paleontólogo vienés O. Abel relaciona esta tendencia
evolutiva con su ley de la inercia biológica, que dice
que en los organismos vivos persiste la dirección de la
especialización progresiva comenzada y que tiene for-
zosamente que desarrollarse. Fracasa el intento de ex-
plicarlo por una selección y adaptación duradera que
actuase en una misma dirección, ya que con frecuen-
cia estos signos evolutivos no poseen ninguna utilidad
y muchas veces pueden alcanzar un grado indudable-
mente perjudicial y conducir incluso a la desaparición
de la especie, como ocurrió con el desarrollo exagera-
do de las escamas en el Dinosaurio del terciario. Re-
cordaremos también la exposición darwinista de las
llamadas variaciones denitivas observadas en ciertos
toros sudamericanos.
Mollisón ha efectuado un ensayo muy signicativo
para la explicación de la ortogénesis; a cada clase par-
ticular correspondería primariamente una albúmina
diferente que se podría manifestar en la reacción de
sedimentación del suero sanguíneo, en la llamada re-
acción de precipitación; cada transformación, es decir,
cada mutación se manifestaría con un cambio de la re-
acción de la albúmina en relación con la aparición de
nuevas unidades estructurales dentro de la albúmina.
A esta unidad hipotética, pero a pesar de todo muy
probable, le da él el nombre de Proteal. Una clase de
albúmina que se manifestaría por la tendencia a la for-
mación en un lugar determinado de ciertos proteales,
tiene todas las posibilidades de poseer también una
tendencia a la formación de proteales iguales en luga-
res diversos. Una selección que favoreciese a esta clase
de albúmina, estaría por esta causa obligada a favore-
cer también la progresión en esta dirección. Este ensa-
yo desposee a la ortogénesis del carácter de milagro al
que aparentemente va unida. Algo semejante a lo que
ocurre con el Proteal, conocemos también en la quí-
mica, en la regularidad de las sustituciones del benzol.
Por todo lo cual estamos forzados, en considera-
ción a nuestros estudios anatómicos comparativos de
la estructura cerebral y a las leyes paleontólogos, a ad-
mitir que la cerebración progresiva que la clase huma-
na presenta como una dirección evolutiva propia, se
mantiene siempre en la dirección dada y continua
actuando en esta dirección, a pesar de los retrocesos
eventuales que podríamos temer en las detenciones de
la cultura de nuestro tiempo, y a pesar de las inhibi-
ciones ocasionales que pudieran presentarse con las
oscilaciones del transcurso de los años.
Puede plantearse la cuestión, de si estamos en con-
diciones de determinar un cambio del cerebro dentro
del tiempo histórico o de prever quizá la aparición de
una nueva cualidad. Los cambios observados en los
hombres diluviales se reeren a espacios de tiempo de
cien —o de diez— mil años; el corto espacio de tiem-
po de nuestro tiempo histórico, que comprende poco
más de cuatro —o cinco— mil años, hace que desde
un principio no parezca aceptable dicha suposición.
A pesar de todo me he planteado con frecuencia esta
cuestión, convencido de la importancia de cuantos
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ejemplos han podido demostrarse en este sentido. Un
solo ejemplo creo poder presentar con ciertas posibi-
lidades de verosimilitud y que nos podría hacer pen-
sar en este elevado desarrollo de una cualidad que se
acercaría a una nueva adquisición: me reero a la mú-
sica. Es extraño que el pueblo de los helenos, cultural
en todos los sentidos, poseyese una música tan poco
desarrollada a pesar de poseer ya los instrumentos. A
pesar del correspondiente optimismo con que quisié-
ramos hablar de un arte musical elevado de los tiem-
pos griegos clásicos, apenas podemos suponer que éste
representase siquiera un arte independiente, pues no
podemos considerar así a las escalas rudimentarias de
sus rapsodias o a los sonidos secundarios que acom-
pañaban al drama. Cabría, por tanto, la suposición de
considerar a la música como la expresión de una ad-
quisición basada en la evolución progresiva del cerebro;
naturalmente, queda siempre frente a esta decisión el
no haber tenido la posibilidad de investigar la serie de
lóbulos temporales del tiempo helénico clásico.
En todo caso, las grandes diferencias individuales
que presentan los cerebros de los hombres actuales
y las que presentan los cerebros de los dotados, que
parecen precisas o absolutamente necesarias para la
conservación de la clase y a base de las que podría-
mos condicionar una selección, hablan en contra de
la suposición de que sea denitivo el estado actual de
nuestro cerebro. El hecho general y conocido de la he-
rencia de los dotados por un lado, y de otra parte la
herencia de los mismos tipos de circunvoluciones y
surcos, como Karplus ha demostrado, nos trae la idea,
ya que conocemos la estructura na de la corteza ce-
rebral, como lo expresa los 107 campos corticales de la
Figura 1, de estar en condiciones de investigar anató-
micamente estos talentos, y acentúo anatómicamente
porque sabemos que existen otros factores constitu-
cionales del talento, los hormonales, por ejemplo.
Una investigación conducida en esta dirección,
debería investigar ante todo los cerebros de estos do-
tados, en los que parecen existir ya algunos compo-
nentes, para cuyo desarrollo serían imprescindibles
experiencias y evoluciones de las fases vitales; en ge-
neral, son estos aquellos talentos hereditarios y muy
precozmente manifestados, por ejemplo, el talento
musical o matemático. En estos casos se puede esperar
con grandes posibilidades alguna variación en la es-
tructura anatómica que los separe del término medio.
En este último decenio, además de las investigacio-
nes anatómicas ya señaladas, inspiradas en el genio de
Meynert y en la continuación de su plan, hemos inten-
tado, además, otros trabajos orientados hacia el mis-
mo n. Así, para poder determinar denitivamente la
medida exacta del cerebro y de cada una de sus circun-
voluciones, hemos ideado un sistema encefalométrico
y construido una red de medidas original, en la que
cada malla tiene una longitud de lado de 1,5 cm y que
adaptada perfectamente al cerebro basta la fotografía de
este con y sin red para tener denitivamente jada su
medida. La fotografía sólo nos puede dar una imagen
incompleta de la plástica de la supercie cerebral. La in-
vestigación microscópica del cerebro, necesaria para la
determinación de su estructura, tiene el inconveniente
de ser necesaria la partición del cerebro en partes tan
pequeñas que su forma externa queda denitivamente
perdida, y perturbaría de esta manera la posibilidad de
que ciertas cualidades psíquicas pudieran ser recono-
cidas en la estructura externa de las circunvoluciones.
Hasta aquí han llegado la mayor parte de las investiga-
ciones realizadas en los cerebros de hombres especial-
mente dotados, los llamados cerebros de la «élite».
El sentimiento de piedad tiene por consecuencia
que la mayor parte de cerebros de la «élite» que llegan
al laboratorio, sean conservados en alcohol o en for-
mol, donde encuentran su descanso denitivo y hon-
roso y quedan así inutilizados por el tiempo para una
investigación más na.
La conservación con yeso, que permite la conser-
vación de la forma externa del cerebro, ha habido que
abandonarla, pues el yeso destruye las capas delicadas
de la corteza. El doctor Poller, de Viena, recientemente
fallecido, ha encontrado un procedimiento de conser-
vación que nos permite en pocas horas determinar y
conservar exactamente la forma y medida del cerebro.
El procedimiento es a base de una masa blanda y co-
loidal, el Negokoll, que se extiende con un pincel a la
temperatura del cuerpo sobre la supercie cerebral,
y se va extendiendo en capas superpuestas hasta que
llegue a tomar el espesor de un dedo. La masa se en-
durece rápidamente y toma entonces la consistencia y
la elasticidad del caucho vulcanizado, de tal manera
que con facilidad se puede desprender del cerebro, y
la corteza queda completamente intacta; el negativo o
molde se rellena con una masa cérea (Hominit). Que-
da así denitivamente jada la reproducción plástica y
la medida exacta del cerebro y podemos ya dividir éste
en las partes necesarias para su investigación.
Si se quiere investigar un cerebro de algún dotado
especial, no es suciente siempre, como trabajo preli-
minar, la simple repartición en áreas como las que te-
nemos en la Figura 1. La riqueza de las circunvolucio-
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nes y la gran variabilidad de los cerebros condicionan
los desplazamientos de la supercies corticales que
hay que conocer exactamente. Además, estas regiones
se subdividen a su vez en otras partes más o menos
bien diferenciadas, como sucede, por ejemplo, en la
supercie supratemporal, cuyos campos son las dos
áreas sensoriales puras TC y TD, y las tres áreas que
las rodean TA, TB y TG1,2. Estos campos presentan en
su estructura variaciones locales; sólo en el área TC
hemos podido determinar Horn y yo 11 estructuras
diferentes, que varían además bastante en los distintos
individuos, aunque, naturalmente, siempre dentro de
ciertos límites. El conocimiento exacto de estas dife-
rencias individuales de la anatomía na del cerebro es
necesario para poder juzgar las variantes individuales
que esperamos el los dotados. A base de estos cono-
cimientos han podido mis colaboradores Horn y Es-
cardó determinar las interesantes diferencias descritas
por ellos en los cerebros de sordomudos.
En Berlín y en Moscú existen institutos de investi-
gación dedicados exclusivamente a la investigación de
cerebros dotados (en Moscú un panteón de cerebros
de la «élite»), en los que son empleados los métodos
de Viena. Entre nosotros (en Viena), además del Ins-
tituto de Obersteiner, dedicado exclusivamente a la
investigación del sistema nervioso, poseemos también
un instituto de investigaciones cerebrales unido al la-
boratorio de la clínica psiquiátrica del profesor Pötzl,
cuya dirección me ha sido encomendada (quiero ma-
nifestar desde aquí mi agradecimiento al apoyo pres-
tado por el Ministerio de Instrucción pública y por la
dirección del hospital y muy especialmente al profesor
Pötzl por su interés en estos estudios). Este instituto de
investigaciones, en el que conservamos centenares de
microfotografías de la corteza y todos los moldes (va-
ciados) cerebrales, ha sido inaugurado recientemente.
Para este n no es, naturalmente, la colección de
cerebros patológicos lo más indicado, aunque también
en parte entran en este cuadro, sino ante todo los cere-
bros de hombres especialmente dotados o con extra-
volver al índice
ñas variantes. Quiero extender desde aquí mi ruego,
para que la gente que posea alguna cualidad sobre-
saliente, músico, matemático, pintor o cualquier otro
talento, y también los que posean alguna variante, tar-
tamudez, zurdos, etc., dejen su cerebro a este instituto.
Sé muy bien que este ruego ha de tropezar con muchos
prejuicios, acaso también con la sensibilidad ética de
muchos individuos, pero ningún pueblo, ningún parti-
do ni ningún hombre puede desconocer el importante
papel que estos individuos, por encima del nivel medio,
juegan en la vida de sus pueblos ni el hecho que de su
cantidad depende el progreso de los pueblos. El cono-
cimiento de este hecho se maniesta en las direcciones
de las escuelas para dotados. El reconocimiento precoz
del talento, el conocimiento de su clase y de su heren-
cia, son de la mayor importancia, pero el conocimiento
de sus fundamentos anatómicos tiene la importancia
primordial para la satisfacción de estas exigencias; con
esto creo está ya sucientemente justicado mi ruego.
Si se consigue alguna vez el conocimiento de las
bases anatómicas del cerebro, veré satisfecho el largo
esfuerzo que a este pequeño trabajo vengo dedicando.
De poca importancia práctica, pero de signica-
ción general para la humanidad es la conclusión que
hoy podemos sacar; en realidad, ya se ha dicho su-
cientemente que nuestro cerebro es comprendido ya
hoy como elevadamente desarrollado y tenemos, sin
embargo, la esperanza, en cierto modo calculada, de
que la raza humana con el tiempo ha de desarrollar
aún nuevos órganos cerebrales y adquirirá con ellos
cualidades aún desconocidas, hecho que nos ofrece
innitas posibilidades.
Viena, 8 de abril de 1931.
Referencias bibliográcas
Haacke, J.W. (1893). Gestaltung und Vererbung: Eine Entwickelungsmecha-
nik der Organismen. T. O. Weigel Nachfolger, Lipsia.
Economo, C. von, & Koskinas, G.N. (1925). Die Cytoarchitektonik der Hir-
nrinde des erwachsenen Menschen: Textband und Atlas mit 112 mikropho-
tographischen Tafeln. Julius Springer, Viena.
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 96-97
LECTURAS
Juan Carlos Stagnaro
Lectura de los primeros escritos de Lacan
sobre psicosis
Elena Levy Yeyati
Grama, 2024.
Con su habitual elegancia en la prosa y precisión en
los conceptos –recordemos su tesis doctoral, que
inspiró el libro: El DSM en cuestión. Una crítica de la
categoría de estrés postraumático, Polemos, 2014, entre
otros escritos– Elena Levy Yeyati nos ofrece en esta
entrega sus reexiones acerca de los textos iniciales
de Jacques Lacan sobre la psicosis.
La publicación, el año pasado, de una selección de
esos trabajos del maestro francés (Premiers écrits, Ed.
Du Seuil et Le champ freudien, Éditeur), por iniciativa
de Jacques Alain Miller, oció como disparador para
la obra que suscita este comentario.
El libro se compone de una Introducción y cinco capí-
tulos en los que la autora comenta los trabajos de La-
can ordenando su lectura bajo los títulos: “De locuras
compartidas”; “Estructura de las psicosis paranoicas
en los primeros escritos”; “Para leer ‘Escritos ‘inspi-
rados’”; “Hay método en la locura. Estudio sobre ‘El
problema del estilo y la concepción psiquiátrica de las
formas paranoicas de la experiencia’” y “La singulari-
dad del caso no sin referencia a la estructura”.
En su dilatada obra Lacan se interesó liminalmente en
las llamadas locuras compartidas (simultáneas, impues-
tas o comunicadas), tópico que, como bien señala la
autora, le interesará a lo largo de toda su obra. Es
en esos fenómenos que Levy Yeyati centra su primer
capítulo en el que, entre otras consideraciones, abor-
da las controversias de los especialistas de la época
entre la sugestión, la herencia y el contagio de la lo-
cura y el necesario aislamiento social de los sujetos
implicados en su producción para hacer hincapié en
la primacía del signicante, es decir “¿quién habla en
los delirios de a dos?”, para concluir en “lo que las
locuras compartidas enseñan a la práctica” y lo que,
en opinión de la autora, Lacan extrae con su análisis
como enseñanza para la psiquiatría actual.
Continúa luego analizando namente los temas que
visitan los siguientes capítulos enumerados más arri-
ba, que invitamos a leer con provecho para cosechar
un sinfín de reexiones en la notable síntesis que lo-
gra, para rematar con el quinto y último capítulo en
el que se adentra en las nociones de singularidad de
los casos y de estructura; como la introduce la fe-
nomenología de Minkowski y retoma Lacan en sus
investigaciones psiquiátricas originales, no sin disentir
nalmente con él por no tomar en consideración los
aportes psicoanalíticos.
Levy Yeyati arma que Lacan, en sus trabajos de la
época, sostiene que la psiquiatría debía revisar sus ca-
tegorías “de un modo concreto y no medicalizado”,
dejando planteadas preguntas que tienen, hoy, toda su
actualidad. Abre así el texto que nos ocupa otras con-
sideraciones acerca de lo que implica el diagnóstico
en psiquiatría: “¿Son enfermedades médicas o ideas
orientadoras de la práctica?, ¿son especies naturales o
construidas?, ¿cuál es el estatuto real de las categorías
diagnósticas en psiquiatría?, ¿natural es sinónimo de
real?... ¿Cuándo es una orientación válida y cuándo un
juicio de valor?”, y señala, a propósito de esta última
pregunta, que los Mad Studies surgidos de los grupos
de usuarios o sobrevivientes de la salud mental o los
movimientos de escuchadores de voces o de los neu-
rodivergentes son testimonio de estas luchas contra
la estigmatización de los diagnósticos psiquiátricos
ociales. La autora considera que en la estela de la
epistemología de Jaspers que también retoma Lacan,
los aportes de Ian Hacking echaron una particular luz
sobre este tema.
La densidad conceptual del entramado del libro, nos
exime de mayor extensión en estas líneas en las que
comentamos solo algunos pasajes para ejemplicar
su riqueza e incitar a los lectores a descubrirlo.
Solo cabe agregar que una de las características de la
gestión intelectual de Levy Yeyati es la precisión con
la que articula los conceptos psicoanalíticos con los
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Lecturas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2024). 35(165): 96-97.
psiquiátricos, basta con recorrer la selección de re-
ferencias bibliográcas que utiliza. Esa capacidad solo
se logra cuando asienta, como es el caso de nuestra
autora, en una doble inscripción clínica y epistemoló-
gica en ambas disciplinas, y abreva en una experiencia
concreta frente al paciente leída a partir de un medi-
tado conocimiento teórico.
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